Este año, el Festival Internacional de Benicàssim celebró su 30ª edición, una fecha especialmente significativa para una cita que lleva tres décadas formando parte de nuestra cultura musical. En Rockdelux hemos acompañado buena parte de esa evolución, una historia con la que Heineken® mantiene una relación sostenida a través del FIB y de su apoyo a la música en directo. Sobre los escenarios, la banda sonora cumplió con himnos a cargo de Franz Ferdinand, The Kooks, Kaiser Chiefs, The Prodigy, Biffy Clyro, Jet o Sophie Ellis-Bextor.
Pero ya os lo adelantamos en nuestra particular carta de amor y buenas intenciones a la temporada de festivales: a estas alturas de la película, todos sabemos que el cartel muchas veces es solo la excusa. Tal y como profundizamos entonces, buena parte de la vida festivalera ocurre entre concierto y concierto, en esos oasis donde se baja el ritmo y se acaba haciendo piña.
Si volvemos a repasar la psicología festivalera, encontramos el término “efervescencia colectiva”: esa mezcla de euforia, conexión y pertenencia que aparece cuando una multitud baila al mismo compás. Es una escena que hemos visto mil veces en la explanada de Benicàssim: perder de vista a tu grupo y acabar convertido en el miembro adoptivo de una pandilla, o terminar contando tus dramas vitales a un desconocido en la cola de los food trucks después de compartir batería externa. Esa energía es precisamente la que vertebra la campaña de Heineken® de esta temporada: Donde hay fans, hay más amigos. Y en esta edición del FIB, la marca decidió materializar esa teoría en un espacio físico.
Con la ola de calor apretando y el público buscando un lugar donde bajar pulsaciones, la Heineken® House se convirtió en uno de los espacios más concurridos y en un auténtico laboratorio festivalero. La propuesta aterrizó en Benicàssim funcionando en dos turnos muy marcados: una cosa durante el día y otra muy distinta de noche.
Durante las horas de sol, el espacio proponía algo casi mágico: fabricar el recuerdo. Un festival está compuesto por momentos fugaces y efímeros, pero el recinto funcionaba como un pequeño taller creativo donde convertir una tarde de festival en algo que llevarse a casa a nivel físico. La diseñadora Mery Olivares lideró los talleres en los que cientos de asistentes personalizaron camisetas y gorras con parches y pines inspirados en la cultura musical. La camiseta que sobrevivió al festival se transformaba así en un objeto único y con su propia historia.
A esta intervención creativa se sumó otra puramente sensorial. La marca incorporó una de las innovaciones desarrolladas por la Heineken® Studio: espumas aromatizadas de distintos sabores. Una propuesta que completó la experimentación diurna del espacio y aportó un componente único y sorprendente a la experiencia festivalera, pensada para que nadie quisiera irse.
Pero la Heineken® House era, ante todo, la casa que cambiaba cuando caía el sol. Si por la mañana parecía un taller de customización y relax, al atardecer se transformaba en una cabina paralela. En lugar de limitarse a ser una zona de paso, el espacio ofreció una auténtica programación paralela, convirtiéndose en el segundo cartel del FIB.
La cabina tomó el relevo con perfiles muy cuidados. Dolca inauguró la programación musical los días 16 y 18 de julio, mientras que LOWLINE fue el encargado de abrir la jornada del viernes. Las sesiones continuaron con los eclécticos gustos de Javi Dichas y culminaron cada noche con Bego Martín, responsable de los cierres de las tres jornadas. Cuatro nombres propios que demostraron que el público disponía de otra pista con identidad propia, manteniendo la música y el baile en marcha cuando los escenarios principales empezaban a quedar un poco más lejos.
Al final, el FIB continúa mucho después de abandonar el recinto. Esta nostalgia emocional no se mide solo en el cansancio de las piernas. La psicología lo llama savouring: la clave está en prolongar esa experiencia positiva, recordando la sesión de aquel DJ que descubriste en la cabina pequeña, tocando el parche de la gorra que customizaste o compartiendo vídeos borrosos en el grupo de WhatsApp. Que la amistad nacida allí sobreviva hasta el siguiente festival ya depende de nosotros.
Benicàssim ha bajado el telón de su 30ª edición, pero la Heineken House® ya prepara su siguiente parada. Del 30 de julio al 2 de agosto, la propuesta llegará a Arenal Sound, en Burriana. El paisaje musical cambiará de nuevo: de los himnos pop de Ana Mena y Leire Martínez al pulso urbano de Omar Montes y JC Reyes, pasando por la energía inagotable de Bresh. Miles de almas congregadas cada día junto a la playa, más horas de acampada, más música y la misma certeza inquebrantable de este verano: basta con dejarse caer por la Heineken® House para comprobar que, vayamos donde vayamos, siempre terminaremos siendo más. ∎