El autor estadounidense Paul Pope (Filadelfia, 1970) pertenece a esa clase de historietistas que se respiran. Sus páginas tienen algo natural, poroso, de tinta que parece viva, mientras mira la ciudad y a los personajes que pueblan sus historias de una forma única para escarbar en el interior de sus sombras. Después de trabajar en los noventa para la editorial japonesa Kodansha, el joven Pope reunió el aprendizaje del manga (quería hacer “manga americano”, decía) junto a una combinación de la sensibilidad europea (Moebius sobre todo, pero también Mézières o Crepax) y autores norteamericanos que recorren la historia del cómic del siglo XX como Jack Kirby, Alex Toth o Frank Miller.
“Heavy Liquid” (1999-2000; Moztros, 2026) y “100%” (2002-2003; Moztros, 2026) comparten un futuro cercano. Si en la primera los personajes corren detrás de una sustancia imposible, la segunda se detiene ante la fragilidad de quienes intentan quererse. Ambientada en 2075, “Heavy Liquid” sigue a S, antiguo policía y adicto a una materia negra que puede ser droga, explosivo y obra de arte. Contratado para encontrar a Rodan, escultora desaparecida y antigua amante, S (también llamado Stooge: otros de los músicos favoritos de Pope son Nick Cave o Blixa Bargeld) atraviesa Nueva York y París perseguido por matones con máscaras de Picasso, agentes y fantasmas personales. El argumento mezcla ciencia ficción de corte ciberpunk, relato negro y romance tóxico, aunque lo adictivo no es el misterio, sino la forma en que Pope lo cuenta. Su dibujo de manchas, líneas nerviosas y cuerpos doblados por la velocidad compone viñetas con bitonos que parecen entrar en el mismo personaje. Un rara avis, una forma de cuestionar cada página a través del relato y el dibujo.
Sí, hay exuberancia visual y una narración algo dispersa, incluso sobrecargada a veces de monólogos y desvíos. Sin embargo, sus imperfecciones forman parte del atractivo. “Heavy Liquid” se lee como una historia futurista, novela pulp y disco de rock. Pope no predice el futuro, más bien lo viste, le busca una música mediante la hibridación de géneros que airean códigos profundos.
“100%” regresa a ese universo, ahora en el Nueva York de 2038, para hacer algo más difícil a través de seis personajes que cruzan sus vidas alrededor del Catshack, un club donde las bailarinas exhiben el interior de sus cuerpos mediante imágenes “gastro”. Hay un artista, un boxeador tras una última pelea y parejas que se forman sabiendo que se quebrarán. Tecnología, miedo, trabajo, sexo y la torpeza con la que buscamos compañía recorren la obra. Pope construye tres historias de amor sin sentimentalismos e indaga en la intimidad con detalles pequeños. El blanco y negro, reforzado con grises, convierte la ciudad en un organismo nocturno que ejemplifica esa respiración de los dibujos de Pope.