En “Desencajada” (2020), la escritora y periodista de origen ucraniano Margaryta Yakovenko (Tokmak, 1992) contaba en primera persona la biografía de una chica muy parecida a la suya. La vida en el exilio, el pulso entre tus raíces y tu nueva cultura. La lucha por no desaparecer, por ser alguien aquí y allí. En la vida real, Yakovenko se instaló en Murcia con sus padres cuando tenía 7 años. Se nacionalizó española, estudió periodismo y se volcó en su profesión. En aquella primera novela de autoficción, Yakovenko ya nos impresionaba por su fuerza, su verbo y su manera de narrar.
En “Ocupación”, la carga emocional es aún más fuerte. Abandona la autoficción para introducirse en una biografía personal, de confesiones y testimonios. En estas páginas habla de su familia, especialmente de sus abuelos y bisabuelos, de sus antepasados y orígenes. Su abuelo paterno falleció en plena guerra de Ucrania postrado en la cama de su casa sin poder recibir tratamiento hospitalario a sus afecciones crónicas, pero bajo la atención y cuidados de la abuela materna. La escena y todo lo que conlleva es desoladora, arrastra un sentir y las ganas por contar unas vidas –la de su abuelo, la de sus familiares– antes de caer en el olvido.
Entre el dolor de la guerra y de la pérdida, navegan por estas páginas otras intenciones. Algo que va más allá, que pasa por contar la historia de un país y de una región a través de la historia de su familia. De esta manera, aprendemos de los destellos familiares, de los signos, los detalles y las singularidades de una cultura. Este ejercicio estimulante y rico se impone ante el olvido de aquellos personajes que trascienden el anonimato y que son relevantes para la autora misma, pero también para los lectores, porque constituyen otra manera palpable –con su gancho histórico– de entender algo de la geopolítica actual.
Yakovenko no solo exorciza demonios, también profiere soflamas contra el invasor todopoderoso y también realiza un ejercicio de memoria, imprescindible para comprender la evolución histórica de dos naciones e indagar las raíces del conflicto contemporáneo entre Ucrania y Rusia. Además, consigue que toda esta narración resulte emocionante, reveladora e impactante. Su estilo también incluye cierta justicia y una licencia poética más que justificada al hablar de sus familiares, personajes que dejan su marca, que nos cuentan y revelan hechos de la historia contemporánea.
Esta novela no solo es un ajuste de cuentas con su familia y su país natal, también es una lección a través de esos personajes invisibilizados que escriben la historia. El valor que poseen todos estos testimonios, la fuerza vital y familiar, la capacidad de supervivencia que propulsan es inigualable. Solo por esto ya merece la pena leer a Yakovenko e introducirse en las entrañas de Ucrania y su relación con Rusia mediante una historia personal apasionante. Bravo. ∎