Dua Saleh (Kassala, 1994) lleva años siendo ese nombre que los bien informados pronuncian como si fuera un secreto a punto de dejar de serlo. Nacida en Sudán, criada en Minneapolis, afincada en Los Ángeles: tres coordenadas que ya explican por qué su música suena a nada concreto y a todo a la vez. Tres EPs corrosivos, un debut en Ghostly International con “I Should Call Them” (2024), que confirmó el potencial, y ahora este segundo álbum que llega con el peso de las expectativas y la ambición de alguien que ha decidido que ya no quiere ser solo promesa.
“Of Earth & Wires” tiene a Billy Lemos (SZA, Tinashe, Paris Texas) como productor ejecutivo, y esa elección lo dice todo: Saleh no quiere hacer un disco de autor recogido, sino algo que suene a presente urgente. El resultado son once canciones que mezclan R&B, indie pop, electrónica, folk sudanés y baile funk sin que nada parezca arbitrario. La apertura con “5 Days” es exactamente el primer golpe que necesita un disco así: poesía, rap, falsete y guitarra acústica en una misma frase, como si quisiera dejar claro desde el minuto uno que aquí no hay géneros, hay estados de ánimo. Aprovecha también para desgañitarse y soltarlo todo antes de entregar un disco sedoso en extremo. “Cállate” tiene esa incomodidad doméstica que pocas veces aparece en música pop sin resultar forzada y “Firestorm” justifica sola el trayecto (que no llega a la media hora).
Las colaboraciones son el otro eje del álbum. Justin Vernon (Bon Iver) aparece en tres cortes, incluyendo el single “Flood”, inspirado en las inundaciones que Saleh presenció en Cardiff mientras rodaba “Sex Education”, y “Keep Away”. La conexión Saleh-Vernon no es casual: ya coincidieron coescribiendo “My Eyes” para el “UTOPIA” (2023) de Travis Scott junto con Sampha, y aquí el entendimiento es orgánico, sin el riesgo de que un nombre grande devore al otro. Gaidaa suma en “Anemic” y aja monet cierra el disco en “ALL IS LOVE” con la convicción de quien sabe que el último corte tiene que cargar con la tesis entera.
Porque hay una tesis: el mundo se rompe y aun así merece amor. Es un argumento antiguo, pero Saleh lo defiende sin sentimentalismo barato y con una voz que sigue siendo de las más singulares que hay ahora mismo. Disco no perfectamente redondo, con algún momento donde la ambición supera la ejecución, pero la dirección es la correcta. Que alguien le haga caso. ∎