Álbum

Danny L Harle

CeruleanXL-Popstock!, 2026

Danny L Harle, ese productor de talento sobrenatural revelado como parte del colectivo hyperpop PC Music, ya publicó un primer largo en 2021: el disfrutable “Harlecore”, banda sonora de una rave 90s presidida por cuatro DJs ficcionales. Pero ahora presenta “Cerulean” como su verdadero primer disco, especie de nueva declaración de principios. Nueva pero familiar, construida a partir de sus influencias de siempre: la composición clásica que estudió en la universidad, la electrónica que le nubló el cerebro y redirigió su carrera y la concreción mágica del pop.

Escuchando el disco, primero que graba para XL, es fácil advertir la importancia que “Cerulean” tiene para Harle. Cada sonido está pulido hasta la más inasible perfección. Como de costumbre, no se sabe bien dónde acaba lo digital y empieza lo orgánico y al revés. Este cronista habría jurado que las cuerdas de los temas de apertura (“Noctilucence”) y clausura (“Teardrop In The Ocean”) eran 100% sintéticas, quizá en referencia a Vangelis, pero originalmente fueron interpretadas por el 12Ensemble de Londres.

Ambos cortes son instrumentales, pero “Cerulean” es, ante todo, una colección de lo que un día llamamos cantaditas, melodías tristes pero eufóricas interpretadas por voces femeninas que surfean sobre ritmos de trance y house progresivo. PinkPantheress abre la fiesta con “Starlight”, una bomba pop bajo la influencia, según Harle, de compositores melancólicos del fin del Renacimiento como Monteverdi y John Dowland: lo highbrow y (supuestamente) lowbrow unidos para ganar. Su inseparable Caroline Polachek se suma para la balada trance y, cerca del desenlace, esa dream (por el toque Robert Miles) “On & On”.

Cuando lo de Clairo (“Facing Away”) se revela como un mero interludio de un minuto y 14 segundos, la frustración es inevitable, pero se lo perdonamos pronto a Harle porque justo después suena “Raft In The Sea”, seguramente la mejor canción del disco, mano a mano con la hitmaker (primero para otros, después también para ella misma) Julia Michaels. Básicamente, el dramatismo y la melosidad trance llevados a su más mágica, emotiva expresión. Por cierto, ese saxofón soprano también es real y está tocado por John Harle, el padre de Danny, aclamado músico y compositor que ha colaborado con Elvis Costello o Paul McCartney. El disco es un asunto de familia: “Island (da da da)” está cantada con voz infantil por Nico, hija de 7 años de Danny, cuya voz ya usó en “Bunny Is A Rider” de Polachek.

Los más directos asaltos al mainstream, un terreno donde nuestro hombre se mueve con soltura y sin perder idiosincrasia, llegan en el tercio final. Funciona muy bien “Crystallise My Tears”, momento house-pop que hace fácil pensar en el ascenso de Oklou al overground, y en el que también MNEK se deja la piel para hacer sudar la nuestra. Pero no tan buena es “Two Hearts”, colaboración con Dua Lipa bastante genérica, menos propia de un disco de la ambición de “Cerulean” que de algún álbum reciente de Katy Perry. Forma un trío de (raros) pasos en falso con las algo redundantes “Te Re Re” y “Laa”, esta última casi salvada por el encanto de su voz infantil. ∎

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