Libro

Manuel Vázquez Montalbán

Los papeles de AdmunsenNavona, 2023

La pregunta ante una novela inédita de Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003) es: ¿qué aporta a su corpus literario? ¿Es un acontecimiento editorial o un simple truco de mercadotecnia? Si tan buena era, ¿por qué era inédita hasta ahora? Un autor sobrexplotado como Vázquez Montalbán, con más de setenta libros publicados en vida entre novelas, ensayos, cuentos, artículos, recetarios, etc., ¿necesita una nueva obra? ¿Necesita la excitación de la novedad para redescubrirlo? En principio, no debería, pero en la triste realidad del mundo del libro de hoy día, con su obsesión por las novedades, la respuesta es sí.

Mirémoslo desde otro punto de vista. Un joven lector que todavía no conoce a Vázquez Montalbán, ¿qué ha de leer primero?, ¿uno de sus clásicos ya reverenciados y que han pasado el test del tiempo o la novedad que sale ahora? El sentido común nos diría que los clásicos. Y el sentido común falla muy pocas veces. Pero el capitalismo, y la industria editorial, no funcionan por el sentido común. Nunca lo han hecho.

¿Puede una novela de Montalbán convertirse en un producto de consumo Bird, como los que denuncia el joven Admunsen en la novela? Lo cierto es que los fans de Vázquez Montalbán, esos que ya lo han leído todo de su maestro y guía espiritual, estarán de enhorabuena. Porque estos “Los papeles de Admunsen” sí que funcionan como estudio preparatorio de sus grandes novelas. Al menos contiene sus características principales, como su narrador distanciado, irónico y nada sentimental, su gusto por la descripción exhaustiva y detallista de la cotidianidad, esas escenas donde describe paso a paso la cocción de diferentes platos culinarios, y su excelente capacidad narrativa que consigue no aburrirte con dichas nimiedades. ¿Cuál es el problema? Que no supera nunca esa sensación de estudio preparatorio. ¿Para qué quedarte con los bocetos del “Guernica” cuando puedes quedarte con el “Guernica”? Ni idea.

El argumento nos presenta a Admunsen, un joven de unos 28 años que acaba de salir de prisión encerrado injustamente por su compromiso social, y que una vez fuera intenta adaptarse mejor a los tiempos, reconciliándose con el confort y el bienestar asociado a la sociedad de consumo, ayudando a vender los tan preciados productos Bird que están por todas partes. Sin embargo, poco a poco verá como fingir es muy difícil en un mundo lleno de fingidores. Admunsen, escritor frustrado, trabaja como colaborador de una agencia de publicidad que vende esos productos Bird, y vive con su misteriosa novia, pero pronto estará rodeado de demasiados estímulos y tentaciones para conservar cualquier idealismo. ¿Cuánto podrá olvidarse de su antiguo compromiso político y moral y vivir todavía sin vergüenza?

Admunsen es un claro trasunto del propio Montalbán joven, pero hay ciertas distorsiones en la narración que la vuelven demasiado fría y de ejercicio literario más que de obra hecha y derecha. La primera y principal es su ambientación ambigua. Se supone que es un mecanismo de defensa para superar la tijera de la censura de la época, pero el hecho de internacionalizar los nombres de los personajes convirtiéndolos en escandinavos y la inconcreción de su localización deja algo en el limbo la narración. Hace que parezca que el relato no sea una novela realista, sino una extraña fábula de personajes desubicados. Todo lo que se supone de veraz, auténtico y lleno de intención del gran Montalbán queda diluido y desenfocado por este motivo.

Otro de los problemas de la narración es la sensación de que ha envejecido mal. La descripción del ambiente de los burgueses liberales de los sesenta es algo rancio. Los personajes parecen auténticos extraterrestres en la sociedad actual por la manera en que hablan y se comportan y piensan. Quizá es que nunca fueron así o quizá sí, quizá Montalbán reflejaba a la perfección sus preocupaciones y deseos, pero cincuenta años después simplemente queda anticuado, demodé, y algo extraño. Los tiempos cambian y algunos textos no y quedan precisamente encerrados en esos tiempos pasados.

Aun así, sigue siendo un texto arquetípico montalbaniano y eso continúa otorgándole valor. ¿Cuánto? “Noviembre” (1842) es la primera novela de Flaubert, cuando todavía no era el gran Flaubert. ¿Vale la pena leerla? Si tenemos en cuenta que el corpus narrativo del maestro francés es de solo siete novelas y tres o cuatro cuentos largos, la respuesta es rotundamente sí. ¿Cuál sería la respuesta para un autor clásico de setenta libros? Bird, señores, compren y lean siempre Bird. La verdad es que es, cuando menos, irónico. ∎

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