Pablo Cobo lleva tanto tiempo siendo una de las voces más lúcidas de la escena underground nacional que cuesta interiorizar que todavía no hubiese lanzado ningún LP de estudio. “Amnesia”, el primer largo de Chico Blanco, aparece en el ruedo discográfico con un sonido mediterráneo, popero y desenfadado ideal para el verano hasta un punto crítico. Los doce temas del álbum, plagados de balearic grooves, de un ambiente bakalaero original y algunas recetas aprendidas en los espacios más tech-houseros de Berlín, demuestran una vez más la inusitada capacidad de Pablo para traducir géneros y marcas de agua históricas del dance a su propio sonido.
Pero los temas se acercan a dichos sonidos con unas estrategias que hasta ahora no había utilizado de manera tan completa y explícita, la conceptual y la retro. En “Amnesia” no hay tanto trance como hubo en el sencillo “mevoyadormir” (2023) ni tanto macarreo nocturnal como en el EP “Blanco y Nueve Mix” (2021) junto con Soto Asa, sino que todo gira en torno al sueño ibicenco, sofocado por lo que no se sabe si es una puesta de sol o un amanecer. En el álbum, canciones como “Feel Me” o “Paradis” nos recuerdan infaliblemente a la isla, dando forma a un conjunto que, precisamente por retrotraer una imagen específica del house de finales de los noventa, suena tan decididamente pop.
“Amnesia” es, de lejos, el trabajo más accesible de Chico Blanco. No porque sus anteriores trabajos no fuesen en su gran mayoría caramelos pop para clubbers, sino por la propia organización de las pistas, con reprises, intros, interludios, temas que apenas alcanzan los tres minutos… Un disco que culmina su pináculo retromaníaco en una “Sunset” con esas capas etéreas, esos beats de hats escurridizos y la dulce y nostálgica voz de Nazzz.
Casualmente y también de manera cabal, lo que más nos desconcierta una vez más es que este aparente ejercicio de melancolía de Chico Blanco funciona. Y es posible que funcione porque no es tal cosa. “Amnesia”, con sus voice over recordando el nombre del álbum como si de un mix radiofónico se tratase, se estructura casi como una instalación artística. En él, Pablo no enmarca tanto el sonido de una época como los sentimientos de una generación al acercarse a ella en un momento vital (la infancia) en el que no podía disfrutar de esa música en primera persona. Y esa suerte de hauntología de la emoción trae consigo un efecto desarmante, precisamente el que muchos oyentes querremos experimentar en un mañaneo de agosto en una playa o un monte próximos al mar. Gurú de las sensaciones de una generación española que creció –como otras de Europa– con la adaptación británica de la música de club al pop vía MTV y con los recopilatorios “Blanco y Negro Hits”, Chico Blanco no canaliza tanto la música de una época como la nostalgia de una generación sin futuro. Y vaya que si lo hace. ∎