Death Cab For Cutie parecen haber hecho un pacto fáustico con el primer adelanto de un álbum –“Built You A Tower”– encintado para su llegada el próximo 5 de junio. “Riptides” abre una pasarela hacia el sonido primigenio de la banda liderada por Ben Gibbard, en pleno desborde del indie convertido en consumo de masas, en los lejanos albores del siglo. Recuperan el fuselaje emocional de sus primeros discos como si esa distancia temporal no fuese tal.
La percusión asalta a las primeras de cambio como primera línea de agarre. Simple pero incisiva, cabalgando por momentos hacia el motorik. Se le suma un ulular sintético. En los extremos irrumpen el bajo, las guitarras, teclados y los efectos, ampliando la frecuencia sónica. La voz distinguible de Gibbard sella la autoría de la canción. Y hay que esperar hasta los dos minutos para presenciar un clímax controlado.
A nivel temático, el corte expone la dificultad para abordar los lances personales en un contexto alarmante como el actual. O, en palabras del propio Gibbard: “‘Riptides’ trata sobre el desafío de lidiar con las luchas personales mientras el mundo que nos rodea experimenta tragedia y pérdida a una escala inimaginable. Y cómo, cuando estos dos elementos se entrelazan en nuestra mente, la sensación puede llegar a ser completamente paralizante”.
Pero la sección instrumental, bien conducida por el productor John Congleton, no conduce a la parálisis, todo lo contrario. “Riptides” es una prometedora puerta de entrada a este primer disco –grabado en tres semanas entre Los Ángeles y estudios caseros– que los devuelve, bajo todos los escrutinios, a la arena del indie tras fichar por el sello Anti después de dos décadas en la escudería Atlantic. Y vuelven en buen estado de preservación. ∎