Serie

El infiltrado

Georgi Banks-Davies(T2, Prime Video)
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Han pasado diez años desde la primera temporada de “El infiltrado” (2016-), la historia de Jonathan Pine (Tom Hiddleston), un gerente nocturno en El Cairo que se infiltra en el círculo del traficante de armas Richard Roper (Hugh Laurie) bajo las órdenes de Angela Burr (Olivia Colman). Aquella serie escrita por David Farr recuperó para la ficción televisiva serial la atmósfera y las formas sofisticadas, los juegos de miradas y estratégicos del cine de espías.

En un artículo que escribió sobre la adaptación de su novela en 2016, John le Carré señalaba que la serie le había revelado aspectos de su propia obra y se preguntaba si la directora Susanne Bier se daba cuenta de que, al final, Richard Roper salía ganando: “Quizá sea porque el Roper de Laurie nos ha entretenido durante tanto tiempo con su frialdad, su ingenio y su pura maldad que no queremos dejarlo ir. O quizá sea porque hemos llegado a preguntarnos si Pine no está disfrutando un poco demasiado de su papel de ángel vengador. ¿Acaso los pecados de Pine, sumados, no están, a su manera, a la par con los de Roper? En algunos momentos casi parece como si Roper disfrutara realmente siendo cómplice de su propia destrucción, solo por el placer de emparejarse con alguien tan inteligente y despiadado como él mismo, casi como si estuviera un poco enamorado de su propio verdugo”.

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Las observaciones de le Carré resultan proféticas y sirven como hilo conductor para la historia emocional de la segunda temporada, que recupera a Pine trastornado por su atracción obsesiva y especular hacia su reverso o zona de sombra, con Georgi Banks-Davies en la dirección. La trama se retoma cuatro años después, con Pine bajo una nueva identidad, Alex Goodwin, encargado de los Night Owls, un grupo de agentes de inteligencia cuya misión es vigilar movimientos sospechosos en hoteles a través de cámaras de seguridad. Desde el principio, se percibe un presagio que lo conmociona y lo moviliza, y pronto Pine/Goodwin debe adoptar otra identidad más, viajar a Colombia e infiltrarse en el grupo de Teddy Dos Santos (el mexicano Diego Calva), un traficante que parece conectado con Roper. La historia se desarrolla entonces entre Medellín y Cartagena, con Roxana Bolaños (Camila Morrone) como personaje femenino que triangula la relación entre los hombres.

En un efecto característico de historias forzadas a tener una segunda parte no prevista en la obra original, parte de la narrativa se dedica a construir una continuidad cuyo andamiaje resulta explícito. Sin embargo, a partir del tercer capítulo, la trama empieza a fluir por sí misma, sin verse obligada a crear nexos con la historia anterior ni a desgastarse en explicaciones sobre el pasado. Aunque los actores, quizá mal o poco dirigidos, enfatizan en exceso sus rasgos psicológicos –Hiddleston, quebradizo e inestable de forma constante para su rol de estratega, y Laurie, recreándose en sus tics– y consiguen generar ese vínculo emocional de atracción ambigua, persistente y turbadora, propia de los amores fatales, que hace avanzar la intriga por debajo de los hechos.

Por lo demás, la serie no es nada imaginativa respecto al cliché latino y recurre al mix actoral de nacionalidades diversas. Teddy resulta torpe y esquemático porque se inscribe en el molde estereotipado de narco colombiano, pero, aun así, el actor Diego Calva abre algunas vetas a partir de la sumisión emocional y la herida que experimenta su personaje. La presencia más misteriosa y matizada es la de Roxana, desaprovechada en el conjunto y el avance de la intriga, pero no en la mayoría de escenas y diálogos que protagoniza: allí aflora un tejido emocional de distancias esquivas y aproximaciones seductoras, que difumina el límite entre el bien y el mal, el ángel y la venganza. Esa zona en claroscuro o sombría que le Carré supo narrar a lo largo de su obra se manifiesta aquí en el roce leve, lo magnético y lo intangible. Una vibración que pone en movimiento incierto y hacia el riesgo autodestructivo a los personajes; en lugar de replegarse o refugiarse en la pasividad e invisibilidad, sienten el impulso de exponerse y avanzar hacia un lugar desconocido de sí mismos, transformarse y cambiar de piel. La serie tendrá una tercera temporada. ∎

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