Vestir con justicia. Foto: Sarah Van Looy
Vestir con justicia. Foto: Sarah Van Looy

Moda

Tansy E. Hoskins, el uso de la ropa como resistencia

¿Qué tiene que ver Karl Marx con Karl Lagerlfed? Tansy E. Hoskins, periodista británica experta en moda y autora galardonada, responde a esta cuestión en su actualización de “Manual anticapitalista de la moda”, que ha sido publicada en castellano en versión ampliada.

La moda es política. Esa es la tesis principal del brillante “Manual anticapitalista de la moda” (“The Anticapitalist Book Of Fashion“, 2014; Capitán Swing, 2025; traducción de Beatriz Ruiz y Lorenzo Arroyo) de Tansy E. Hoskins (Londres, 1981). Su industria está inextricablemente vinculada al desarrollo del capitalismo, hasta el punto de que no se puede entender la una sin la otra. Desde su nacimiento en los albores del mercantilismo a su configuración neoliberal actual, ha permitido la acumulación de capital a través de las colonias, el comercio triangular de esclavos y las dinámicas que han reducido los salarios, deslocalizando las cadenas de producción y promocionado créditos de consumo para comprar desaforadamente cada temporada, como si no hubiera un mañana. Y a este paso quizá no lo haya, porque lejos de ser tan glamurosa y cool como sus anuncios, este sector crea graves impactos medioambientales y sociales, que Hoskins no duda en deshilvanar con todo lujo de detalles.

La moda es también un modo de producción social, los materiales y habilidades que dan origen a sus creaciones se producen socialmente, pero la autora sostiene que su esencia a lo largo de la historia, como toda ideología, ha sido su capacidad para legitimar la clase social dominante. “La moda legitima el poder de tal forma que el mero hecho de cambiar de ropa puede conferir a una persona el prestigio de la clase dirigente”, señala en el libro. Así, no duda en afirmar que la industria “tiene la apariencia que tiene debido al capitalismo; actualmente, la moda sirve para generar miles de millones para una reducida camarilla, para mantener anclado en su sitio un sistema de sometimiento, para restringir y controlar a la población y desviar la atención de la desigualdad y la crisis. La moda ha quedado destruida por el capitalismo, y ahora existe como una excusa para que los ricos exploten a los pobres”.

Sobra decir que Hoskins no tiene pelos en la lengua, pero lejos de que sus afirmaciones sean una pataleta marxista caduca, apuntala cada una de ellas con datos y documentación actualizada porque, como explica en su obra,“el objetivo de este libro es descoser y desmitificar la industria de la moda y su ideología, no alimentar su mística cuidadosamente cultivada”. Sin duda lo consigue.

Edición española de “Manual anticapitalista de la moda”.
Edición española de “Manual anticapitalista de la moda”.

Deshilachando el mito

Este examen crítico –cuya primera versión es de 2014 y Capitán Swing ha traducido al castellano en una versión ampliada– no deja hilo sin puntada repasando los hitos más fashion de los albores de la industria y cuestiones de rabiosa actualidad, como su evolución digital y su greenwashing.

En el prólogo, la modelo trans Andreja Pejic sentencia: “Mi generación ha crecido rodeada de regresión social, no de progreso social”. Hoskins, por su parte, dedica esta actualización a la memoria de su amigo, camarada y mentor Neil Faulkner, historiador, arqueólogo y escritor marxista, quien la motivó: “Una vez me escribió ‘lo único que vale la pena hacer es luchar para derrocar el sistema, y la propia humanidad es fundamental para hacerlo’. Te echamos de menos, Neil”, escribe.

“Actualmente, la moda sirve para generar miles de millones para una reducida camarilla, para mantener anclado en su sitio un sistema de sometimiento, para restringir y controlar a la población y desviar la atención de la desigualdad y la crisis”

A lo largo de sus páginas, desteje la industria para entretejer el relato oculto de la ropa, apuntando su desigualdad, racismo y contribución a la crisis climática. Acompaña sus reflexiones con experiencias personales y viajes, haciendo hincapié en que el sector otorga más valor a las prendas que vende que a las vidas de las personas que las manufacturan. Algo evidente en el derrumbe de la fábrica Rana Plaza en 2013, en Daca, la capital de Bangladesh, tragedia de la que recoge testimonios, la más sangrienta de la historia. Se cobró 1138 vidas, casi todas mujeres, cuyas familias aún reivindican una reparación justa.

Nos traslada a la Borgoña del siglo XV, entonces cuna de la moda, a la Inglaterra de la Revolución Industrial, a las huelgas textiles en Estados Unidos a comienzos del siglo XX, al París de los años cincuenta, al Londres de los años sesenta, al imperio de la fast fashion y su evolución digital en la moda ultrarrápida china, a las alfombras rojas de la gala del MET o a la estructura monopolizada que subyace en los principales grupos de moda de lujo, del mercado masivo y de los medios de comunicación especializados, responsabilizándolos de las disfunciones imperantes, ya sean salarios de pobreza, fábricas insalubres y peligrosas, violencia animal, consumo de combustibles fósiles, contaminación química, racismo, sexismo o una autopercepción corporal y social nociva.

La cara oculta de la moda. Foto: Sarah Van Looy
La cara oculta de la moda. Foto: Sarah Van Looy

Rentabilizar el malestar

Desde que comenzó a criticar esta industria, le han llovido ninguneos por hacerlo sin haber trabajado en el sector. “Mi respuesta fue que tenía la necesidad de escribir este libro porque nadie había explicado adecuadamente este elemento omnipresente de mi vida, porque no había ni un solo libro sobre moda que abordara todo lo que yo deseaba que acabara: las terribles condiciones de trabajo, la destrucción medioambiental, los trastornos alimentarios que he observado combatir a mis amigas, el racismo que promueve la moda, el desprecio por uno mismo y ese agujero negro de necesidad que no se puede llenar por mucho que compres”. Paralela a las tendencias cambiantes del momento, existe una constante en la moda, incitar a consumir más. “Manipulándonos para que nos sintamos feos, pobres e inútiles, sentimientos que llenan los bolsillos de multimillonarios que explotan las cadenas de suministro coloniales”, afirma.

“En realidad, no necesitamos a los consejeros delegados, ni a los monarcas, pues ya contamos con todo el conocimiento, el poder y los recursos que necesitamos para reconstruir una sociedad que sea igualitaria y sostenible, y que nos mantenga a todos”

Pero con la protesta, Hoskins también practica la propuesta y dedica el tramo final del libro a explorar el uso de la ropa como resistencia.“En realidad, no necesitamos a los consejeros delegados, ni a los monarcas, pues ya contamos con todo el conocimiento, el poder y los recursos que necesitamos para reconstruir una sociedad que sea igualitaria y sostenible, y que nos mantenga a todos. Sin embargo, actualmente, los sueños y la evasión ofrecidos en la moda están disponibles solo para unos pocos, no para muchos. Padecemos un trastorno ‘posesivo compulsivo’, en vez de sentir placer, y la moda está, como el resto del arte, enredada en una maraña de comercio y competencia. Considero la moda gloriosa y terrible a la vez; por eso escribo con la esperanza de que un día quede libre del comercio y pueda ser experimentada por todo el mundo a unas inimaginables cotas de creatividad”. Que así sea. ∎

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