Lo de catalogar a las generaciones por el orden alfabético o el cataclismo de su década de nacimiento suena cada vez más obsoleto. Deberíamos empezar a distinguir el avance de una nueva generación cuando son capaces de crear su propia vía disociativa. Este es el caso de los shifters, burladores de la dimensión fantástica y temporal, una nueva genealogía que, por caminos ambiguos entre la teletransportación y la meditación, habitan sus propios arcos de realidad junto a su mitología pop de referencia; independientemente de que esta sea humana o, sí, fruto de la imaginación humana. Distintos materiales, un componente base parecido.
Este es un ensayo sobre reality shifting o salto de realidad del investigador-poeta Gabriel Ventura (Granollers, 1988) sobre una generación de jóvenes que, una vez más, decidieron que era más seguro vivir en sus sueños. Amparados por el vasto lore académico de TikTok, hicieron suyas las teorías de la física cuántica y ahora son capaces de enviar su conciencia a universos alternativos para vivir entre Hermione Granger, Shinji Ikari y Lana Del Rey. El límite está en su imaginación (solo espero que sean muy kinkis y nunca se topen con las barreras del buen gusto).
En “El mejor de los mundos imposibles. Un viaje al multiverso del reality shifting” –en castellano y catalán dentro de la colección Nuevos Cuadernos Anagrama–, Ventura tira de cintas, como la virtualidad del presente de Žižek o la vida espectral de Sadin, para hablar del contexto de este nuevo fenómeno de evasión y sus técnicas popularizadas durante el confinamiento por la sociedad digital –así, en singular, como si fuera un tumulto–. Lleva la investigación, con un gusto esotéricamente delicioso, por el realismo agencial de Karen Bard, la TechGnosis de Erik Davis, el Teatro de la Memoria de Giulio Camillo o la historia de la tulpamancia detectada por David-Néel. El campo de la narración es tan prolífico que se cultiva en zonas insospechadas, dando frutos inhóspitos igual de interesantes que el actual reality shifting. Siempre dependerá de la maña por el detalle, el campo místico a disposición y la cosecha teórica que seamos capaces de recolectar para abastecer nuestras fabulaciones.
Es muy habitual para los nativos digitales desenvolverse con familiaridad por realidades paralelas, descartando acrónimos antiguos como IRL –in real life o como en la vida misma– para referirse a la realidad cotidiana y a la realidad deseada con las siglas RC y RD –usurpado a República Dominicana– o abogar por el permashifting, no regresar del país de nunca jamás. No son conceptos tan descabellados, si hacemos otros paralelismos tanto históricos como ficcionales. Al final, como decía Monsieur Teste, el señor cabeza y quimérico personaje de Paul Valéry, el universo es cuestión de escritura. La literatura, como la naturaleza, puede estar en todas las formas y en todas partes al mismo tiempo. Las ganas de escribir un mundo se contagian como la mejor plaga, no seamos exclusivistas. Estamos ante un fenómeno que propone sumergirnos en el fondo marino de las nuevas psiques. ∎