La amistad se basa en tres pilares fundamentales: compartir el mismo sentido del humor, ayudar cuando la cosa se pone fea y no darle la espalda al otro cuando mete la pata hasta el fondo. Porque para tratar de pasarlo bien hasta los más estúpidos sirven. Algo que Lucas Fox, fundador de Mötorhead junto a Lemmy Kilmister (1945-2015) y primer batería de la icónica banda inglesa de rock’n’roll, sabe muy bien. Así queda reflejado en sus memorias “Mötorhead In & Out. Historias de una vida exuberante” (“Motörhead In And Out. Entre autres histoires d’une vie exubérante”, 2025; Libros Cúpula, 2026; traducción de Sion Serra Lopes): una compilación de recuerdos en la que estira como un chicle su primer y único año en el grupo. Fueron casi doce meses de socializar a lo loco, música, excesos y lecciones vitales.
Este es uno de esos libros que parecen querer dejar claro que esta es su historia y que también tiene derecho a contarla. A lo largo de 95 pequeños capítulos, este músico de Londres con 73 años recién cumplidos el pasado 5 de febrero cuenta con pelos y señales cómo a los 22 comenzó su incursión en la industria de la música de la época con aquella fascinante ciudad como telón de fondo tras el no menos fabuloso periodo Swinging London. La ciudad bullía, la moda y la música se retroalimentaban constantemente y, por ello, hasta a la icónica tienda Biba se le dedica unos párrafos en el libro.
Su abrupta salida de Mötorhead en noviembre de 1975 se produjo tras una juerga de dos días con Lemmy a base de alcohol y speed. El bajón del día siguiente y los malentendidos que provocan –para sorpresa de nadie– los recuerdos derivados del colocón sirvieron en bandeja de plata la expulsión del batería. Fox decidió rehacerse vitalmente y tocar en otras bandas como Warsaw Pakt, abrazar la producción musical y hasta formar parte de la organización del festival de industria musical MIDEM con sede en Cannes. También hizo otro pacto: convertirse en padre de Eliott y Oona, a quienes dedica el libro.
Resulta entrañable que esta historia empiece y acabe narrando su rencuentro con Lemmy en la sala parisina de Le Zénith en 2014. Parece una broma que dos viejos rockeros ingleses, testosterónicos y testarudos puedan ser un poco como Ingrid Bergman y Humphrey Bogart en “Casablanca” (Michael Curtiz, 1942), porque a ellos, después de tantos años, también les quedó París.
Se nota que este “Mötorhead In & Out. Historias de una vida exuberante” ha sido escrito con el esmero de un tipo que es consciente de que vivió una realidad tangible con la duración de un sueño. Fox era un buen chico, de orígenes humildes, que jugaba a ser estrella del rock, que aspiraba a tener una oportunidad de verdad y poder valerse por sí mismo. No conozco a nadie que en su juventud no se haya hecho el valiente, no se haya pasado de listo o no se haya arriesgado por su mejor amigo. La vida casi siempre es esto, pero en distinto orden y con distinta importancia. Las maneras se van sofisticando porque la experiencia crece. Quien no haya preferido olvidar y darse un abrazo para empezar de cero es que no tiene corazón. O peor aún: cree que tiene una lección que dar.
El libro es divertido y seguramente a los ejecutivos de cualquier productora audiovisual les encantará, porque pasan cosas todo el rato. A quienes les guste leer por el placer de adentrarse en una historia, encontrarán que es como la casa del árbol de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, el sofá de Beavis y Butt-Head o el coche de Starsky y Hutch. Con sus luces y sus sombras, este ajuste de cuentas es como el que sufre cualquier relación tóxica entre dos personas que se quisieron mucho, muy rápido y muy malamente. Pero, en el fondo, esta es una historia real sobre las relaciones humanas. ∎