Canción del día / Back

Carole King

You’ve Got A Friend1971
Carole King, en 1971. Foto: Michael Ochs Archives (Getty Images)
Carole King, en 1971. Foto: Michael Ochs Archives (Getty Images)

No acumula tantas escuchas como la versión de su viejo camarada James Taylor, pero la original de Carole King sigue luciendo majestuosa y rutilante. “You’ve Got A Friend” constituye, junto con “It’s Too Late”, el mayor éxito del inmenso “Tapestry”, la cima personal de la precoz compositora del Brill Building, álbum publicado el 10 de febrero de 1971 que hoy, por tanto, cumple 55 años. Un diamante en medio de una colección de orfebrería intimista. Un monumento de melodía y emoción que explica, por ejemplo, la devoción que John Lennon y Paul McCartney le profesaron al llegar a Estados Unidos por primera vez, en lugar de apuntar directamente la antena hacia Elvis Presley o Chuck Berry.

Aunque no lo parezca, Carole King no había alcanzado aún la treintena cuando publicó su segundo disco como solista. En 1970 se estrenó con el infravalorado “Writer”, donde también toca la guitarra acústica James Taylor. Ahí ya deja traslucir su maestría al piano. Neoyorquina de origen judío –al igual que tantísimos arquitectos fundamentales en el desarrollo del rock’n’roll, como Doc Pomus o su primer marido y socio creativo, Gerry Goffin–, Carole King encaraba la década de los setenta después de escribir una inabarcable ristra de pegajosas viñetas de tinte pop-soul. Instalada en California, envuelta en los mantras del maestro espiritual Swami Satchidananda (el de Woodstock en 1969) y casada por segunda vez (con Charles Larkey, bajista de la banda de garage The Myddle Class), con “Tapestry” alcanzaba incluso su primera incursión discográfica en España.

“You’ve Got A friend” representa un bello alegato a la amistad, como el que The Beach Boys hicieron tres años antes con “Friends”. Es, como más de una vez ha señalado nuestro compañero Luis Lapuente, una lectura hippy del “(Reach Out) I’ll Be Tere” de los Four Tops. Con una delicadeza interpretativa que reviste el final del cuarteto de cuerda. En las antípodas de las maquetas funcionales a las que ponía voz para convencer a los directivos en los despachos tiempo atrás. Y con un momento de magia: “Esa canción es lo más cercano a la inspiración pura que he experimentado en toda mi vida. Se escribió ella misma. En realidad, diría que fue escrita por alguien ajeno a mí, alguien que estaba fuera y me la regaló como un soplo inmaterial. Ocurre muy rara vez, pero es el mejor ejemplo que conozco, que he sentido, de una canción completamente escrita gracias a la inspiración más que al esfuerzo”, confesó. El resto, como el cierre de su concierto el 26 de mayo de 1973 en Central Park, es leyenda. ∎

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