“BBBMV a.r.m.a.s.” empieza parecido a “Pinball Wizard” de The Who y luego se va transformando poco a poco en un rollo My Bloody Valentine. ¿Desecháis mucho material si os suena claramente a algo, aunque ese algo os guste?
Rodrigo: Cuando no suena a nosotros. ¿Qué suena a nosotros? Pues no lo sabemos, es una sensación. Creo que el rock’n’roll siempre fue así, es una fuente que se derrama y tú vas. ¿Cuándo suena a nosotros y cuándo es pasarse? ¿Cuándo de repente la canción es solo una influencia o tu propio estilo? A veces es difícil saberlo, pero para nosotros es pura intuición. Es un punto de energía que encontramos en las canciones y que es lo que nos dice: “Vale, esto es nuestra movida”. Si encontramos eso, sirve, se parezca a algo más o no se parezca... Al final la música pop tiene eso…
Para mí es una de las gracias que tiene.
Rodrigo: Sí, sí, sí. Creo que el pop debe tener siempre un tercio de conocido, un tercio de nuevo, un tercio de personal. Tiene que tener ese componente. Los singles, si no tienen ese componente, no son singles, y eso también me gusta. Las canciones lo son por algo, porque cumplen unos requisitos mínimos. Después dentro puede haber un cóctel y puedes tener todo tipo de posibilidades. Pero tiene eso. Es algo que siempre nos gustó del rock’n’roll: tiene la caja, el backbeat, ese tipo de elementos. Pero a veces no, a veces no hay backbeat, y es rock’n’roll. Y eso sí que juega, eso lo puedes hacer si has escuchado la suficiente cantidad de música. Si no, tus fuentes son genéricas. Pero si escuchas una cantidad determinada de música sí que puedes jugar con esos sonidos, con esa influencia... Siempre tiene que haber esa escucha, porque es fundamental, es lo más importante.
“Pat a trenca” recuerda a “Something In The Way” de Nirvana, también a “Disarm” de Smashing Pumpkins con ese arreglo de cuerdas. Es bastante noventera no solo por el sonido, también por la angustia que encierra, cercana a la corriente de rock alternativo que quizá forma parte de vuestra educación sentimental.
Rodrigo: Me acuerdo del día que apareció la cinta de “Nevermind”. Ese momento lo tengo ultrapresente, esa época de cuando los Guns N’ Roses dejaron de ser el mejor grupo del mundo, el más famoso. Es que no era ni adolescente, tendría 13 o 14 años. Y quisimos ubicar esa canción un poco en la época, no era justo ahí, pero era ese rollo de 1989 o 1990... Y lo de “Something In The Way” no fue a propósito, se fue formando. De hecho el componente que le da el parecido a “Something In The Way” es el rollo de las cuerdas, que lo hace el bajo. Se conectó con unos recuerdos de adolescencia, tiene ese punto un poco de rock alternativo, de cuando se grababan los discos y las bandas tenían que tocar, que sonaban guay. Tenían crudeza, pero también un sonido. Eso era un poco lo que buscábamos. Las influencias del grunge nunca estuvieron presentes en nuestra discografía, pero fue música de nuestra adolescencia, discos que escuchamos todos. Con muchos tengo una relación de amor-odio, por ejemplo con Smashing Pumpkins.
Isa: Yo tenía unos colegas que hacían versiones de Nirvana que eran insoportables.
Rafa: Pero esa fue nuestra música de chavales. Cuando empecé, para todo el mundo que tocaba la batería la aspiración era Dave Grohl y esa forma de tocar. Y también era algo a lo que decías: “No, por ahí no”.
Rodrigo: Cuando empezamos, nos oponíamos a esa onda que había en la época en A Coruña, que todo era una imitación post-grunge, pero ahora nos reencontramos con un estilo que al final era de nuestra escuela.
La letra de “Pat a trenca” tiene tono de revancha, de no olvidar lo que pasó, y dispara hacia el sistema educativo que a algunos les tocó sufrir.
Rodrigo: Sí, fue una historia real, Patatrenca era un profesor de estos de película de miedo. Y sí, era ese rollo de la época, que eran muy habituales los malos tratos en el colegio. El episodio del videoclip, lo de saquear su casa, eso ocurrió de verdad. El videoclip se rodó en un colegio que había en la época en Boiro, quedan aún algunos así. La portada es una foto del aula de verdad. Fue una canción que tenía que escribir, me gustó mucho hacerlo. Las generaciones anteriores lo sufrieron a saco y aún tiene estos traumas, pero no solo por el profesor, sino por lo que era en la época Galicia. El máximo recuerdo que tengo, aparte del rollo de las clases, que eran una cosa brutal, es el momento liberador de que le habíamos reventado la casa. Nos liberó un poco de ese trauma. Se había ido de vacaciones, era en verano, y entramos y le saqueamos los niños de allí. Fue un momento muy liberador, fue realmente el paso a la Edad Moderna en una región como Galicia, que tardó mucho en llegar, aunque ya había socialismo y allí estábamos…
Rafa: … bueno, había mucha gente varada allí, cómodamente varada...
¿Los tres sois de la misma zona?
Rodrigo: No, yo soy de Boiro e Isa es de Rianxo, que está enfrente.
Rafa: Yo soy de A Coruña, pero vivo en Lugo. Lo que dice Rodrigo tiene mucho parecido con lo que me contaba mi madre de su profesor en pleno franquismo. Había una continuidad...
Rodrigo: En mi pueblo pusieron el agua corriente en el año noventa y pico... Es que era así, teníamos pozos y me acuerdo que venían los bomberos en verano a llenar el pozo porque al ser zona de altitud casi cero se secaban y llegaba el agua salada.
Sin embargo no os habéis movido de Galicia, os habéis hecho cada vez más fuertes allí y ahora ya tenéis en casa estudio completo, además del local de ensayo.
Rodrigo: Sí, empezó siendo un sitio para cortar leña, donde ensayábamos, y poco a poco hicimos algunas obras y ahora ya el estudio. A ver, somos de allí, y al final todo lo que tenemos un poco diferente viene de ahí. Tampoco inventamos nada, ese es nuestro entorno. Creo que un grupo de música, cuando tiene un entorno así y lo añade está encontrando algo que es un poco diferente a lo que alguien de otro sitio puede dar. Ahora se tiende un poco a la homogeneización por el hecho de que todo es más de ciudad, de ciudad grande, y las ciudades son todas más parecidas entre sí, desgraciadamente. Creo que Madrid hace tres años era más especial. En todas las ciudades está pasando eso, ese entorno es un poco más homogéneo y también la música que haces es posible que lo sea. Estamos bien allí, la verdad es que nos evitó participar en muchas peleas: de grupos, de escenas, mucha prisa… Aquí también acaba todo el mundo aburrido de todo el mundo. Nosotros venimos de vez en cuando y lo vemos con otros ojos, más de excursión.
Tirar por aquel tipo de sonidos y seguir a algunos grupos en aquel contexto espaciotemporal, ¿os hacía los raros del barrio y del pueblo?
Rafa: Desde luego los populares no. Yo creo que sí, creo que todos hablamos anteriormente de eso, de que también nos encontrábamos en conciertos, nos encontrábamos haciendo grupos.
Isa: Nos encontrábamos viendo a grupos, a grupos muy minoritarios, pero grupos gigantes.
Rodrigo: Yo odiaba a Maná y a Shakira, que sonaban todo el puto día, todo el mundo era fan de Maná.
Isa: Y nos jodieron la adolescencia. Entrabas en cualquier sitio y sonaba Shakira y Maná, Maná y Shakira. Y el “Toro enamorado de la Luna”.
Rafa: Había un circular de cintas que no te gustaban nada, y de repente aparecía alguna que era: “¡Oh, Dios mío!”. Me acuerdo de eso, de la primera cinta que me grabó un primo de la Velvet Underground y fue tipo: “Ay, madre mía”.
Rodrigo: Sí, las cintas llegaban y, ¿por qué te gustaba? No lo sabías.
Isa: Te gustaba porque lo demás seguro que no te gustaba. No por descarte, sino porque sabías que ahí había algo y que en los demás no había nada.
Rodrigo: Tener una cinta podrida de The Velvet Underground no te hacía cool en Boiro, no ayudaba, pero te gustaba y de repente te conectaba con algo. Nunca me gustaron demasiado los deportes, encontré la música un poco por casualidad. Una de las primeras cosas fue la película de “The Doors” (Oliver Stone, 1991), que flipé, me encantaba. Fue como el primer grupo así, peligroso, porque hasta entonces, yo qué sé, eran los Roxette, los Guns N’ Roses, eso era lo que se escuchaba. Y de repente los Doors: “¡Uau! ¿Qué es esto, tío?”. Me volvía loco.
Isa: Sufrimos mucho lo de poder salir en un pueblo e ir a un sitio donde pongan música…
Rodrigo: Allí llegaba la ‘Discoplay’ y la Rockdelux. Veías que había algo que no conocías pero que existía, y que había muchas cosas detrás y eso era fundamental en ese tipo de pueblos. Si no, no salías de la orquesta.
Isa: Era el primo guay que te enseñaba, la Rockdelux. Yo recuerdo mucho en Coruña cuando empezábamos no como grupo siquiera, sino que nos conocíamos y estábamos empezando a ver de qué iba el rollo, y siempre estaba la Rockdelux, era donde descubríamos.
Y hoy, por ejemplo, tenéis a Joaquín Pascual, de Surfin’ Bichos y Mercromina, escribiendo los arreglos de cuerda. Un músico de la periferia, como vosotros, que ha participado de forma crucial en la historia del rock independiente en España.
Rodrigo: Lo conocimos ya con el primer disco a través de Carlos Hernández y nos hizo un arreglo para “El fantasma de la Transición”. Nos hicimos muy amigos y conectamos muy bien con él. Es un genio de la música y además tiene algo que no es muy habitual: esa formación musical y todo el background de música alternativa. Surfin’ Bichos fue uno de los grupos fundacionales, si no el más fundacional y el que cambió todo. Es que es un grupo tan importante y tan fundamental para todo lo que viene después… Congeniamos muy bien desde el principio y desde entonces colaboró, lleva un montón de discos. Y en este fue la primera vez que nos planteamos hacer el rollo del piano y de unas cuerdas que nos daban…
Rafa: … un cierto respeto…
Rodrigo: Sí, por no meter de repente unas cuerdas bellísimas ahí. Queríamos que fuese una parte fundamental de la canción.
Hasta ahora teníais miedo al ornamento.
Rodrigo: Sí. Por el hecho de que se usa… por cómo se usa ese ornamento. Porque te lleva a la banda sonora de Netflix, se mete un sonido ahí… Fuimos formándonos un poco, queríamos que se volviesen esenciales los arreglos. No queremos caer en el síndrome de…
… de “qué bonito todo”…
Rodrigo: Exactamente.
Esa política de arreglos aparece con la primera canción del álbum, “SMT en el Palacio Real”. Ahí ya sabes que va a ser distinto. Me gusta también por lo que dice, cómo refleja que ya nos hemos convertido en parte de una especie de superestructura digital a la que supuestamente no podemos o no sabemos o no queremos renunciar.
Rodrigo: Sí, pero a través del rollo de la comodidad. Ellos vieron claramente que con sistemas informáticos, proporcionando comodidad, la gente nos dormimos. Ellos tienen acceso a información que la plebe no tenemos, todos esos datos. Saben cómo nos comportamos a nivel especie. Es una partida en la que tienen todas las cartas. Tampoco creo que debamos culparnos, porque vamos donde nos van enfocando con la metadata. Ellos saben lo que están haciendo. Para mí el problema es que tampoco es gente que quiera la aprobación de los demás, están compitiendo entre ellos y el resto somos números, somos datos, somos prescindibles… Yo me imagino eso: al de Amazon contra el gilipollas de Elon Musk, que seguramente llevan peleados por una novia de hace 20 años, mientras realmente están destruyendo la humanidad. El ansia de dominar el imperio de Roma es más comprensible, porque es un ansia vana. Pero estos parecen psicópatas o líderes de secta chunga. Y la canción parte un poco de esa idea, usa una progresión de acordes en modo frigia dominante que te lleva a los sonidos de exótica, como de los años cuarenta. Y esa escala, que realmente creo que es una invención bastante moderna, tiene esa particularidad: te puede sonar a Lawrence de Arabia o a algo español. Empezamos a hacerlo con la voz y un órgano, y nos daba unas vibraciones un poco “La montaña sagrada” y un poco el rollo secta, que es a lo que nos llevaba también el rollo de la letra... Después fue evolucionando con la segunda parte y pensamos lo del piano. Joaquín puso un piano rollo Manuel de Falla, gótico español. Es una canción que nos llevó bastante tiempo elaborarla, tiene muchas vueltas. Pero también tiene ese rollo un poco minimalista, la verdad que nos gusta mucho hacerlo. Y luego está la segunda parte, el mismo motivo de acordes pero con estructura de thrash metal, poco usada en rock’n’roll. Son estructuras que a mí me flipan, es como hacer un solo de guitarra pero al ralentí.
Isa: Pero llegamos ahí no tanto queriendo ir a un sitio que ya conocíamos, sino haciendo una operación con esa melodía.
Rodrigo: Un poco los Sonic Youth del “Daydream Nation” también… ¿Que diferencia a Sonic Youth de otros grupos de noise? Creo que es justo ese tipo de estructuras, que son de thrash metal. A veces encuentras ahí esas fuentes musicales que de repente te cuadran, y también hay que ir un poco con eso. No es lo que te salga y ya está: en el séptimo disco lo que te sale ya lo hiciste cinco discos antes y tienes que encontrar esas ideas que te vayan llevando.
Otra canción compleja es “Matar a un rey”. También tiene una sección con su cuerda y su drama, pero luego entra en una zona kraut y después llegan los coros con todo el trance. Y tiene muchas citas pop, entre ellas la de Luigi Mangione, que ya es un elemento más de la cultura pop.
Rodrigo: Es de las pocas que hicimos en la sala de estar: fue empezar a unir cosas, estar buscando esa estructura de tres partes, que es un poco modular, un poco rollo Brian Wilson. Ir haciendo las letras, la parte del medio a piano, que es complejísima y tiene varios cambios tonales. Usamos cosas que aprendimos en la escuela, como el contrapunto, que de repente lo aplicas al rollo noise y suma. Fue una canción que surgió así, entre los tres la ideamos y después, hasta que la grabamos y unimos las partes todos por separado, fue como coser.
También hay canciones que están en el otro extremo. Por ejemplo “Media vida”, que es punk a piñón, muy cabreada, en plan “vamos perdiendo claramente, no hay forma de salir de aquí”... Quizá montasteis el grupo o decidisteis seguir con el grupo para salir de esa cola de la que se habla en la canción.
Rafa: La cola en nuestro caso era la del paro, a la que íbamos habitualmente. A trabajos de mierda que nunca llevaban a nada. Dices: “Me gusta hacer música, ¿qué consigo al otro lado? Nada”. Me estoy ganando la vida con esto y me gusta. Ese es un pensamiento que a los tres nos pasó por la cabeza. No dejamos nada atrás.
Isa: Estábamos en edades de empezar a desarrollar, con veintipico, y encontramos algo que nos divertía mucho. Evidentemente ni idea de que tocando te podías ganar la vida, pero sabíamos que mientras tocábamos no teníamos que estar prestando atención a otras cosas que no nos gustaban. Y al final fue ganando más peso hasta que invertimos todo el tiempo de nuestra vida.
¿Os sorprende mucho, menos o nada en absoluto el haber llegado hasta aquí?
Isa: Nos sorprende, pero al mismo tiempo no fue una cosa premeditada ni calculada. Y nadie nos dijo que no pudiéramos estar aquí.
El caso es que disfrutáis de bastante consenso: le moláis a muchos periodistas, a un sector de público cada vez más grande, a otros músicos también… ¿Cómo se lidia con eso?
Rodrigo: Una de nuestras fuentes también era el acceso a la música, leías mucha prensa, no Los 40 Principales. Por los pueblos no giraban los grupos, leías las revistas y ahí conocías grupos. Creo que estábamos en el mismo universo. Y al final lo que nos pone en nuestro lugar es el día a día, porque cada concierto es una aventura: hay conciertos que están bien y otros que son un infierno.
Isa: Es nuestra forma de vida, hicimos del grupo nuestra filosofía, pero tampoco de forma muy estudiada, simplemente eso, día a día. Antes dije que no nos dijeron que no podíamos estar, pero en realidad sí que nos dijeron muchas veces que no podíamos estar, aunque no hicimos ni puto caso. Porque el rollo contracultura para nosotros es en este plan: “Yo estuve aguantando mucha mierda de música mucho tiempo y voy a hacer lo que a mí me dé la gana”. Eso lo tengo clarísimo. Incluso me motiva el hecho de que haya gente a la que le parezca muy ruidoso o que no le guste: pues jódete, porque yo ya me he jodido bastante.
Para los conciertos que habéis programado en los próximos meses decidisteis poner “precio de Fugazi, no de Coldplay”.
Rodrigo: Es que es absurdo. Se va a acabar matando la música. No puede valer un concierto 200 euros o 150 euros. A lo mejor Metallica en los noventa valía 4000 pesetas. Es que si no, no puedo ir a verlo. Si no, ¿para qué vale la música? Para turistas y gente de paso. Creo que se está creando una cultura de gente que va a dos conciertos al año: es un fin de semana y va al concierto, que es como rollo premium. Pero la música no se crea ahí, la música no se crea en los estadios. Es decir, los grupos vienen de la base, vienen de la fuente, vienen del pueblo.
Isa: Ni siquiera creo que para los grupos sea lo mejor pertenecer a eso. Porque el grupo a lo mejor está haciendo mucha caja y tal, pero no es para el grupo precisamente, es para una industria que está alrededor. Y ese grupo tampoco va a tener un futuro, está muy condicionado por muchas cosas.
A mí me parece significativo que decidáis seguir ese camino, y creo que puede animar a otros a hacerlo también.
Isa: Mírate el documental de Take That. O sea, es que eran prostitutos de la industria, literalmente. A ver, es que estamos ahí. Y quien no quiera ver que estando en esa posición al final vas a serlo… Entiendo también que hay una cultura del supermillonario.
Rodrigo: También te decepciona cuando ves a Bruce Springsteen, de los mejores de la historia y de repente los fans de toda la vida no pueden pagar la entrada. ¡Piensa en la gente que te va a ver, tío, haces canciones sobre camioneros, joder, es que no puede ser! Robert Smith pienso que es el ejemplo a seguir. Es que es gente con muchísimos fans, que no tiene problemas económicos… no es un grupo como nosotros, que siempre estamos ahí en términos de números.
Isa: Su imagen no depende de estar lejos del público, esa lejanía que a veces también ves en España, de grupos que tienen una orquestación alrededor como para aparentar más de lo que realmente hay en su música, porque parece que eso es lo que le va a subir el caché.
Rafa: Pero yo creo que también hay un componente de que nosotros realmente venimos de poder escuchar música cuando eras chaval y no tenías dinero. Y ahí es donde te formas en muchos sentidos. Quitemos lo de dedicarse a la música: realmente te formas y desarrollas un gusto.
Isa: Sí, y conoces a gente. Un montón de cosas.
Rodrigo: Si rompes eso, ¿qué es?
Rafa: Nosotros no estaríamos aquí si no fuese gracias a eso.
Rodrigo: Nosotros estamos poniendo la entrada ahora a 20 euros o así. Es cierto que lo de las salas es complicado porque tienes unos gastos, pero ese tipo de precios siempre nos funcionan. Nunca perdimos dinero con eso. Seguramente si lo pusiéramos a 30 euros venderíamos las mismas entradas, pero es que quiero que puedan venir, que haya gente que diga “pues me arriesgo a verlos por 20 euros”. No quiero sacar el dinero a la gente. Además creo que no debe valer más un concierto. Un concierto es hora y media, dos horas, y ya, pero el gasto es más que el concierto. El desplazamiento es caro, si tomas algo es caro. Todo es mucho más caro alrededor de un concierto. No quiero participar en eso y creo que no hay otra forma.
Es una manera también de incentivar o de dar facilidades o posibilidades a gente que igual querría ir a más conciertos.
Rodrigo: Creo que hay mucho ego en los grupos, porque al final este mundillo es así. De repente el grupo de la competencia cobra 40 y tú quieres cobrar 45, porque si cobras menos parece que eres menos. Estamos un poco instalados en eso, igual que el rollo de los sold out, el rollo de los WiZink… Estamos instalados en las cifras, en los números, en las cifras de Spotify, cifras, cifras, cifras... Y eso no está relacionado con la música en sí.
Isa: Al final, si tú puedes ir a un concierto al año en vez de ir todos los fines de semana estás recibiendo solo un mensaje, y de una cosa muy generalista. Porque para llegar a cien mil millones de personas debes tener un mensaje muy generalista. Entonces también se está capando lo que viene siendo el mensaje de la música, el poder que tiene precisamente hacer una canción del pueblo para el pueblo.
Rodrigo: Es que ese es el sentido de la música pop y la música rock. Es que no hay otro.
Isa: Conectar ahí con lo que te pasa a ti, con lo que le pasa a ellos...
Rodrigo: No es tocar en las bodas de los CEOs, de los millonarios… Además los estilos nuevos nacen con eso. Si no, estamos siempre en el rollo de la nostalgia, del refrito.
Isa: Si no, estamos en un estilo de camisa de tiras con collar de oro permanentemente. Algo insoportable.
Decisiones como esta vienen a demostrar que los músicos tenéis algo que decir al respecto y quizá la posibilidad de cambiar cosas.
Rodrigo: La idea de que Eddie Vedder no tiene poder para decidir los precios de un concierto es mentira. Es una mentira gigante. Por supuesto que tiene, por supuesto que en los contratos se fijan los precios. Además hay artistas tan grandes que controlan todo el presupuesto… Si lo puede hacer cualquiera. En fin, es ver lo que quieren ganar, no hay más.
Isa: Pero al final la industria también le da el poder de girar a gente que no molesta tanto.
Rafa: Y es también, no sé cómo decirlo, esa validación de una cultura de “píllalo todo” que en cierto momento era criticable y ahora parece que no.
Isa: Ahora el hortera millonario está en boga, es increíble. Ya lo estaba en los noventa con el yuppie, pero volvió. ∎