Libro

Hans Laguna

Yo siendo yo. El teatro de la autenticidad en las estrellas del popAnagrama, 2026

El concepto de la autenticidad siempre ha rondado la mente de las personas que han transitado espacios ligados a la música y, en concreto, a eso que llaman “la escena”. ¿Quién que haya frecuentado estos entornos no ha oído (probablemente en su adolescencia) el término poser? Así es como se llamaba a quien se creía “poco auténtico”. Pero ¿qué es ser auténtico? ¿Importa? Aparentemente a las grandes estrellas del pop actuales les inquieta bastante, más que antaño, ya que están preocupadas por parecer lo más reales posibles. ¿Se puede ser real estando expuesto a millones de personas?

En “Yo siendo yo. El teatro de la autenticidad en las estrellas del pop”, el filósofo, sociólogo y también músico Hans Laguna (San Sebastián, 1979; radicado en Barcelona) analiza bastante acertadamente esta nueva preocupación de las celebrities, valiéndose de múltiples ejemplos con nombre y apellidos. Desde la introducción, ya critica la dicotomía pop vs. rock. Entre estos dos presuntos polos opuestos siempre ha habido una mirada condescendiente por parte de los rockistas –cargada además de cierto machismo, dado que históricamente el rock se ha atribuido a los hombres, y el pop a las mujeres y al colectivo LGBT+–, que han solido dárselas de los más auténticos. A menudo, han arremetido tanto músicos como oyentes contra los cantantes y aficionados del pop, como si ellos no fueran también eso que llaman paternalistamente marionetas del sistema. Como si a los muy respetados Beatles no les hubieran dicho cómo vestirse, Led Zeppelin no hubieran vendido millones de álbumes o los Sex Pistols no hubieran contando con Malcolm McLaren y Vivienne Westwood para crear su gran imagen de marca. Y es que es de lo que va todo esto: de marca. La industria musical mueve millones y, en una época en la que casi nadie compra discos, las discográficas buscan convertir a sus artistas en productos cada vez más rentables.

Al principio (que apenas es a mediados del siglo pasado), los cantantes interpretaban canciones escritas por otros y quedaban relegados al papel de intérpretes, recibiendo poco reconocimiento frente a los autores, que además se llevaban la mayor parte económica. Hoy el sistema se ha invertido: aunque en los créditos de las canciones más populares aparezcan decenas de compositores (para la mayoría desconocidos), parece casi obligatorio que el cantante se presente como cantautor para ser tomado en serio como artista y no como mero entertainer. ¿Esto los hace más auténticos? Parece que sí… o al menos eso quieren transmitir.

Algo también muy en boga son los documentales sobre celebridades, que no son sino grandes publirreportajes que refuerzan la idea romántica del artista. En ellos los vemos supuestamente en su hábitat natural, mostrándose vulnerables, humanizándolos y haciendo que empaticemos con ellos. Las redes sociales también han acortado las distancias, haciéndonos creer en los últimos años que conocemos la realidad de sus vidas. Pero si incluso nosotros mismos seleccionamos lo que mostramos –subimos historias en Instagram pensando en quién las verá o publicamos cosas para parecer más interesantes–, ¿qué nos hace creer que las celebridades no? Si nuestras vidas de plebeyos pueden contener un cierto grado de performance, ¡imagínate cuando tienes millones de espectadores pendientes! Todo es susceptible de ser monetizado hoy en día, o de contribuir a su imagen de marca en su caso. Incluidas sus miserias. Por no hablar de cómo se cuelan en nuestras vidas como vallas publicitarias humanas para otras empresas, relación de la que ambas marcas se benefician. ¿Hasta qué punto puede alguien mostrarse como realmente es cuando hay tantos intermediarios e intereses económicos de por medio?

Mientras leía el libro pensé en una cuestión que vino a mi mente unos días antes. Tomando el término based, popularizado por el rapero Lil B y que en internet se utiliza para designar a alguien que está siendo auténtico, sin miedo a decir lo que piensa, me planteo: si intentas estar based, ¿realmente estás based?

Al final del libro –¡espóiler!–, el autor llega a la conclusión de que solo le compra la autenticidad a Fiona Apple, que ha dado múltiples ejemplos de real autenticidad, aun habiendo jugado en las primeras ligas del mainstream y antes de que “estuviera de moda” usar los trastornos personales para vender. Como ejemplo más cercano tenemos a rebe, que rechazó la propuesta de colaboración con C. Tangana cuando “el madrileño” estaba en su punto más álgido y ella era más desconocida, simplemente porque no le interesaba, no tenía sentido para ella y su proyecto. Él podía beneficiarse del aura underground (autenticidad) de ella, y ella podría haber dado el salto al mainstream (con toda la fama y dinero que eso conlleva). Pero ella está demasiado based.

Quizá a día de hoy lo más interesante (aunque no siempre lo más rentable) es estar basada, y como vemos en el libro de Laguna y citando a Yung Beef: “‘Tá difícil ser real, pero debería se’ mu’ fácil en realidad”. ∎

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