Libro

Nona Fernández

MarcianoRandom House, 2025

Nona Fernández (Santiago de Chile, 1971) continúa explorando el pasado reciente de Chile, siempre desde ángulos que se escapan del tópico y de lo previsible: basta recordar entregas previas como “Chilean Electric” (2015) o “La dimensión desconocida” (2016).

“Marciano” (2025) se siente como su obra más ambiciosa (y lograda), una especie de biopic poco convencional sobre las andanzas de Mauricio Hernández Norambuena (Valparaíso, 1958), conocido como Comandante Ramiro dentro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, organización marxista-leninista que optó por la lucha armada durante los años de la dictadura de Pinochet.

Hernández, aka Marciano, partició en el asesinato del senador Jaime Guzmán –uno de los autores intelectuales de la dictadura– y en el atentado (fallido) contra Pinochet en septiembre de 1986. Tras su captura logró fugarse –en helicóptero–, junto a otros militantes del Frente, de la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago en diciembre de 1996 en lo que se conoce como Operación Vuelo de Justicia. Fue capturado de nuevo en Brasil tras participar en el secuestro en 2001 del empresario Washington Olivetto y extraditado a Chile en 2019, donde cumple una condena de 26 años en una cárcel de alta seguridad en Rancagua.

“Marciano” se estructura mediante los encuentros –once– que Fernández va teniendo con el encarcelado recuperando su trayectoria vital y política, aunque la autora –y el protagonista– se interrogan continuamente sobre la posibilidad de recordar con absoluta veracidad acontecimientos ocurridos hace años. Pero el libro no solo se nutre de este diálogo: compañeros, amantes y familiares de Hernández también intervienen en una narración que alza el vuelo en un mosaico polifónico que nos va descubriendo la toma de conciencia y compromiso político de Mauricio, uno de esos “revolucionarios de las guerras floridas latinoamericanas” (Bolaño dixit, como se lee en la contraportada) que lo entregaron todo –y asumieron la violencia como método de supervivencia frente a regímenes criminales– en su intento por avanzar hacia un mundo mejor.

En la clandestinidad y en el cautiverio, Hernández encontrará en la lectura una de las pocas vías de escape en su estricto aislamiento: se incluyen algunas de las fichas de lectura que escribe tras leer a Sándor Márai o Antonio Tabucchi; la última, en una magnífica pirueta metaliteraria, es la que redacta sobre “Marciano” y Nona Fernández… ∎

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