Libro

Tony Tulathimutte

RechazoAdN, 2026

“Arrastrando su virginidad como un cadáver –cumplidos ya los veintitantos–, ve cierta cantidad de porno: porno orientado a la dominación, lo cual probablemente se deba al sexismo interiorizado, aunque él ha leído que el porno es un ámbito seguro y salubre para explorar la perversión, que la sexualidad ni se elige ni es nada de lo que avergonzarse (sobre todo si las productoras respetan los derechos laborales y aplican protocolos de cuidado físico y emocional poscoito)”. Con todos ustedes, recién salido del agujero más purulento y tóxico de internet, “El feminista”, un tipo “superfán del aborto” y cuyos hobbies incluyen los maratones de pelis de Agnès Varda, rondar por librerías y panaderías y desmantelar “el heteropatriarcado supremacista masculino imperialista”.

Cómo alguien así, un aliade de manual educado “en el valor de los valores feministas”, se acaba transformando en un incel homicida y resentido es lo que el tailandés-estadounidense Tony Tulathimute (Springfield, 1983) relata con gran pericia y humor trágicamente cómico en el arranque de ‘‘Rechazo” (“Rejection”, 2024; AdN, 2026; traducción de Manuel Cuesta), novela de relatos entrelazados que cartografía sin piedad la amargura millennial, el rechazo cocinado a fuego lento y ese resentimiento que no hace más que retroalimentarse en foros infectos y redes sociales cada vez más putrefactas. El signo de los tiempos, la miseria de esta era de doomscrolling y taras emocionales con filtro Clarendon, encapsulado en un aparatoso y atroz accidente a cámara lenta del que no se puede apartar la vista.

“El feminista”, relato osado y descarnadamente paródico, ya revolucionó las redes sociales en 2019 y reaparece ahora para descorchar media docena de historias interconectadas por la vergüenza, la amargura y la precaria estabilidad emocional de unos personajes tocados, hundidos y generosamente despechados. “El amor es algo mutuo, lo que implica que Alison no ha conocido el amor”, se arranca Tulathimutte en “Fotos”, incomodísimo inventario de torpes encontronazos sexuales, rollos denigratorios y bandejas de entrada de perfiles de aplicaciones de ligar “llenas de pollas al aire”. “La mera presencia de Kant en sus propias fantasías estropea la fantasía en cuestión: cuando se imagina a sí mismo practicando sexo, ve a un yorkie metiéndosela a un gran danés”, prosigue en el demencial y salvajemente divertido “Ahegao o Balada de la represión sexual”, mordaz retrato de la perversión y la dominación como escrito a cuatro manos por Chuck Palahniuk y Todd Solondz.

A su alrededor, un contrahecho coro de adictos al porno, techbros en pleno delirio turbocapitalista, odiadores profesionales de Twitter y, en fin, la clase de gente a la que la soledad y la carcoma digital sienta francamente mal. A todos ellos se acerca Tulathimutte con asombroso descaro y exquisito manejo de la dupla humor-horror para cartografiar la cara más sombría, la más sobrecogedoramente risible, de una sociedad construida (y demolida) alrededor del sexo, la identidad e internet. Como escribió Jia Tolentino en ‘The New Yorker’, nunca antes había sido tan divertido “leer un libro sobre un montón de perdedores de mierda”.  ∎

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