Si el cine de los ochenta se caracterizó por el hedonismo, la testosterona, el porno y un cierto aire adolescente y juguetón, y el de los sesenta por experimentar con las nuevas formas que surgían de la recién estrenada modernidad, el cine de los setenta, entremedias, fue todo lo opuesto: sobrio, frío, directo, con personajes cuya psicología estaba determinada por su propio físico y por la acción, mucha acción, preferiblemente conduciendo un coche. Una década que dio filmes tan deslumbrantes como “French Connection” (William Friedkin, 1971), “Carretera asfaltada en dos direcciones” (Monte Hellman, 1971), “La conversación” (Francis Ford Coppola, 1974), o “Chacal” (Fred Zinnemann, 1973), película de la que ahora nos ocuparemos, ya que recientemente ha sido convertida en serie para la plataforma SkyShowtime.
El filme de Zinnemann tenía como protagonista a un asesino a sueldo opaco, duro; una máquina perfecta para asesinar, que no hace juicios de valor ni tiene dudas éticas, pero que, al mismo tiempo, es alguien elegante, un maestro en la ejecución de sus misiones. Su psicología, como decíamos, se describía a través de sus operaciones. En el fondo, el de Zinnemann era un cine de manos, de alguien llevando materialmente a cabo una acción, y ahí radicaba su belleza. En la actual versión, la serie “Chacal” (2024-) protagonizada por Eddie Redmayne, nos encontramos con un personaje en apariencia semejante, aunque pronto nos daremos cuenta de que en esta nueva adaptación el protagonista sí tiene sentimientos, e incluso una familia y un hijo. Lleva una vida idílica en Cádiz, una Ítaca a la que regresa cual Ulises, mientras le espera pacientemente su querida Penélope, interpretada por la española Úrsula Corberó, y su pequeño Telémaco. Se produce aquí un choque un tanto artificial de mundos, lenguas y acentos, entre la frialdad británica y un cierto costumbrismo andaluz visto a través de los ojos de una producción inglesa, aunque se agradece que el personaje de Corberó tenga su propia trama y vaya descubriendo a qué se dedica su marido.
La vida del Chacal es perfecta hasta que, tras no recibir el pago por un asesinato, decide cobrar su deuda, lo que le pondrá en el radar de una agente del MI6 inglés (Lashana Lynch). Esta tercera trama es fundamental para la serie creada por Ronan Bennett (Belfast, 1956), ya que la agente, un personaje atípico y con su propia personalidad, tiene muchos puntos en común con el Chacal, especialmente en lo que se refiere a su obsesión por lograr sus objetivos y los conflictos familiares que esto le supone. Es así capaz de saltarse cualquier orden con tal de encontrar al asesino, cuya nueva misión es acabar con la vida de un millonario mesiánico llamado Ulle Dag Charles, quien pretende liberar un software que permite ver los movimientos de bancarios de cualquier cuenta, cosa que algunos grandes empresarios no están dispuestos a permitir.
La lucha entre la agente del MI6 y el asesino ofrece algunos de los más destacados momentos de la serie, que, cuando se centra en los detalles, en la construcción de armas, en las técnicas de fuga o en la planificación de los asesinatos, brilla con luz propia. Estamos, por tanto, ante una producción ejemplar que, salvo por algunos escollos ya mencionados, mantiene la tensión y recupera lo mejor del cine de los años setenta. ∎