Según explica el músico, productor y DJ marroquí Abdellah M. Hassack, alias Guedra Guedra, “antes de la colonización europea de África, las fronteras entre los países como hoy las conocemos no existían. Es por este motivo por lo que las experiencias sociales y musicales siguen tan entrelazas en gran parte del continente”. Dice todo eso porque en su nuevo trabajo para el sello británico Smugglers Way, la rama más experimental de Domino, se ha dedicado a viajar por diferentes zonas para realizar grabaciones de campo que son la base de su segundo álbum, “MUTANT”, en el que adapta su visión panafricana a un concepto electrónico que mira tanto a las pistas de baile como a la abstracción sonora. Y es que, según afirma, para él la música electrónica “más que un género, es un nuevo lenguaje”.
La inmersión en culturas locales de países del oeste y del este de África le ha servido para identificar trazos comunes en la rica variedad de las tradiciones. Su trabajo de campo en Egipto, Mauritania, Senegal, Tanzania, Túnez y Guinea, con el grabador digital Zoom H4 y su iPhone, incluye tanto cánticos e instrumentos como el ruido de pobladas calles o sonidos atmosféricos; es un material que le sirve de base en sus transformaciones sintéticas con loops, glitches y experimentación imaginativa, siguiendo el principio de un antiguo proverbio aprendido de su abuela que, traducido del marroquí, sería “lo nuevo es bueno, pero nunca abandones lo viejo”. Según afirma, “esa sabiduría me ha acompañado en todo lo que hago. Cada voz, cada entorno, cada sonido accidental forma parte de una historia más amplia sobre quiénes somos y cómo llegamos a serlo”.
El primer tema, “Drift Of Drummer”, se basa en lo que escuchó en Kouroussa, una pequeña ciudad del norte de Guinea. Así, los polirritmos del djembe se entrelazan con ritmos programados, sintetizadores opacos, voces sampleadas y soundscapes de una megalópolis hasta lograr una contundente y convincente pieza de global bass. Por su parte, “Paradigm” se levanta sobre los cantos de llamada y respuesta de los pueblos masái, que, unidos a las percusiones, tejen un tapiz sobre el que superpone ritmos house y capas sintéticas para lograr un híbrido apto para la pista de baile y también válido para el chill out lounge.
Pero lejos de querer usar los samples como algo extractivista o de utilizar la música tradicional como una fuente exótica, la pretensión de Guedra Guedra es la de “dejar que el pasado le hable al futuro con su propia voz” y de “desafiar el dominio de las estructuras musicales y los sistemas de afinación occidentales” para dar cabida a una música africana “que exista en sus propios términos”. Su mismo nombre artístico hace referencia a la guedra, una danza tradicional del Sáhara que utiliza como elemento percutivo una olla de barro cubierta con piel de cabra, siendo “el nombre de un instrumento y de un ritual; una forma de reunir a la gente, crear ritmo y transmitir historias”.
Pero, a la vez, y tal como el título del disco indica, se trata de cambio y adaptación, de mirar hacia el futuro. Por eso su ambición, más allá de sus dos notables álbumes ethno-techno, es la de vincularse a proyectos interdisciplinarios, como instalaciones audiovisuales y colaboraciones con otros creadores africanos. De momento destila alquimia sonora desde su actual estudio de Marrakech, en cuyas calles está rodado el vídeo que ilustra el single “Drift Of Drummer”.
El tema central del álbum, “Tribes With Flags”, lo construye sobre un recitado de Jihan El-Tahri, cineasta, escritora y artista visual franco-egipcia. Cual Laurie Anderson, un extracto de su spoken word crepuscular dice, traducido del inglés: “¿Seguimos en el punto de partida de la víspera de la independencia? ¿Murió el panafricanismo? ¿Fue estrangulado o espera ser revivido? ¿Fueron Lumumba, Nkrumah, Nasser y Cabral los que se equivocaron? ¿O simplemente nos extraviamos? Divide y vencerás triunfó, desgarrando nuestro noble continente”, todo sobre el crepitar de un viejo vinilo y samples de voces que parecen de pigmeos.
La elegíaca “The Arc Of Three Colours”, que ya figuraba en su primer álbum, “Vexillology” (2021), sirve para resaltar el canto amazigh de Foulane Bouhssine, sobresaliendo profundo entre secuencias de ritmos, para preservar la tradición del ritual Ahwach que se celebra en las comunidades del Alto Atlas marroquí. Su voz jonda vuelva a sonar en “Tamayyurt”, otra incursión en lo ceremonial que se transforma gracias al software del Ableton Live en una andanada percutiva afrofuturista. Densas basslines techno conviven en “Ring Of Fire” y “Z” con cantos tribales, indescifrables ruidos de muchedumbres, voces deformadas, percusiones étnicas y flautas sintéticas para alumbrar inapelables llenapistas fáciles de imaginar bajo luces estroboscópicas. Y no puede faltar la estridente rhaita bereber en “Four Lambs”, camuflada en una producción de voces entrecortadas deudora del hip hop.
A modo de bonus tracks, concluye el disco con dos temas: “Aït Crossing”, un triturado de voces, tambores e instrumentos tribales, percusiones electrónicas y bajos de frecuencias abisales en una deconstrucción con ritmo que continúa de manera similar en “Uggug”, insistiendo en la idea de que “los polirritmos africanos no son simplemente un pulso o una medida: son una cartografía de la vida. Expresan la complejidad social, las capas de la historia oral, la dinámica comunitaria y las dimensiones espirituales de la existencia”. ∎