Encanto es misterioso, pero sabemos positivamente que: (1) su primer álbum salió el 22 de octubre únicamente en formato digital a través de Bandcamp; (2) es un proyecto tautológico, ya que los créditos publicados en línea concluyen “Encanto es Encanto”; (3) Encanto es la mitad de Espanto, o sea, Luis F. Bayo, por lo que la Teresa de los agradecimientos no puede apellidarse más que Jimeno, cantante del conocido dúo riojano –también aparecen un enigmático Román y Carlos Ballesteros, de Hidrogenesse, “por el lettering y el coaching emocional para la impresión de tarjetas”–; (4) las ocho piezas de “Electrónica simpática” fueron grabadas en Logroño entre diciembre de 2023 y diciembre de 2024, y van sobre “el poder evocador de lugares que ya no existen, cosas que han dejado de ser, ruinas arquitectónicas y humanas”; (5) ha sido producido, mezclado, masterizado y diseñado –el collage de la portada– por, ejem, Encanto; (6) es un disco instrumental.
Como ven, uno de los aspectos más interesantes de “Electrónica simpática” es la falta de explicaciones, por lo que toca investigar. Así, el título del primer corte, “Rückkrhunruhe”, significaría en alemán “retroalimentación” matizada –“rückkehren” es “volver” y “unruhe”, “inquietud”– o nostalgia evanescente que te queda después de visitar algún lugar hermoso y memorable. El impresionismo de la pieza con la que se estrena Encanto también remite a algún haiku japonés con sus “copos” de sonido o al recopilatorio “Kankyō Ongaku. Japanese Ambient, Environmental & New Age Music 1980-1990” (2019). “Koinofobia” hace referencia al miedo patológico a la mediocridad, a ser “normal”. Su melodía y secuencias cristalinas nos recuerdan a unos Yazoo sin Alison Moyet aunque el vínculo con la noción psicológica antedicha no es intuitivo. Si sientes algo especial escuchando esta pieza, tranquilo, puede que seas un poco rarito pero nada más.
Con la contemplativa “Pikachu”, Bayo rebaja la dificultad hermenéutica aunque la desconexión inicial vuelve a repetirs, ya que los Pokémon tiraban a revoltosos. Es la melancolía provocada por la pérdida de la infancia lo que suena aquí, además de algo similar al característico Yamaha CS-80 del Vangelis de “Blade Runner”. Puede que la referencia un tanto viejuna de Encanto –Pikachu data del antediluviano 1996 en términos de hipermodernidad– sea una de esas ruinas aludidas en las notas del Bandcamp. “Cherry Valance” remite a galaxias aún más lejanas. Salvo error u omisión, es el personaje que Diane Lane interpretó en “Rebeldes” (1983), la película de Francis Ford Coppola. Sin diluir la gentileza que define el sonido de “Electrónica simpática”, la música se tensa ahora y contrasta a continuación con la más atmosférica y derivativa, al estilo de Robert Wyatt, “Dallas”, tal vez el nombre de Matt Dillon de nuevo en “Rebeldes”. Y añadiendo Stanton a “Harry Dean” obtendríamos otro mito cinéfilo mezcla de realidad y fantasía. Dentro de este paisaje de ensoñaciones libérrimas, bajo el paraguas fluorescente y protector de Encanto, se desenvuelve nuestro Mort Garson logroñés con sus sintetizadores.
Los compases de “Priscilla” recuerdan a “Mary”, el tema que Peter Kember –influencia probable del autor– y Jim Dickinson dedicaron en 2008 a Mary Hansen, la difunta multinstrumentista de Stereolab tristemente arrollada por un camión. Por fortuna, Priscilla Presley sobrevive y solo Bayo sabe si estaba pensando en ella, pero advertimos otra “conexión Coppola”: Sofía dirigió en 2003 su biopic. “Mickey Mouse”, otra leyenda aún más añeja, desfalleciente y de nuevo genuinamente norteamericana, pone fin de puntillas a “Electrónica simpática”, un capricho sintético y radiante, mágico y generacional, que no electrocuta al oyente sino que lo envuelve durante apenas veintiséis minutos con su seductora simplicidad y bellas improvisaciones, catapultando la imaginación de quien lo descubre, al igual que “Soothing Sounds For Baby” (1964), de Raymond Scott, “Snowflakes Are Dancing” (1974), de Tomita, “Mother Earth’s Plantasia” (1976), de Mort Garson, “Ssss” (2013), de VCMG, o “Salve Monstera” (2022), de Jordi Sapena. Maravilloso y genial. ∎