Canción del día

John Vanderslice

Aquamarine2026
En su oasis.
En su oasis.

Esa extraña belleza. Esas melodías oblicuas. Ese sonido intransferible. Esas grabaciones en las que lo analógico y lo digital se funden en una alquimia irreproducible para cualquier otro mortal. Poco se habla –por lo general– de John Vanderslice, uno de los grandes nombres subterráneos del rock independiente norteamericano. Y no parece que él mismo esté muy incómodo engrosando ese segundo plano: siempre ha preferido estar en la sombra, produciendo o grabando artistas de cierta repercusión –Death Cab For Cutie, Okkervil River, Sleater-Kinney, Spoon, St. Vincent– o publicando una retahíla de álbumes que no pretenden trascender un tacto deliciosamente artesanal. Yo mismo reconozco que le había perdido la pista desde los tiempos de “Emerald City” (2007), “Romanian Names” (2009) o “White Wilderness” (2011), y no fue hasta hace seis años cuando caí en la cuenta de que seguía publicando discos y canciones más que estimables: en marzo de 2020 fue telonero de Nada Surf en una gira en cuyo concierto valenciano Matthew Caws conminaba al público –al acabar su set– a pasarse por el puesto de merchandising siempre que el personal se abstuviera de darle la mano. Nos sonaba a marcianada, pero a las dos semanas estábamos todos confinados en casa. Fue el último bolo, para muchos, hasta después de casi un año y medio.

Desde entonces, este veterano compositor de Florida, afincado en San Francisco y fundador del estudio Tiny Telephone donde los toledanos The Sunday Drivers grabaron un disco del mismo título allá por 2007, ha publicado siete álbumes más, con la feliz idea de agrupar algunos de ellos bajo el alias de Google Earth (¿hay algo menos pretendidamente googleable y manifiestamente loser en un tiempo como este?) en compañía del productor James Riotto: hasta un total de 19 elepés en 26 años. El próximo es “FOCUS”, se publicará el 28 de agosto y en él cuenta también con James Riotto. Y en “Aquamarine” –segundo avance tras “From The Life Of The Marionettes”, desvelado en junio– preserva todas sus cualidades tradicionales: una guitarra acústica, una voz trémula, un piano parco en notas y un estribillo que parece extraído de aquellos años noventa alternativos, todo perfilado bajo el barniz amanuense de este alquimista del sonido y taimado compositor. En tan solo tres minutos y medio. Lejos de los vaivenes de las tendencias y los seísmos de temporada, John Vanderslice sigue a lo suyo. Y eso siempre es una buena noticia. ∎

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