Álbum

Celestial Bums

Minutes From HeavenWWNBB, 2026

Quienes habitamos apartamentos angostos y portátiles que echan humo tras jornadas extenuantes, solemos abrazar una forma de entender la música que se aferra a la supervivencia en el plano más terrenal. A los barceloneses Celestial Bums, que funcionan como un colectivo de formación abierta por el que han desfilado numerosos miembros, los escuchamos así en nuestras trincheras hogareñas desde 2010. En estos quince años de militancia neopsicodélica han compartido sudores con tótems como The Black Angels o A Place To Bury Strangers, ganándose los galones de pioneros del género en nuestro país. Tras el viaje hipnótico de su debut homónimo en 2012, el vigor rockero de “Ascend” (2016) y el detallismo de “Sleep Inside A Horse” (2020), su cuarto largo, “Minutes From Heaven”, se siente como un reencuentro con su esencia primordial. Es una obra brillante que funciona de inmediato y que convierte su atmósfera en un lugar al que apetece regresar.

Grabado en la guarida de ArcticWave por Pablo Gorostiaga y con el apoyo de Bobby Hecksher (The Warlocks), el disco documenta una transformación personal profunda. Si bien la sacudida de la paternidad de Japhy Ryder actúa como principal catalizador emocional, el álbum se expande hacia una reflexión más amplia sobre la transición generacional y el peso del tiempo.

Las estructuras densas del pasado dejan paso a unas grietas por donde respira una vulnerabilidad herida. El viaje arranca con “I Didn’t Know”, un ejercicio de ensoñación narcótica y tiempo dilatado que evita cualquier dramatismo explícito. Bajo una actitud puramente anti-mainstream, la pieza funciona como una invitación a detener el cronómetro y aprender a respirar: “I didn’t know that I could stop, that I could breathe”. Le sigue el pulso de “The Letters”, ese medio tiempo de aroma ochentero donde el muro de distorsión final funciona como una purga ante la incomunicación: “We are more lonely than ever, we don’t feel anything”.

La honestidad se percibe en “Cross The Road”, donde la carga de la responsabilidad y la duda se baten con esa niebla eléctrica casi de pegamento armónico: “Why do I feel so guilty? What are we here for?”. La duermevela brota en “A Dream (Guide Me From The Stars)”, con un clima envolvente y guitarras nebulosas, una batería de compresión marcada y una pandereta sutil que ilumina la mezcla y refuerza su aire espectral: “I didn’t know how much I needed you”. El centro de gravedad absoluto late en “Walking On Ice”, que con sus más de ocho minutos se alza como la canción más larga y ambiciosa del álbum. Aquí Ryder se despoja de ropajes para cantarle a la fragilidad del nuevo ser con un pulso tridimensional: la voz en primer plano y casi susurrada, las cuerdas sosteniendo los latidos y las capas de reverberación expandiendo el espacio hasta volverlo físico mientras confiesa eso de “I would like to unzip myself, so I could take you inside me”. Es lo-fi humano que ensucia las manos y humedece los ojos.

En “Blurred Loves” asistimos a un cierre de ojos permanente ante los afectos que los años desdibujan, envuelto en una psicodelia que suena casi a plegaria: “I stay permanently half awake”. Aquí la producción juega con la percepción de las voces, como si habitaran un lugar diferente, reforzando esa identidad etérea que recorre el trabajo. Por su parte, en “Landslide”, que podría casi arrancar como una composición de The Doors pero con la solemnidad propia de Wooden Shjips, la pista se convierte en una pradera inmensa sobre la protección y el fin de una era: “I thought that it would be death what would tear us apart”. El cierre llega con “Lifeblood”, donde la sensación de sonido encapsulado, con los golpes más espaciados y una carga más pesada, plantea un renacimiento guiado por la figura de Lili y la determinación de abandonar el miedo: “I decided not to live in fear”.

Con el máster en cinta analógica de Patricio Claypole aportando un grano de verdad que solo el aire caliente puede dar, Celestial Bums han facturado su entrega más liberadora. Nosotros hemos comprendido que el cielo al que se refiere el título no es un plano místico, sino que se encuentra a pocos minutos de cualquier lugar: es el espacio de calma que aguarda en casa cuando se logra dejar fuera el estruendo del mundo. “Minutes From Heaven” es un banquete de honestidad para épocas de escasez emocional que nos deja con la reconfortante sospecha de que, a veces, madurar consiste sencillamente en aprender a bajar el volumen de lo que no importa. ∎

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