Iron And Wine entrega su undécimo trabajo largo en estudio trazando coordenadas similares, por no decir que musical y temáticamente idénticas, al precedente, “Light Verse” (2024), con el que Sam Beam regresó tras un largo período de sequía pospandémica precedida por su colaboración con Calexico en “Years To Burn” (2019). Técnicamente nos encontramos por tanto ante el primer disco en solitario del norteamericano desde su estreno para Sub Pop en 2017, “Beast Epic”, aunque decirlo así es tan solo una forma de hablar, puesto que Beam vuelve a apoyarse en el corazón de una banda compuesta por músicos tan sólidos y versátiles como el guitarrista David Garza, Sebastian Steinberg al bajo o el teclista Tyler Chester. En ambos trabajos también destaca la presencia de un nutrido grupo de violines, violonchelos, violas y del multinstrumentista Paul Cartwright.
“Hen’s Teeth” se estrena con el pop elegante de “Roses”, una elegía a la felicidad compartida y a su fugacidad que Beam se encarga de enturbiar en su segmento final recordando de paso a algo buenísimo de los olvidados Ben & Jason mezclado con un toque de fuzz guitar tipo Tony Peluso. Otro corte destacable es “Singing Saw”, un ejercicio brillante de soft folk de cámara en clave Sagittarius con una pléyade concitada de elementos disonantes, pizzicatos, melotrón, vocalizaciones sixties y la ayuda de la hija del cantante barbudo, Arden Beam –en “Light Verse” era Fiona Apple quien aportaba las armonías vocales–, seguida de “In Your Ocean”, esta vez en clave Laurel Canyon con unos arreglos infalibles de mandolina a cargo de Cartwright.
El trío femenino de folk americano I’m With Hear contribuye en dos números, “Wait Up” y la beateliana “Robin’s Egg”, que no se debe confundir con “Robin’s Nest” pero tal vez sí con el surrealismo de la “gallina dentada” que bautiza el álbum y la ligereza vitalista de unos High Llamas tan fascinados siempre con las actividades cotidianas, a quienes Bean también se acercaría en cortes tropicales como “Defiance, Ohio”. Pero es en temas de media distancia como la sublime “Grace Notes” donde Arden interviene de nuevo junto a un violín tradicional, y en la coral, jazzística, casi sinfónica, con armonías tipo Simon & Garfunkel, “Dates And Dead People” donde Beam sube la marcha del formidable equipo de músicos con el que cuenta, mostrando una madurez desprendida de antiguas austeridades, un poco como hizo Bill Callahan tras disipar las espesuras de Smog. El hecho subjetivo de que “Half Measures” suene a un John Cale bucólico, a las últimas ensoñaciones de Dylan en su cayo occidental o al Andrew Bird más contemplativo nos lleva a pensar que Iron And Wine no pretende descubrir nuevos caminos estilísticos, al menos no de una manera disruptiva, sino dar una forma inmejorable a lo que ya conoce y conocemos alrededor de un centro gravitatorio llamado belleza, si bien “Hen’s Teeth” es en realidad tan raro como sugiere su título, además de una bendición de enorme consistencia para estos tiempos que corren. ∎