Existe una estética de lo extravagante en el cine de Gore Verbinski. Su forma de abordar la acción en algunas películas bascula entre unos efectos visuales que se inclinan hacia lo barroco y un simbolismo marcadamente bizarro. Este sentido excéntrico de la espectacularidad –que pasa por una sofisticación de lo digital– no siempre es bienvenido por el gran público, pero sitúa al director de Tennessee como una brillante rara avis en el cine de entretenimiento. Si en su primer largometraje, “Un ratoncito duro de roer” (1997), se entregó al noble ejercicio de celebrar el slapstick doméstico, en una secuela como “Piratas del Caribe. En el fin del mundo” (2007) dejó grabada una escena en el imaginario colectivo –en sintonía con el espíritu circense de Peter Jackson en la acrobática “King Kong” (2005)– donde una tripulación de bucaneros liderada por Jack Sparrow volcaba su galeón para acceder a una realidad conmutable.
No menos singular es la revisión que Verbinski hizo del wéstern. Si algo comparten la brillante “Rango” (2011) y la errática “El llanero solitario” (2013) –narradas con gran sentido del ritmo– es su forma de abordar el legado de un género sin miedo al exceso ni al trazo delirante. Lo de Verbinski, pues, es lo más parecido a un cine de consumo infrecuente que se mueve entre la actitud temeraria y el disfrute dionisíaco. Quizá por esto ha tardado tanto en volver a la gran pantalla. Diez años separan el estreno de la hipnótica, aunque irregular, “La cura del bienestar” (2016) y la llegada a cartelera de su nueva propuesta con aspiración de blockbuster. Todo apuntaba a que “Buena suerte, pásalo bien, no mueras” (2025; se estrena hoy) iba a ser una nueva ración de puro Verbinski. Y así es. Su capacidad para desatar la fantasía alucinada sigue en plena forma. No obstante, peca de nuevo en su tendencia al exceso y una estructura capitular de flashbacks que lastran el ritmo.
Cuando la historia se entrega a la huida de un grupo de marginados –que sigue las órdenes de un estrafalario viajante espaciotemporal– todo fluye con más o menos soltura. Sam Rockwell destila carisma como líder de una resistencia –integrada por la ascendente Zazie Beetz o Michael Peña– que, en una escena trepidante, se enfrenta a los jóvenes de un instituto hipnotizados por una inteligencia artificial que, tal vez, haría las delicias del Philip Kaufmann de “La invasión de los ultracuerpos” (1978). Lógicamente, esto pone de relieve cuestiones como la adicción que generan las redes sociales y la gelidez emocional de quien está enganchado al móvil, pero hay más. El guion de la película, escrito por Matthew Robinson, inyecta comedia negra a una ciencia ficción más cerca de la sátira política que de otra épica anclada en la moda del multiverso y los bucles temporales.
En otra escena, Verbinski saca a relucir lo grotesco en una inquietante fiesta que reúne a padres y madres que han perdido a su hijo en un tiroteo y que no dudan en replicarlo tantas veces como haga falta. Especialmente memorable es el flashback donde la madre que encarna Juno Temple sufre un ataque de ansiedad y solo se escucha su respiración agitada. Seguidamente, tratará de reparar la pérdida –en sintonía con el capítulo “Ahora mismo vuelvo” (Owen Harris, episodio 1, temporada 2, 2013) de “Black Mirror” (Charlie Brooker, 2011-)– contratando un robot físicamente idéntico a su hijo asesinado en clase. Esta severidad melodramática –que denuncia la relación enfermiza entre el pueblo norteamericano y las armas de fuego– contrasta con momentos donde el director tiende al desvarío. Sin ir más lejos, en el clímax, se concede el capricho de reescribir la memoria de “Akira” (Katsuhiro Otomo, 1988) y, de paso, desatar un gigantesco catzilla que devora personas. Esto suma riqueza expresiva al conjunto, pero también desorden.
En cualquier caso, Verbinski ha demostrado que, más allá de su tendencia al caos, es un director de primera cuando se deja llevar por su instinto. Para más inri, “Buena suerte, pásalo bien, no mueras” es su obra más atenta a los miedos de nuestro presente y esto es importante en una película que habla del futuro. ∎