Corría 1994 y Bikini Kill estaban de gira por Estados Unidos con una banda de Portland, Oregon, llamada Team Dresch. Ese tour fue el que nos las descubrió a muchos, aunque pronto se convertirían en punta de lanza del queercore. Combinaban guitarras poderosas, energía y crudeza con momentos de vulnerabilidad, delicadas armonías vocales y una querencia melódica que te llevaba de la pesadez del grunge y la rebeldía de las riot grrrls a rememorar la melancolía y la oscuridad de The Smiths o los Wipers sin ningún complejo ni dificultad aparente.
Entré en ese concierto como absoluta adoradora de Bikini Kill y sin expectativa alguna respecto a las teloneras. Y salí convertida al culto de Team Dresch. Sin hacer feos a Kathleen Hanna y compañía, porque siempre agradeceré haber experimentado en directo en ese momento de su carrera la potencia que exhibió sobre el escenario, el grupo de Donna Dresch me voló la cabeza.
Tiempo después no dudé en comprar y escuchar hasta la saciedad “Personal Best” (1995), el primer disco del grupo. Y “Captain My Captain” (1996), más introspectivo y menos fiero, aunque igual de penetrante. En 1998 se separaron, sin más, dejando vacío un espacio que no vino a llenar nadie, aunque desde 2004 se han ido reuniendo esporádicamente para conciertos y tributos. Por fin, el pasado lunes 22 de junio, treinta años después de la publicación de su segundo álbum, irrumpían con una canción nueva y anunciaban que en septiembre publicarán su tercer largo, “Furthermore”.
“Alguna gente dice que uno solo escribe una canción, y parece cierto. Y la hago por ti, la joven solitaria que era yo, que está en mí y que puede que esté en ti”. Así comienza Donna Dresch “One Song”, este nuevo tema: dirigiendo una carta de amor a su yo juvenil desde su yo actual. Y convirtiendo esa carta también en un homenaje tanto a los jóvenes LGTBI+ que están encontrando su sitio en el mundo como a los veteranos del movimiento.
Volver a escucharlas podría haber sido simplemente un ejercicio de nostalgia, y tampoco habría estado mal. Pero no ha sido así, porque el tema está a la altura de los mejores cortes de su primer LP. “One Song” es un himno adictivo, emotivo, bonito, coreable, con sus habituales juegos de dinámica, una producción compacta y una base rítmica poderosa: ahora son un quinteto, con las dos baterías que pasaron por sus filas durante los noventa. Son tres minutos de puro disfrute, con ese contrapunto punzante que saben manejar tan bien. Y llegan con el anuncio de una gira europea para el próximo mes de septiembre que, por ahora, no incluye fechas en nuestro país. ∎