“En la historia los fantasmas tienen cuerpo. Resulta llamativo y bastaría con eso para intentar analizarlo”. A ese menester se lleva dedicando desde hace muchos años, no exclusivamente, pero sí bastante, diría que casi, este periodista y escritor ovetense nacido en 1947. Descubrí su existencia a principios de los noventa, cuando me topé por obligación académica con
“El precio de la transición” (Planeta, 1991), el quinto de la docena de libros que, contando el último, lleva publicados. Una de esas lecturas que te abren los ojos para que aprendas a distinguir a tanto fantasma que te rodea y va sin sábana.
“La historia, más que una dialéctica, es una putada”. Fantasmas y putadas, el dúo dinámico que ha marcado la puesta en escena de
“El cura y los mandarines” (Akal, 2014), el flamante vademécum de
Gregorio Morán sobre el devenir intelectual español en la segunda mitad del siglo XX. Debía publicarlo la editorial Planeta, pero, estando a punto de imprimirse, le dijeron a su autor que tenía que pasar por la tijera censora. Sobraban once páginas, esas donde Gregorio le aplica la depilación láser al vello biográfico de Víctor García de la Concha (actual director del Instituto Cervantes) hasta rasurar el último pelo de su farfolla, así como también a otros prohombres de la Real Academia Española (al frente de la cual estuvo De la Concha entre 1998 y 2010). El meollo de la cuestión: se encontraba a punto de salir el nuevo Diccionario de la RAE, editado por Planeta a través de Espasa, alianza empresarial que cerró De la Concha cuando dirigía la academia lingüística. La tirada, unos cuatrocientos cincuenta mil ejemplares. Blanco y en botella. Morán se negó a quitar ni una coma del texto y se produjo la rescisión de su contrato con Planeta. Finalmente, llegó a un acuerdo con la editorial Akal y en diciembre, con cesárea, nació la criatura.