En el lapso que el compositor y saxofonista canadiense-estadounidense Colin Stetson (Ann Arbor, Michigan, 1975) tarda en publicar un álbum le da tiempo a lanzar, entremedias, un par de bandas sonoras. O más: desde que apareció “The love it took to leave you”, el disco que nos traemos ahora entre manos, el pasado septiembre, se han publicado otras dos bandas sonoras: las de la serie de anime “Uzumaki” y la de la película de Karrie Crouse y William Joines “Aguanta la respiración”. Así de pluriempleado anda este antiguo colaborador de The National, Bon Iver, Lou Reed, Tom Waits, Animal Collective, LCD Soundsystem o Arcade Fire.
En su caso concreto, pocas veces se tiene la sensación de que en sus bandas sonoras se limite a crear momentos incidentales, pero sí es cierto que el formato cinematográfico impone a sus piezas limitaciones temporales. Y eso puede ser un hándicap importante para dejarse sorprender por su portentosa técnica de interpretación. Él ha desarrollado, como método fundamental de su interpretación, la técnica de “la respiración circular”, un conocimiento ancestral empleado para hacer sonar instrumentos exóticos como el didyeridú australiano, el hom pak maya, el arghul egipcio, el laudneddas sardo o la alboka vasca, y que consiste en tomar aire por la nariz mientras se sopla simultáneamente por la boca, generando un asombroso flujo infinito de aire y sonido que podríamos definir como “drone eterno”. La respiración circular te permite tocar sin parar un instrumento de viento, pero para ello toda la musculatura de la cara tiene que mantener esa tensión permanentemente. Un ejemplo de eso lo tenemos en este disco en la pieza titulada “Strike your forge and grin”, de casi veintidós minutos de duración, que se convierte en una impresionante catarsis sonora.
La grabación del álbum tuvo lugar a principios de 2023 en la Fonderie Darling de Montreal, una antigua fábrica metalúrgica construida en 1880 y transformada en un complejo de arte contemporáneo, que conserva su cruda arquitectura de ladrillo, hormigón y acero. Stetson ha explicado que para la grabación se utilizó “el mismo sistema de amplificación que utilizo normalmente en directo –un completo sistema de megafonía– para poder mover todo el aire que muevo, saturar la sala y golpear con fuerza las paredes, en vez de la configuración de microfonía que se emplea en espacios reducidos. Y luego lo amplificamos aún más”. Todos los micrófonos que captan los sonidos íntimos del instrumento, de su garganta y hasta de su respiración (y una especie de collar de perro en la garganta) servían para registrar hasta el ruido y el ritmo de las teclas y las almohadillas, que se convierten en elementos percusivos. Todo el sonido que se estaba generando era proyectado a través de un sistema completo de P.A. en la sala principal, y eso era lo que se grababa. Lo curioso es que toda la música se tocaba y se registraba en una sola toma, todo al mismo tiempo. De ahí todos los matices y colores que se escuchan en el disco, casi tratado a la manera con que trabajaba Pauline Oliveros con su acordeón en espacios de gran reverberación.
Por si no ha quedado claro, Stetson es MUY meticuloso y trabaja mucho cada pequeño detalle. De hecho, “The love it took to leave you”, la pieza que da título al disco, es una composición que empezó a desarrollar en 2017 y la lleva interpretando en directo desde entonces, sin registrarla en un álbum, tal vez esperando el contexto adecuado para dar validez a toda su anatomía emocional. El título hace referencia a la difícil decisión de abandonar a Sarah Neufeld, la que fuera violinista de Arcade Fire, y su pareja durante 11 años, sabiendo lo mucho que le dolería, pese a tratarse de una decisión tomada al reconocer que quedándote no le estás haciendo ningún bien a nadie: ni a uno mismo ni a la que había sido su compañera de vida.
En cierto sentido, “The love it took to leave you”, el álbum, puede considerarse una segunda parte, una prolongación de “All This I Do For Glory”, publicado en 2017 –entre medias, solo ha habido bandas sonoras y un disco publicado en 2023, “When we were that what wept for the sea”, escrito en recuerdo de su padre, fallecido unos meses antes–. El álbum, en realidad, se iba a haber grabado en Berlín, pero la pandemia de COVID truncó esos planes y después llegaron más encargos cinematográficos y la muerte de su padre.
El disco está cuidadosamente desequilibrado (bonito oxímoron) entre los muchos momentos relativamente calmos, como la pieza titular, el también citado tour de force de “Strike your forge and grin”, “Ember”, “Malediction” o “So say the soaring bullbats”, con la intensa y espeluznante belleza de esa sobresaliente berrea épica y salvaje que parece escucharse en los rugidos de “The Six”, una de las piezas más violentas que haya compuesto nunca. Hay también momentos de un minimalismo repetitivo, que parecen buscar la trascendencia y la redención –como en “The Augur”–, mientras que en otras ocasiones parece que pudiéramos llegar a escuchar la voz de un fantasma. En “Hollowing”, los golpes y clics generados por la percusión procedente de las teclas que golpean el cuerpo de su enorme saxofón resultan tan táctiles como si estuviera tamborileando con sus dedos directamente en los surcos del cerebro del que escucha. Estos momentos en los que el sonido se sitúa sobre la línea que separa la música de la textura pura –otro ejemplo sería “Bloodrest”– resultan especialmente vívidos. ∎