Libro

Patrick Modiano

La bailarinaAnagrama, 2026

Con la escritura de Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945) ocurre que nos adentramos en el terreno de lo enigmático, en las zonas oscuras de la identidad, dejando un poso de lo que fue o urdiendo una posibilidad de quienes estaban ahí, con sus intenciones y sus deseos ocultos. Dejando el rastro de los tiempos y de sus personajes. En su prosa fina y precisa, navegamos, fluimos por el devenir de los tiempos siempre con el pulso de una posibilidad tangible.

Sucede también que Modiano es un gran narrador de París. La ciudad se despliega en sus novelas y recorremos sus márgenes, sus lugares habitados y el misterio que los recorre. Con él nos adentramos en un París imperial e imbricado que tiene mucho que ver con su “Calle de las Tiendas Oscuras” (Premio Goncourt de 1978; Anagrama, 2009; publicada primero en 1980 por Monte Ávila como “La calle de las bodegas oscuras”). En “La bailarina” (“La danseuse”, 2023; Anagrama, 2026; traducción de María Teresa Gallego Urrutia), su nueva novela, corta en páginas (112) pero amplia en territorios, esos que caminamos con sus personajes, indaga en la elegía, la novela negra en pos de una mirada que contempla al pasado y lo analiza y recorta cual cirujano.

Todo parte del rencuentro del protagonista en un París contemporáneo, no muy alejado del presente, con un personaje del pasado, un empresario (dueño de un café, de un club, gestor inmobiliario) de la época en la que conoció y trató a una bailarina (tan enigmática que hasta desconocemos su nombre) y a su hijo Pierre. En esas primeras páginas, Modiano lanza una pequeña diatriba contra estos tiempos de turismo caníbal y mirada fugaz en París.

Modiano se remonta a aquellos años en los que “París era una fiesta”. Tiempos en los que los cafés y los restos tenían ese encanto vetusto con cierto halo decadente. La danza sirve de estímulo y de motor de esa bailarina que parece escapar de un pasado en provincias y que se aferra a un presente con su maestro ruso como referente que la impulsa en esa carrera profesional del oficio, en una ciudad que es centro neurálgico de la danza clásica (Bronislava Nijinska, Janine Charrat, Yvette Chauviré, entre otras).

Aparecen y desaparecen personajes turbulentos o de dudosa procedencia, como el ex de la bailarina, o aquellos hermanos con los que coincidía en el tren cuando hacía el trayecto de su pueblo a la capital, antes de instalarse definitivamente en París.

También nos intriga aquella mujer, de noble procedencia y estatus, vinculada con el mundo del espectáculo y que parece ser un refugio para la bailarina. Nuestro protagonista se instala en una buhardilla, en una antigua chambre de bonne, y perfila sus inicios literarios como traductor en una pequeña editorial. El protagonista posee algo de trasunto de Modiano, con esa fe ciega en el mundo de las palabras.

“La bailarina” podría parecer una obra menor de Modiano, pero resulta ser otro pequeño tesoro del universo de un notable escritor (fue Nobel de Literatura en 2014), en la que configura nuevos terrenos (como el baile), con la radiografía de unos personajes imprevisibles. Modiano, aferrado a la tradición del siglo XIX casi más que a la del siglo XX, escarba en el pasado y en sus múltiples conexiones con la supervivencia. Otro acierto de lectura gozosa. ∎

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