El principio de la carrera de 50 Cent, nacido Curtis James Jackson III el 6 de julio de 1975, fue turbulento en todos los sentidos: primero se labró una reputación en la compleja y competitiva escena de la Nueva York de finales de siglo, y en esos días se encontró con Eminem por primera vez. Luego, el guardaespaldas de Mike Tyson le descerrajó nueve tiros en el porche de la vieja casa de su abuela –que sobreviviera sigue siendo una de esas extrañas pruebas de que los raperos están hechos de otra pasta– y después, en pleno ascenso, le banearon de la industria musical por meterse con quien no debía. O más concretamente por hablar demasiado: la letra explícita y pormenorizada de su canción “Ghetto Qur’an (Forgive Me)”, que hablaba sobre la experiencia del menudeo de drogas en los suburbios de Queens, provocó que todo el círculo de Murder Inc. Records, dirigido por Irv Gotti, lo acusara de chivato, y todo escaló hasta enemistarle con Kenneth “Supreme” McGriff, el mayor capo de la droga del barrio en los noventa. Los contratos se le caían mientras convalecía en el hospital, “Power Of The Dollar” –que teóricamente sería su debut en dos mil– cayó en el ostracismo, y el futuro se le empezaba a esfumar entre las manos.
Incapaz de trabajar en sus círculos neoyorquinos habituales, donde solo le quedaban unos pocos amigos –el más importante, Jam Master Jay, de Run DMC, a quien asesinaron en 2002, al parecer por su relación precisamente con 50 Cent–, Jackson se relocalizó en Long Island con el productor Sha Money XL, empezó a hacer mixtapes y a rehacer –y en muchas ocasiones mejorar: aquí con el “Got Me A Model” de RL y Erick Sermon, aquí con “Be Here” de Raphael Saadiq y D’Angelo, y atreviéndose también con Mobb Deep o Jay Z– canciones de otros, y resucitó a G-Unit, su primer grupo con Tony Yayo y Lloyd Banks. Reafirmado como icono under en tiempo récord, el lanzamiento de “Guess Who’s Back?” (2002) lo asentó definitivamente en el circuito independiente y le permitió, nunca mejor dicho, volver con todas las de la ley, empoderado y luciendo ese ya mítico chaleco antibalas.
Aquella recopilación de toda esta etapa enterrada y efervescente para el rapero originario de Queens le llegó entonces a Eminem, y la suerte cambió para siempre. El de Detroit, que estaba en lo más alto después de haber lanzado “The Marshall Mathers LP” (2000), lo invitó a Los Ángeles para presentarle a Dr. Dre, un encuentro que Jackson aún hoy recuerda como “salvaje”: “Llevaba incluso el chaleco, menos mal que sin la placa metálica… Al principio pensaba que estaba en una cámara oculta para el programa ese de la MTV, ‘Punk’d’”, recuerda el rapero en el pódcast ‘Million Dollaz Worth Of Game’. Aquella tarde Em y Dre le ofrecieron un contrato por un millón de dólares y 50 Cent se convirtió en el primer fichaje de Shady Records, subsello de Eminem creado en joint venture con el sello de Dre, Aftermath Entertainment. En meses, la apuesta se confirmaba como gigantesco acierto cuando “Wanksta”, una de las canciones de la última mixtape de Jackson con G-Unit –“No Mercy, No Fear” (2002)–, despuntaba como tercer sencillo de la banda sonora de la película “8 millas” (Curtis Hanson, 2002); era realmente el single de regreso de 50 Cent, y una gran declaración de intenciones.
En los meses siguientes, Jackson, Eminem y Dre junto con Mike Elizondo y Sha Money XL –esencialmente– se encerraron en el estudio para dar con el que sería el primer trabajo propiamente dicho de 50 Cent, “Get Rich Or Die Tryin’” (2003). Y una cosa estaba clara: el sencillo de cabecera iba a ser una de las canciones que surgieran de las sesiones con Dre. Cinco intensos y desafiantes días que, como recuerda el propio Jackson en el libro “Dr. Dre In The Studio” (Jake Brown, 2006), fueron un constante toma y daca creativo, pero también algo mágico que funcionó desde la espontaneidad: de las seis canciones que hicieron, y de las cuatro que finalmente entraron en el disco, la primera fue “In Da Club”. “No pensaba que fueras a ir por ahí –le dijo Dre a Jackson cuando lo escuchó soltar ese “Go, shawty, it’s your birthday” que se ha convertido con el tiempo en barra inmortal sobre lo que en aquel momento solo era un ritmo de batería desnudo–, pero funciona”. A 50 Cent le llevó poco más de una hora esbozar lo que sería la letra final de la canción, una celebración general de la vida desde el frenesí de una disco durante una noche de cumpleaños. Y siempre reconoció la aportación fundamental de Dre y Eminem para elevar el tema a la categoría de éxito atemporal, de clásico moderno: “Ellos me hicieron mejor”.
Con el esqueleto hecho, Dr. Dre sacó lo mejor de sí mismo y consiguió situarse con autoridad en la zona noble de un panorama dominado por productores más jóvenes como Timbaland y Pharrell Williams –solo o como parte de The Neptunes– gracias a un ritmo espacioso y cargado de groove que retenía la pulsión funk del gangsta rap, pero que además conseguía una especie de tensión no resuelta gracias a esas cuerdas de revestimiento sinfónico sampleadas y reminiscentes conceptualmente, en sí mismas, del trabajo de Dre en “The Eminem Show” (2002). Claro que el pulso no era nuevo y podríamos escarbar entre la lista de referencias para encontrarnos no solo con el trabajo mismo de G-Unit, también con temas de Missy Elliott, de Destiny’s Child, de Ja Rule, de Puff Daddy. Pero sí había algo inherentemente fresco en “In Da Club”, y era ese punto casi de anunciación, esa escenificación de un gran regreso que tanto inspiró inmediatamente después a Kanye West o Jay-Z: muy pocas semanas más tarde, Beyoncé se desveló como fiera solitaria fuera de Destiny’s Child ante trompetas anunciadoras con “Crazy In Love”, un tema en el que estaban involucrados los dos raperos. Pero realmente va más allá: ¿Cuando un rapero de Nueva York con pinta de maromo chungo y chaleco antibalas había rapeado con fraseo R&B sobre fiestas de cumpleaños, sobre drogarse de eme y follar en la disco, montado en el beat de un productor de Los Ángeles y con cameos de un rapero blanco de Detroit? “In Da Club” –editado como single el 7 de enero de 2003– fue no solo el primer gran éxito de 50 Cent, manteniéndose nueve semanas consecutivas en el top 1 de Billboard y batiendo el récord vigente entonces de canción más escuchada en la radio en una semana. También fue una de las primeras pruebas fehacientes de un cambio de rumbo en el rap estadounidense y –por suerte o por desgracia– la exigente vara con que se midió para siempre la carrera del rapero de Queens. ∎