Pensándolo bien, la comparativa con el yuyu brujil se me va a pique. Las Tanxugueiras son esencialmente iconoclastas. Saltan por encima del culto al líder, que es algo muy de sectas y estultos lameculos. Las Maneiro y Tarrío (& asociados) aseguran rendir pleitesía a un único gurú: la tradición musical gallega. Esa es la fuente de los deseos en la que descargan su saco de monedillas. Y si alguna encontró a Dios, como dice Olaia, Dios nunca encontró a ninguna. Por eso se deben a la única deidad innegable: la fuerza desatada de sus voces, heredada del embrujo regional galleguiño que stalkean desde crías.
Por supuesto, al igual que quienes se han rendido a la ineluctable invasión de las máquinas no harían mal en dar merecido crédito a la tradición, las Tanxugueiras también se han subido, a lo largo de su carrera, al carro electrónico. Algo en lo que, con una cerveza en la azotea Warner, listo para el asalto, les comento. “El mayor cambio musical en este disco, más que a nivel electrónico, es que antes seguíamos más la métrica tradicional, muy marcada. En este quisimos romper un poco con eso, quisimos flotar, hacer estrofas más largas, no tan rítmicas… con estructuras más libres”, dice Aida Tarrío. “A nivel vocal también hay un cambio grande”, prosigue. “Antes era todo muy intenso, muy hacia fuera. Ahora aprendimos a cantar desde un lugar más íntimo, más contenido. Es un disco más emocional. Más hacia dentro”. Y bien es cierto que la habilidad vocal de la tríada es un espejo donde mirarse para avergonzarse un rato. Una zanahoria para que la persigan quienes se dedican a hacer vibrar las cuerdas vocales, y mejorar y mejorar...
Las tres tienen la mirada despierta como lechuzas. Las miro, y veo algo vigorosamente embriagador en su saludable actitud. Giran las cabezas con generosidad, atentas a mis reacciones y consecuentes a las intervenciones de sus camaradas. Y, tate, no por ese deje rapiño o cínico presumible en quienes se han visto sometidas a la presión del foco hasta ver derretida la confianza de quien las trata. Es algo más honesto. “Nosotras hacemos música porque nos gusta la música, no todo lo que hay alrededor, que es mucho y a veces bastante complicado”, asume Sabela. “Si tú pagas a alguien es para que llegue a donde tú no llegas, pero también tienes que estar atenta, porque este mundo está lleno de gente que se puede aprovechar. Entonces, ese equilibrio entre confiar y estar presente es algo que hemos aprendido con los años. Para este trabajo ya venimos más preparadas”, concluye la pandereteira.
La catadura moral de las Tanxugueiras ha sido puesta a prueba en innombrables ocasiones. En especial cuando se cita el Benidorm Fest. Para muchos, como este cronista, desde fuera una pringosa orgía cargada de fulanos harto estrangulables. Pero para las Tanxugueiras, la lanzadera gracias a la que España se hizo cargo de sus dones. “Para nosotras, el Benidorm fue un trampolín. Algo de lo que nos sentimos superorgullosas”, recuerda Olaia. “La gente pudo ver y llegar más fácil a la tradición. Pero fue tan frenético que nos pasó por encima”, concluye. Y a pesar del atropello, las Tanxugueiras, tanto tiempo después, no tiran la toalla.
El trío desembarcará el próximo 17 de octubre en el Coliseum, de A Coruña, para saldar cuentas con su propio pasado y demostrar que, bajo el brillo de la industria, lo que realmente late es un incendio que ellas mismas controlan. Antes de dicho concierto en territorio gallego, en mayo actuarán en Vecindario (23), en junio en Bilbao (13), en julio en Jaén (11) y el festival WOMAD de Corsham, Inglaterra (23). Después de la cita en A Coruña, también en octubre, les esperan conciertos en León (23) y Valladolid. En enero de 2027 van a cantar en Madrid (9), Murcia (15) y Valencia (16), mientras que en febrero pasarán por Zaragoza (5), Vitoria-Gasteiz (6) y Barcelona (20).
Lleváis ya diez años en la música. ¿Qué es lo que más ha cambiado en todo este tiempo?
Aida: Yo creo que lo que más ha cambiado es que vas viviendo tantas cosas, y además en el mundo de la música todo va tan rápido, que tienes que aprender a marchas forzadas constantemente. En ese proceso, una de las cosas más importantes que aprendimos fue la madurez, tanto en las letras como en la música, pero sobre todo a nivel personal.
Olaia: También aprendimos algo clave: que hay que gestionarse una misma, incluso cuando tienes un equipo alrededor. Porque si no, no te enteras absolutamente de nada de lo que está pasando. Muchas veces los artistas tendemos a despreocuparnos de todo y a delegar, y está bien delegar, pero una cosa es delegar y otra muy distinta es desentenderte por completo.
¿Cómo ha evolucionado vuestra música hasta llegar a “O cuarto”?
Aida: A nivel musical aprendimos muchísimo. Nosotras somos y seremos pandereteiras hasta que nos muramos, porque venimos de la música tradicional, es lo que sabemos y lo que sentimos como propio. Pero con los años fuimos descubriendo otros estilos, conociendo a otros artistas, escuchando cosas nuevas, y eso inevitablemente hizo que nuestra música cambiara y madurara con nosotras.
Sabela: También hubo un proceso importante con las letras. Nosotras no éramos letristas, no sabíamos escribir canciones propias, y tuvimos que aprender poco a poco.
¿El talento musical se aprende o se hereda?
Olaia: Creo que es una mezcla de las dos cosas. Todo se trabaja, eso es indiscutible, pero también hay algo que no sabes muy bien de dónde viene. Parece que hay algo heredado, una línea cultural o emocional que se transmite. Y luego también hay artistas que, cuando los ves, no es solo lo que hacen técnicamente, es todo lo que generan alrededor. Es casi una experiencia completa, como una danza.
Hablando de baile, en vuestros discos siempre hay una chispa que invita a moverse.
Aida: Es fundamental. La música tradicional no se entiende sin el baile. No está pensada para escucharla con cascos, como hacemos ahora, sino para ser vivida en comunidad. Era música para reunirse, para celebrar, para compartir. Todo está construido alrededor de ese momento colectivo.
Sabela: Nosotras intentamos mantener eso en nuestros conciertos. Que no sea solo escuchar, sino que haya un punto de ritual, de participación, de energía compartida. Esa conexión con la gente es parte esencial de lo que hacemos.
Vayamos al álbum, se nota un regreso al núcleo, a lo esencial. Sin colaboraciones, de hecho.
Olaia: Quisimos volver al germen de la música tradicional. Música del pueblo hecha para el pueblo. Por eso incluimos las voces de las pandereteiras en todo el disco, no como algo puntual, sino como una presencia constante. Es una forma de decir que evolucionamos, sí, pero que nuestra raíz sigue siendo esa. Queremos seguir haciendo música de comunidad.
Aida: También es un disco mucho más íntimo. Veníamos de hablar mucho hacia fuera, de temas sociales, y sentimos la necesidad de mirar hacia dentro, de contar nuestras propias vivencias. Pensamos en colaboraciones, pero aquí dijimos que, finalmente, solo cabíamos nosotras y las pandereteiras. Aunque, puestos a pensar en una colaboración soñada, para mí sería con Rosalía. Me encanta la Rosi.
¿Os costó entender esos roles dentro del grupo?
Olaia: Sí, porque al principio todas estamos buscando nuestro sitio. Hubo incluso comentarios muy desafortunados desde fuera. A una de nosotras le dijeron algo así como: “Todos queremos ser Messi, pero a veces hay que ser Pepe Reina”, refiriéndose a que Aida era la estrella.
Sabela: Eso duele muchísimo porque reduce a las personas a una jerarquía absurda. Y además crea una tensión horrible dentro del grupo. Nosotras no lo vivimos así. Cada una tiene un papel imprescindible. Si falta una, el grupo se desmorona.
A modo de colofón, el 17 de octubre volvéis a actuar en el Coliseum de A Coruña, tras vuestro sonado concierto del l6 de diciembre de 2023. ¿Qué significa para vosotras regresar ahora a ese escenario, con este nuevo disco?
Olaia: El primer Coliseum fue impresionante, pero también muy duro. Era la primera vez que un grupo en gallego llenaba un recinto así y sentíamos que media Galicia estaba mirando. Pero nosotras estábamos muy disociadas. Veníamos de una etapa frenética, con muchísima exposición después del Benidorm Fest, y había tanta presión y tantas expectativas que salimos a cantar la primera canción temblando. Yo recuerdo querer llorar desde el minuto uno.
Aida: Por eso volver ahora tiene otro sentido. Esta vez es una decisión mucho más consciente. Queremos devolverle esa fecha a la gente que la vivió con tanto amor, pero también devolvérnosla a nosotras mismas para poder vivirla de verdad, sin esa sensación de estar fuera del cuerpo.
Sabela: Nosotras no aspiramos a la hiperfama ni a vivir pendientes de que se metan en nuestra vida privada. Lo único que queremos es vivir dignamente de la música. Y si mañana hubiera que empezar otra vez desde cero, lo haríamos: volveríamos a tocar por un chupito, a pasar horas en la furgoneta. Porque todo esto nació de una manera muy orgánica y sigue teniendo exactamente el mismo sentido para nosotras. ∎