Noise rock, música clásica de vanguardia y baladas sinfónicas de los setenta florecen en el asalto definitivo de Friko. Si “Where We’ve Been, Where We Go From Here” (2024) los situó hace un par de años como el relevo generacional del indie menos lineal, mezclando estructuras y un dramatismo casi teatral, este nuevo trabajo, “Something Worth Waiting For”, es la constatación de que a los de Chicago no les asusta el vértigo. Aquella primera entrega, gestada entre turnos en almacenes y grabaciones precarias que apenas podían costearse, puso el listón a una altura difícil de batir. Sin embargo, Niko Kapetan y Bailey Minzenberger decidieron que la mejor forma de gestionar la presión era dejar de ser un dúo para fortificarse como cuarteto con la entrada de Korgan Robb a la guitarra y David Fuller al bajo.
Lo que tenemos entre manos es una descarga en la que tiran de arreglos de cámara y ruido a partes iguales, dejando claro que llevan años masticando el polvo de la carretera y que no tienen ninguna intención de bajarse del escenario a corto plazo. Para muestra, un botón: basta con asomarse a su web oficial y echar un ojo a la maratoniana gira que tienen por delante este año. Para cincelar este artefacto se mudaron un par de semanas a Los Ángeles con John Congleton. El productor, perro viejo en esto de sacar a relucir las aristas de gente como St. Vincent o Angel Olsen, les impuso una dieta de pocas tomas. Querían sonar orgánicos, sin ese filtro protector que a veces da el estudio. Esa urgencia se nota en un Kapetan que canta con una forma de escupir las palabras que trae a la cabeza a aquel Gordon Gano de los Violent Femmes.
El álbum arranca con “Guess”, donde Niko toma aire antes de soltar un mantra sobre lo poco que ofrece este mundo para hacernos felices. La letra es una letanía de dudas (hundirse o nadar, una mentira o una cagada) que termina saltando por los aires. Y como no está claro si la jugada pide llanto o carcajada, él lo resuelve con una risa maníaca, “It’s a hahahahahaha”, mientras la banda pisa a fondo el acelerador en un crescendo puramente noise. Esa inercia adrenalínica continúa en “Still Around”, entre explosiones de guitarra y fogonazos de batería. En “Choo Choo”, Kapetan se deja de metáforas complejas para abrazar la mística ferroviaria con un estribillo que imita el traqueteo de una locomotora: “And go like ‘choo-choo,’ and go like ‘choo-choo’ / And go like ‘choo-choo’”.
La disparidad melódica es, quizá, su mayor triunfo. Pasamos de la melancolía pop de "Alice", que nos avisa de que el conejo blanco no es más que otro peón en este tablero, a la amplitud de “Certainty”, donde el piano melancólico de Niko y los arreglos de cuerda de Jherek Bischoff elevan una fábula sobre el escapismo cotidiano. Esa misma montaña rusa no da tregua en la recta final. Se atreven a bajar las pulsaciones con la opulencia de la balada “Hot Air Balloon”, solo para volarnos la cabeza a continuación con “Seven Degrees”. Aquí levantan el muro de sonido más denso y abrasivo de todo el disco, mientras Kapetan termina aullando como un animal herido, rogando por una brisa de verano que los vuelva a juntar (“waiting for a summer breeze to throw us in each other's arms again”). ¿Os acordáis de los maravillosos The Polyphonic Spree? Pues algo de esa euforia orquestal asoma aquí, pero con unos toques de Brian Wilson que le dan a la canción una luz muy de balada de los setenta.
Y justo cuando parece que no pueden tensar más la cuerda, desenfundan el tema titular, “Something Worth Waiting For”, que nos arrastra en un crescendo bombástico donde la felicidad parece estar, ¡por fin!, a solo una parada de distancia. El cierre con “Dear Bicycle” es una pequeña joya de humildad. Una oda a una bici oxidada que sirve para admitir que el tiempo pasa y las fuerzas flaquean, pero que aún quedan avenidas por recorrer: “I was stronger then / I’m not stronger now / Dear bicycle”.
“Something Worth Waiting For” es un disco que gana solera conforme las escuchas le quitan el polvo. Friko han firmado un diario que suena condenadamente real. Han sabido ser teatrales sin caer en el ridículo y vulnerables sin pedir perdón. En la portada los vemos pedaleando felices hacia un horizonte que no alcanzamos a ver. Nosotros no sabemos qué han encontrado allí, pero con canciones así, lo de menos es la estación de llegada. Hagan el favor de subirse, que el viaje merece mucho la pena. ∎