Álbum

Carmen Villain

Memoria › Smalltown Supersound, 2026

Pauline Oliveros dedicó su vida a la escucha activa y escribió sobre los sonidos que una persona guarda en la cabeza sin que ningún otro oído los alcance, por cerca que esté sentado. Adrian Piper describió lo mismo mirando hacia el otro lado: hay alguien ahí dentro al que los demás no llegan porque ya han decidido qué están viendo. La diferencia entre lo que uno es y lo que los otros dan por hecho se llama passing en inglés, y de ahí sale buena parte de su obra. Filósofa además de artista, escribió en 1987 un ensayo titulado “Flying” que arranca con ella describiéndose a sí misma bailando, girando y siendo capaz de quedarse suspendida en el aire todo el rato que le apetezca, y donde define la abstracción como una forma de vuelo: permiso para escapar de los límites de un cuerpo al que los demás ya le han asignado un significado. De esas dos ideas, y de la película que Apichatpong Weerasethakul tituló igual en 2021, sale “Memoria”, quinto álbum de Carmen Villain: siete piezas de dub espectral y ambient, levantadas sobre una premisa que contradice nuestra manera de imaginar el recuerdo. Cada vez que algo reaparece aquí lo hace con menos definición que la vez anterior, hasta quedar reducido a una mancha borrosa que no se sabe si sucedió realmente.

Por ello, buena parte del material de Villain sale de su propio archivo, grabaciones viejas que, como un recuerdo, son distorsionadas con otras nuevas: flauta de Johanna Orellana, trompeta de Eivind Lønning, clarinete, piano y grabaciones de campo suyas, cuerdas de André Bratten y Ole Henrik Moe. Los vientos dejan jirones de armonía que vienen del free jazz, pero por debajo manda el dub berlinés cargado de reverb. Por otra parte, los siete títulos, leídos en fila, describen la anatomía de un recuerdo desde que se fabrica hasta que se pierde: al principio, imaginar es sencillo (“Labour Of Imagination”) y queda alguien enfrente con quien compartir algo (“Entre nosotros”), hasta que la pieza central se lleva el nombre del disco y la cosa se mete hacia dentro de la cabeza. A partir de ahí todo se vuelve anatómico, el hueco entre dos neuronas donde un recuerdo se aloja de verdad (“Hope Synapses”), el empeño imposible de sostener una forma que no para de moverse (“Holding A Shape”) y, al final, “Omriss”, que en noruego quiere decir contorno, justo lo que queda cuando el detalle se ha ido.

Pierre Schaeffer recuperó a mediados del siglo pasado el término acusmática para nombrar una operación tomada de la fenomenología de Husserl: poner entre paréntesis la causa del sonido y su significado, y atender solo a sus cualidades, la masa, el grano, el timbre, hasta convertirlo en lo que él llamó objeto sonoro. Prometía que, tapada la causa, quedaba el sonido en estado puro. “Memoria”, por el contrario, parte de la premisa opuesta de que el sonido solo es válido cuando se tiene en cuenta todo lo que ha ocurrido desde entonces, todo lo que ha ocurrido para ser creado o todos los pensamientos del pasado y el futuro que nos evoca. En este caso, además, el archivo que Villain desfigura es el suyo propio: la que borra la fuente fue la fuente. La artista dejó de escribir letras en 2019 porque se había cansado de sí misma: se llama Carmen Maria Hillestad, nació en Michigan de familia noruega y mexicana, vive en Oslo y remató este álbum en Cabo de Gata. Alguien hecho de sitios en los que ya no está tiene el recuerdo como material de primera mano, y de ahí un trabajo sobre cosas que se heredan y se recuerdan a medias. Casi todo salió de una habitación en un edificio de oficinas de Oslo, y todas las piezas describen el intento de repetir un sonido que solo suena dentro de una cabeza y que sale distinto cada vez. ∎

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