Podría haber sido perfectamente el volumen 18 de “The Bootleg Series”, pero la nueva entrega del archivo de Dylan sale fuera de ese apabullante recorrido artístico por la carrera de Mr. Zimmerman.
“The Complete Budokan 1978” exhuma al completo, por primera vez, los dos conciertos que el norteamericano ofreció, el 28 de febrero y el 1 de marzo de 1978, en el Budokan de Tokio, el pabellón inaugurado para los Juegos Olímpicos de 1964, cuarto y quinto concierto de una residencia total de ocho. Columbia editó un doble álbum, “Bob Dylan At Budokan”, en agosto de ese año, exclusivamente para el mercado asiático, pero el florecimiento del pirateo obligó a la compañía a publicarlo internacionalmente en abril de 1979.
Bob Dylan, inmerso en un gigantesco tour mundial, el mayor hasta entonces, salió a la carretera con “Desire” (1976) como último LP publicado en estudio; el siguiente, “Street-Legal” (1978), aparecería en plena gira, con el amargo sabor de boca del fiasco de “Renaldo & Clara” (1978), la película a la que había dedicado varios años de su vida. “Bob Dylan At Budokan” fue su tercer largo oficial en directo tras “Before The Flood” (1974) –con The Band– y “Hard Rain” (1976) –el souvenir sonoro de parte de la Rolling Thunder Revue–.
Disponible en una lujosa caja de 4 CDs –con el correspondiente libreto informativo y un despliegue fotográfico que documenta el paso del mito por la capital nipona–, “The Complete Budokan” recupera 58 canciones –el setlist de las dos noches completas; el “Budokan” original se reducía a 22– gracias al hallazgo, en 2007, de unas cintas que han sido convenientemente restauradas. La oferta, para los comulgantes de la religión dylaniana, es irrechazable, aunque los valores artísticos de esa gira mundial han sido puestos en tela de juicio por muchos críticos y expertos en su obra.
Dylan –con una banda de once músicos, prácticamente la misma que grabó “Street-Legal”, y donde destaca el saxo y la flauta de Steve Douglas, y el violín, la mandolina y el dobro de David Mansfield, además de las guitarras de Billy Cross y Steven Soles– se zambulle en un puñado de clásicos que muy poco tienen que ver con las versiones originales, algo a lo que hace años que cualquiera que asista a sus conciertos ya está acostumbrado a aceptar pero que entonces podía ser una (relativa y desconcertante) novedad.
Los shows se abren, en ambos casos, con “A Hard Rain’s A-Gonna Fall” en clave de instrumental fronterizo, y van desfilando todos los hits que esperas escuchar (“Mr. Tambourine Man”, “Love Minus Zero/No Limit”, “Girl From The North Country”, “Ballad Of A Thin Man”, “Maggie’s Farm”, “Like A Rolling Stone”, “I Shall Be Released”, “Just Like A Woman”, “All Along The Watchtower”, “Knockin’ On Heaven’s Door”…), además de composiciones de “Desire” –“Oh Sister”, “One More Cup Of Coffee (Valley Below)”–, “Street-Legal” –“Is Your Love In Vain?”– o “Planet Waves” (1974) –“Going, Going, Gone”, “Forever Young”–.
El ropaje –con amplio protagonismo para el saxo de Douglas y los coros góspel del trío femenino (Helena Springs –a quien Dylan introduce como “my fiancée”; coescribió con él varias canciones–, Jo Ann Harris y Debi Dye)– le encaja con más finura a unas canciones que a otras (“Like A Rolling Stone” en el debe; “Just Like A Woman” en el haber: dos ejemplos), pero todo el show es la enésima prueba de la capacidad de Mr. Zimmerman para remodelar las partituras a su antojo, evitando con genio y figura que se conviertan en meros trofeos de museo sin vida. La despedida, en ambas noches, con “Forever Young” y “The Times They Are A- Changin’”: el cambio eterno, algo que el de Minnesota lleva predicando y practicando desde que en julio de 1965 enchufara la guitarra eléctrica en el Newport Folk Festival.
Acabamos con la cuestión monetaria: para quienes no puedan (o quieran) desembolsar los 160 euros que piden por “The Complete Budokan”, existe la opción del streaming o pueden acudir a “Another Budokan 1978”, doble vinilo con una selección de 16 temas, todos inéditos, de esas noches tokiotas. ∎