Película

El hombre menguante

Jan Kounen

https://assets.primaverasound.com/psweb/sj28acjzbusv2pdrm7go_1768381082588.jpg

Lo más simpático y gratificante de “El hombre menguante” (2025; se estrena hoy) es el atrevimiento mostrado por su director, Jan Kounen, y su protagonista absoluto y productor, Jean Dujardin: rodar un remake de un filme prácticamente perfecto, “El increíble hombre menguante” (Jack Arnold, 1957), o, lo que es lo mismo, realizar una nueva adaptación de la seminal novela de Richard Matheson, publicada en 1956 con el mismo título español de la actual película francesa (el original es ligeramente distinto: “El hombre que se encogía”).

La de Arnold es una obra maestra de la ciencia ficción fantástica y uno de los pilares del cine de serie B fabricado en los estudios de Hollywood en los años cuarenta y cincuenta. La novela es una de las mejores de un autor que destacó con otros libros (“Soy leyenda”, 1954) e infinidad de relatos cortos llevados con mayor o menor acierto al cine o la televisión, como “El diablo sobre ruedas” (Steven Spielberg, 1971), “Más allá de los sueños” (Vincent Ward, 1998) y “The Box” (Richard Kelly, 2009), sin olvidar su cometido como guionista en la teleserie “La dimensión desconocida” (Rod Serling, 1959-1964) y en varias de las películas de Roger Corman consagradas a Edgard Allan Poe. Jack Arnold fue el representante modélico de las ficciones baratas pero imaginativas que propuso la productora Universal en los cincuenta. Y la historia del hombre que se encogía daría pie a muchas variaciones sobre el mismo tema, de “El asombroso hombre creciente” (Bert I. Gordon, 1957) y “La increíble mujer menguante” (Joel Schumacher, 1981) a las comedias fantásticas “Cariño, he encogido a los niños” (Joe Johnston, 1989), “Cariño, he agrandado al niño” (Randal Kleiser, 1992) y “Cariño, nos hemos encogido a nosotros mismos” (Dean Cundey, 1997). La propuesta de Kounen y Dujardin asume los ecos y reverberaciones que va a provocar, se proyecta constantemente en la novela que adapta, por supuesto, y también en el filme de Arnold, del que se convierte en una remodelación bastante clásica y respetuosa.

https://assets.primaverasound.com/psweb/zd6as0krcvqa3ues8nis_1768381095871.jpg

Porque a nivel técnico, lo que hace Kounen es mejorar el tipo de efectos especiales, ya muy imaginativos y logrados, de la versión de 1957, pero su puesta en escena es completamente deudora de la de Arnold en cuanto al trabajo con espacios, objetos, decorados y sonidos a partir del momento en que el protagonista empieza a menguar de tamaño y acaba luchando por su supervivencia en el sótano del que fuera su feliz hogar. Es otra de las sorpresas que procura “El hombre menguante”, ya que las películas más conocidas de Kounen hasta la fecha eran todo lo contrario, puro vértigo –el violento thriller “Doberman” (1997)– o auténtico delirio –el wéstern alucinógeno “Blueberry. La experiencia secreta” (2004), según el cómic de Jean-Michel Charlier y Jean “Moebius” Giraud–. Ambos filmes interpretados por Vincent Cassel.

La novela de Matheson, y el filme de Arnold en su metafísico final, plantea la asunción por parte de su protagonista de que haciéndose cada vez más pequeño no llegará a la inexistencia, sino que encogerá hasta convertirse en una partícula más del universo: su inteligencia, antes que su alma, se fundiría con el infinito. Paul, el protagonista, lo verbaliza así: “Un final que no tiene fin”. Hasta llegar a este punto, Kounen repite más o menos todas las situaciones “esperadas” para quien haya visto la película de 1957 e introduce pocos elementos nuevos: Paul no solo está casado, como en la versión de Arnold, sino que la pareja tiene una hija –lo que introduce situaciones distintas que no acaban de ser explotadas del todo– y viven en una lujosa casa al lado de una playa, aislados de ese ruido urbano que tenía su protagonismo en “El increíble hombre menguante”, donde el protagonista era sometido a las burlas de la gente en determinadas escenas. Aquí nadie, excepto su esposa e hija, lo ve disminuir de tamaño.

https://assets.primaverasound.com/psweb/evh9yjh26yfk8p3897eb_1768381104715.jpg

En cuanto a las similitudes, son constantes y obvias: las mangas de las camisas cada vez más largas, el anillo que se le desprende del dedo, la casa de muñecas donde se instala el menguante, el gato y la araña como amenazas, el sótano, la enorme gota de agua, la trampa para ratones, el queso, la salida al exterior a través de una rejilla por la que puede pasar cuando ya se está convirtiendo en un cuerpo infinitesimal. Kounen modifica otras cosas nada relevantes: que Paul sea armador de barcos, que el sótano de la casa no se inunde pero esté presidido por una gran pecera o que se contamine nadando en el mar en vez de disfrutando de unas vacaciones en barco. En todo caso, no hay aquí explicación científica alguna sobre el origen de su increíble caso, mientras que en la novela y el filme anterior se hablaba de la posible exposición a un aerosol radiactivo después de ingerir insecticida por accidente.

Sin ser exactamente un filme “para conocedores”, Kounen tiene siempre claro el posible recuerdo que el espectador tenga de la película de Arnold. Solo así se entienden escenas como aquella en la que la niña le pide a su padre que mate a una araña en el sótano. El padre no lo hace y el momento se convierte, ciertamente, en todo un presagio para quien conozca la anterior versión, ya que la araña será el principal enemigo de Paul en sus solitarias vivencias en el sótano, abandonado porque su esposa cree que ha sido devorado por el gato, desposeído gradualmente del cuerpo y consciente de que ahora es una cada vez más minúscula partícula enfrentada a las reglas inexorables de la naturaleza. La secuencia del ataque del gato contiene varios planos idénticos a los rodados por Arnold hace siete décadas. Kounen sabía a lo que se enfrentaba realizando “El hombre menguante”. Y sin conseguir una gran película, ha salido bastante airoso del envite, al igual que lo ha conseguido un lacónico Dujardin, a quien solo le sobra algo de voz en off demasiado explicativa. ∎

Dimensión desconocida.
Etiquetas
Compartir

Lo último

Contenidos relacionados