Cuanto más circula una frase, más peso pierde. “We are the music makers, and we are the dreamers of dreams”: lo que en el poema de Arthur O’Shaughnessy era una reivindicación del potencial demiúrgico de los creadores, y que Aphex Twin extrajo de “Willy Wonka & The Chocolate Factory” (en España, “Un mundo de fantasía”; Mel Stuart, 1971) para “We Are The Music Makers” no sin cierta ironía, ha terminado sucumbiendo a una inercia que adolece de simbolismo. Es el destino de todo mantra que se vuelve ubicuo: la intención se evapora por puro desgaste. Es, también, el punto de partida creativo de Néboa, que esta semana presenta “Atracar (maneo)”, un single que parece nacer precisamente para combatir ese vacío.
Sucede con todas las tendencias. Una de las últimas: el neofolclorismo español. Al integrarse de forma masiva en el circuito de festivales y escalar en los carteles, el movimiento ha comenzado a sufrir una suerte de vacío semántico. Lo que en su origen fue un intento de desenterrar nuestra memoria rural para plantarle cara a un mundo globalizado, hoy corre el riesgo de quedarse solo en la superficie. Cuando la raíz se despega de su contexto, la música deja de ser un diálogo vivo con el pasado y pasa a ser una simulación de autenticidad.
Resulta revelador que esa misma cita que Aphex Twin convirtió en un pilar de la electrónica de los noventa sea la que Néboa ha elegido para encabezar su escueta biografía: más allá de la referencia, no se puede saber nada más del proyecto. Entendemos que en el gesto de Néboa hay una reapropiación irónica, pero, bajo ese mantra, parece recordarnos que es posible tener sueños que no sean simples réplicas de consumo. Lo hace, por supuesto, desde el nicho más absoluto.
Desde su formación, Néboa ha operado en esa frontera mística donde el folclore gallego y la indietrónica se dan la mano. Su regreso tras tres años de silencio –su último rastro fue aquella audaz versión de “SOS” de ABBA– se materializa en “Atracar (maneo)”, el primer adelanto de su nuevo trabajo. La canción es una pieza de orfebrería donde la electrónica de vanguardia se funde con el maneo, ese baile tradicional de la Costa da Morte cuya estructura circular invita al trance. Sin embargo, Néboa despoja al maneo de su instrumentación habitual para dejarlo en los huesos. Aquí no hay el despliegue percusivo de las producciones de gran formato del neofolk actual; en su lugar, el grupo apuesta por un minimalismo radical que se siente extrañamente cercano al bedroom pop. La producción parece juguetear con la textura del bardcore, esa tendencia de filtrar hits contemporáneos bajo un barniz medievalizante, pero sin caer jamás en la parodia. Al contrario, utilizan esas texturas de baja fidelidad y esa atmósfera de grabación de dormitorio para crear una extrañeza antigua que resulta más inquietante que cualquier grabación de estudio cristalina.
Aunque apenas hay percusión explícita, la canción es puramente rítmica: un latido sostenido por las armonías de Lilaina y la presencia de Barco Fantasma. El resultado es un single donde el vacío pesa tanto como el sonido; una forma de atracar la inercia del compartimento vacío. ∎