Álbum

Antonio Arias & Mawlid

Mapa del tranceMontgrí, 2026

En paralelo a la extensa discografía de su grupo principal, Lagartija Nick, Antonio Arias ha ido entregando una obra en solitario muy diferente y siempre inusual. Hasta ahora, esta se circunscribía, sobre todo, a la serie de discos denominados “Multiverso”, pero “Mapa del trance” muestra un nuevo territorio en su discurso sonoro. En realidad, debemos relativizar lo de álbum en solitario, ya que este trabajo surgió bajo el nombre de Mawlid, un proyecto compartido con el escritor y músico Moncho Rodríguez (componente de los grupos folk Fandila, Al-Mawror y Jaenia) y que ambos vienen desarrollando desde 2018.

Se trata de un personal acercamiento a la música gnawa, de Marruecos, y es importante remarcar que no es esta una experiencia turística ni de fusión, sino un encuentro genuino para el que el dúo contó con la colaboración de músicos marroquíes (Arafa Chaara, Khalid Sansi, Bachir Attar –de The Master Musicians Of Jajouka–, Tarwa N Tiniri), y se grabó en cinco ciudades de ese país. En todos los temas, Arias toca el guembrí –instrumento tradicional que vendría a ser como un laúd de tres cuerdas– y las percusiones, mientras que Rodríguez también canta y hace percusión, además de tocar la mandola, el oud y el saz (laúdes igualmente de origen árabe). El estrecho de Gibraltar y sus dos mares separan menos de lo que une cultural y musicalmente la tradición granadina y la marroquí, como bien ponen de manifiesto figuras históricas como Ibn al-Jatib, visir de Granada en el siglo XIV además de escritor, filósofo, historiador, médico y político, y una de las inspiraciones de Mawlid.

Hay en este “Mapa del trance” no solo la investigación de nuevos códigos sonoros en el universo de Antonio Arias, sino también una celebración del viaje, como bien se puede advertir en el tema que titula el álbum. Nunca antes el líder de Lagartija Nick había sonado tan jubiloso y vitalista, dejándose, además, llevar por cambios de ritmo que suenan como si uno saliese al galope entre el viento del desierto. En temas como “Bermasouyé” incluso experimentan al mezclar en el mismo potaje una letra ancestral árabe interpretada en darija con cantes tradicionales flamencos sin que deje de sonar hermosamente natural.

Para finalizar, dos curiosidades que conectan este disco, de forma bastante osada, con la historia más intocable del pop granadino. Una es la regrabación en clave gnawa de “Boabdil el Chico” junto con el propio Miguel Ríos (quien la incluyó originalmente en su álbum “El año del cometa” en 1986, y que ya tocó posteriormente con Lagartija Nick). La otra es “Ciudad sin sueño”, una de las cimas lorquianas del “Omega” (1996) que, en su nueva visión, adquiere una exuberancia distinta que suple la ausencia de la voz de Enrique Morente. No es que estos dos temas suenen mejores o peores que los originales, sino que se naturaleza su transmuta hacia una visión más abierta e imaginativa de la música. ∎

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