Canción del día

Boards Of Canada

Introit / Prophecy At 1420 MHz2026
Mike Sandison y Marcus Eoin, necesarios.
Mike Sandison y Marcus Eoin, necesarios.

El mundo amenaza con acabarse, resurge el catolicismo como espiritualidad “correcta”, muchas personas parecen haberse obsesionado con que la IA les conceda sus sueños húmedos de productividad… Casi que llevamos tiempo convocando a Boards Of Canada. Trece años después de su último trabajo largo, “Tomorrow’s Harvest” (Warp, 2013), los hermanos Mike Sandison y Marcus Eoin son una entelequia más que un proyecto musical al uso: una fuerza esotérica, una presencia alienígena, una transmisión más allá del espacio y el tiempo que vigila, desde el Hexagon Sun, todos los desvaríos de la Humanidad.

Visto con el tiempo, aquel disco parecía orbitar en torno a temas que ahora son una preocupación social real: el desastre ecológico, el cambio climático, la desconexión individual en un mundo ultratecnológico, la decadencia… “The brothers” ya vislumbraban el fin del mundo en un momento de aceleracionismo y optimismo en el que los estragos de la crisis económica parecían empezar a remitir. La cosecha de todos aquellos brotes, y después la pandemia, nos han conducido a un contexto paranoide, incrédulo y aterrorizado en el que resurgen viejos miedos y violencias que creíamos olvidados, o al menos superados. La realidad estaba pidiendo a gritos un nuevo disco de Boards Of Canada. Y ellos han respondido a la llamada.

La respuesta, como es habitual en el dúo-colectivo escocés, no está siendo evidente o fácil de interpretar, en cualquier caso, y más bien hay que ir reconstruyendo un puzle imposible y atestado de piezas de por sí crípticas para acercarse a revelarla. En abril, varios fans de todo el mundo empezaron a recibir cintas de vídeo sospechosamente impresas con el icónico logo hexagonal de la banda (aquí tienes todo un archivo con ellas). Estaban llenas de nieve, sintetizadores ahogados, voces incomprensibles y flashes de imágenes que los más dedicados empezaron a relacionar (correctamente) con todo tipo de documentales sobre cultos religiosos. Por si hacía falta mayor confirmación de que detrás de esta campaña de guerrilla hecha exclusivamente con medios analógicos –correo postal, cintas VHS, pósteres…– estaba Boards Of Canada, pocos días después llegó la “Tape 05” a todos sus canales, y en nada ya teníamos confirmación oficial: “Inferno”, su quinto álbum de estudio, verá la luz el próximo 29 de mayo, cuando se cumplen cuarenta años de la formación de la banda.

Si la mencionada “Tape 05” apostaba por un despliegue progresivo y ambiental, arrancando desde una especie de distorsión siniestra de “Una noche en el Monte Pelado” (1867) de Músorgski y diluyéndose poco a poco en una nube radioactiva de sintetizadores espaciales, órganos digitales y drones de lluvia ácida para resolverse después en puro éxtasis emocional, el primer adelanto oficial revelado, “Introit / Prophecy At 1420 MHz”, es mucho más explícito e intencional. Formando un díptico que encapsula los dos temas iniciales de “Inferno”, no solo alude a las resonancias extraterrestres o al vídeo nasty. También se refiere al culto y el ocultismo a través de su título –el introito es un canto de entrada presente en la tradición litúrgica cristiana desde aproximadamente el siglo IV, y los 1420 megahercios hacen referencia a Wow!, una señal de radio ultracompleja captada en 1979 que emite en la misma frecuencia que la del hidrógeno neutro, el elemento más común del universo, y asociada a inteligencias alienígenas– o del críptico vídeo de Robert Beatty, que, por cierto, también hace referencia al año 1979 en números romanos. Además, el diseño sonoro traza paralelismos con el synthwave, un electro industrial y la radiotelevisión retro, y se deja seducir por fantasmagorías microtonales. Puede que Boards Of Canada prorrogue aquí cierto ánimo cinematográfico y apocalíptico ya reconocible en “Tomorrow’s Harvest”, pero el arranque de su nuevo trabajo parece más bien como entrar en “Videodrome” (David Cronenberg, 1983), y sus temáticas –la conspiración, lo oculto, las divinidades de la psicodelia y la ciencia ficción– siguen las narrativas oscurantistas y paranoides de “Geogaddi” (Warp, 2002), y sugieren una conexión, también, con esa psicodelia biotecnológica a la que se encomendaban The Future Sound Of London en “Lifeforms” (1994).

“Introit”, una pequeña introducción de apenas 40 segundos, adopta la forma de una apertura televisiva de los años ochenta. La retransmisión comienza después, ya con “Prophecy At 1420 MHz”, como una especie de canto del almuédano, con melodías arábigas sobrevolando un paisaje dark ambient de drones saturados, y sumergiéndonos progresivamente en una atmósfera más dubby según se va revelando una cadencia rítmica. Cuando se produce la detonación, el break, y entra de verdad la percusión, lo hace junto a unas guitarras bañadas en eco y ungidas en reverb que no por no ser una novedad en la trayectoria del grupo –¿no son, acaso, un guiño a sus orígenes shoegazers?– resultan menos refrescantes, y el tono se pone en plan “Expediente X” (Chris Carter, 1993-2002), entre la investigación policial, el laboratorio biotecnológico y el Área 51. Una voz robótica, distorsionada y en frecuencias maléficas –Dios acaso, pero un Dios diabólico y amenazador: “The ultimate resonance”– interviene entonces como una invocación sobre una programación electrónica industrial que recuerda a Nine Inch Nails, y la tormenta va retirándose después como la marea, lentamente, hacia una abstracción kosmiche.

Tratar de descifrar el significado de este díptico es algo que mejor le dejo a cada cual. Parece haber algo sobre singularidad, supraconciencia o sobre tecnologías ancestrales; una sociedad engañada por una forma de vida extraterrestre o dominada por una IA que ha aprendido, a base de alimentación, que la mejor forma de controlarnos es a través del fanatismo religioso. El final, sin embargo, recuerda a algunas escalofriantes fotografías de gente siendo engullida por la radiación, disolviéndose entre luces intensísimas y dejando una impresión energética que perdurará más allá del espacio y del tiempo.

Hace trece años, mientras presentaban “Tomorrow’s Harvest” con otra campaña críptica marca de la casa, Boards Of Canada codificaron en su web un mensaje: “The internet is evil. Wake up”. Trece años más tarde, “Inferno” llega en el momento justo: el mundo les ha dado la razón y ahora todo lo que nos queda es el infierno en la Tierra. Ojalá todavía puedan sugerirnos alguna forma de salvación, aunque sea solo a través de una visión cuántica desde algún futuro en la era de Capricornio. Una frecuencia ininteligible, un eco del inframundo.

Muchas ganas de más. ∎

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