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Fugazi

Albini Sessions (Benefit For Letters Charity)Dischord, 2026

Durante décadas asistimos a la circulación, por canales subterráneos, de las cintas de una legendaria sesión realizada en Chicago entre Fugazi y el ingeniero (que no productor) Steve Albini a principios de los noventa, en la que fueron abordadas las canciones que acabarían constituyendo el tercer largo del grupo, In On The Kill Taker” (1993). A priori, el inspirado encuentro entre ambas entidades, en noviembre de 1992, tenía todo el sentido del mundo: dos auténticos pesos pesados de la escena verdaderamente alternativa, enormemente afines en cuanto a principios éticos y prácticas profesionales. Ambos eran célebres por su férrea defensa de la independencia operativa ante los crecientes procesos de expansión y usurpación corporativa, por la hostilidad que demostraban hacia el corrupto ecosistema de los sellos comerciales y por su ensalzamiento de la idiosincrasia creativa de todas las bandas y su autonomía artística y comercial. Además, en lo estilístico, si bien procedían de geografías y genealogías musicales totalmente distintas, ambos compartían una similar devoción por la música bulliciosa, la irreverencia e inteligencia lírica y la sofisticación post-hardcore. Sin embargo, algo no acabó de cuajar: poco después de concluir la sesión, el grupo no tardó en determinar que las grabaciones sonaban demasiado “planas” y optó por descartarlas, decidiendo regresar a los servicios de Ted Niceley y Don Zientara, sus hombres de confianza en Washington DC y responsables de todos los álbumes anteriores.

Al parecer, Albini también aceptó que, a pesar del excelente ambiente de colaboración y camaradería que se vivió en Chicago, algo fallaba en el resultado final. Eso es lo que sabíamos: a lo largo de todos estos años, han persistido interrogantes derivados entre los fans de Fugazi: ¿estuvo justificado el rechazo del grupo?, ¿cómo pudo pifiarla San Albini, patrón de los ingenieros analógicos? Visto que siguieron siendo buenos amigos, ¿por qué no quisieron volver a colaborar más adelante? Hasta la fecha solo contábamos con bootlegs de sonido dudoso para poder debatir y trazar intentos de conclusión. Ahora, recurriendo directamente a los másteres originales de la sesión, el grupo por fin ha publicado de manera oficial, en formato digital, la integridad de las grabaciones. El espíritu de la edición queda retratado en la reformulación de la portada: el Monumento a Washington que aparecía en “In On The Kill Taker” es sustituido por la edificación antiguamente conocida como la Torre Sears, emblema de la ciudad de Chicago. Queda claro que este lanzamiento responde al deseo de rendir homenaje a Albini, tristemente fallecido demasiado joven: todos los ingresos recaudados en Bandcamp serán redirigidos a Letters Charity, una ONG con la que él y su mujer Heather Whinna solían trabajar, destinada a ayudar económicamente a familias estadounidenses que viven en la pobreza. Y pues... ¿Acertó el grupo con su decisión de descartar la labor de Albini?

Por un lado, puede que exageraran la mediocridad de las grabaciones. Y, asimismo, sus críticas son totalmente comprensibles. El principal problema de estas versiones es simultáneamente su mayor virtud: ofrecen la versión más cruda y estrepitosa de la banda, rozando el vigor de sus directos. Esto no debería sorprender a nadie que conozca la ética de producción habitual de Albini; más interesante resulta reflexionar hasta qué punto este “tratamiento apisonadora” cuadra con la naturaleza de Fugazi. Por supuesto, la virulencia sonora es una parte esencial de su ADN; pero situar demasiado énfasis en esa dimensión bien podría perjudicar y desequilibrar el resto de sus dinámicas, incluyendo la sofisticación compositiva, la matemática de las capas, y los precisos instantes de oxigenación y modulación. En otras palabras, podría decirse que Albini los convierte en algo más noise rock de lo que realmente son. Contribuye a esta sensación que este probablemente sea, en su esencia interpretativa y compositiva, uno de los álbumes más tralleros de toda la discografía del grupo. Pero es la mezcla –más que la grabación o instrumentación– lo que exacerba el efecto abrasivo: en temas como “Cassavetes”, “Returning The Screw” o “Facet Squared”, las guitarras acaparan decisivamente el primer plano, lo cual enaltece la agresividad de las composiciones y, en consecuencia, del grupo. Desde luego, esas guitarras llegan a sonar gloriosas –para qué negarlo–, aunque sacrifiquen un poco el equilibrio de elementos antes mencionado.

La fuerza de Fugazi, en 1993, año de “In On The Kill Taker”. Foto: Lindsay Brice (Getty Images)
La fuerza de Fugazi, en 1993, año de “In On The Kill Taker”. Foto: Lindsay Brice (Getty Images)

En diversidad de ocasiones, también resulta confuso el procesamiento de las voces y la batería: teniendo en cuenta los elevados estándares de calidad de Albini (que a esas alturas ya había facturado clásicos de The Jesus Lizard y Bitch Magnet), perturba la esporádica tendencia al enlatado. Con frecuencia es en las secciones de volumen elevado donde la mezcla deviene semiempantanada, suscitando cierto desafinamiento tonal. “Rend It” es un ejemplo paradigmático de ello: en sus momentos finales, el bullicio llega a ser incluso machacante. ¿Es mejor...? ¿Es peor...? Dependerá del gusto del oyente; lo que está claro es que plantea una representación distinta de la banda. Podrían parecer inocuas, pero este tipo de (micro)alteraciones recalibran relativamente su personalidad sonora, en especial en el caso de las canciones más lentas. Los elegantes grooves rítmicos de la excelsa “Instrument”, por ejemplo, pierden bastante su lugar protagónico al promoverse el rol de las intensas cuchilladas guitarreras; el memorable riff principal de “Last Chance For A Slow Dance”, por otro lado, se revela más intimidatorio que en la versión a la que estábamos acostumbrados, donde ese punto amenazante quedaba más diluido por el contrapunto melancólico de su melodía. Por razones parecidas, la instrumental “Sweet And Low”, uno de los temas más peculiares de todo el repertorio de Fugazi, cojea en manos de Albini. A pesar de contar con un tempo un poco más acelerado, su tratamiento amortigua la sensorial expresión de paisajismo sereno y expansividad emocional que hacía de esa pieza algo mágico e inspirador. No obstante, también hay diversos aciertos: el inconfundible sello de Albini asciende a más de una cumbre de lucidez, como el bajo fustigador de la segunda mitad de “Public Witness Program”, que parece importado de un disco de Shellac; o las maravillosas puñaladas guitarreras metalizadas del puente de “Great Cop”, que nos retrotraen a una maquinalidad digna de Big Black. Dado que ambas canciones son particularmente punkarras (y poco laberínticas a nivel compositivo), salen bien paradas: es en este tipo de estructuras y morfologías donde la mezcla de Chicago logra imponerse a la de Washington DC, ya que el traumatismo sónico tiene más sentido. Lo mismo podría decirse del último tercio de “Smallpox Champion”, que Albini transforma en una desenfrenada locomotora de sablazos de ruido y baquetas castigadoras. Se extravían algunos matices en el denso tráfico, pero la rotundidad y contundencia adquiridas cubren cualquier pérdida.

Con todo, más allá de las variaciones en el posicionamiento de micrófonos y la jerarquía de volúmenes, hay pocas diferencias sustanciales respecto a las piezas que ya conocemos de “In On The Kill Taker”; por eso mismo, estas sesiones interesarán especialmente a los más cafeteros de la producción. El único cambio verdaderamente significativo en lo compositivo se encuentra en “23 Beats Off”: aquí no asoman los tres agónicos minutos de experimentalismo con feedback que cierran la otra versión, probablemente porque en esta primera tentativa el grupo aún no había determinado cómo rematar el tema; si Albini hubiese grabado ese segmento, nos sangrarían los oídos. En líneas generales, como hemos visto, sus mezclas ensucian el sonido del grupo (en el mejor y en el peor de los sentidos), pero resulta evidente que, dado el elevadísimo nivel del material original y la entrega absoluta de la banda en lo interpretativo, de haber optado por esta grabación del disco, seguiría siendo un clásico emblemático –y quizá algo sorprendente– de su catálogo; en cualquier caso, es una escucha obligatoria para todos los fans de Fugazi. En paz descanse el bueno de Steve, y ojalá podamos seguir disfrutando durante muchos años de Ian, Joe, Brendan y Guy, ya sea juntos o por separado. ∎

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