Álbum

Julian Lage

Scenes From AboveBlue Note-Universal, 2026

La segunda colaboración entre el guitarrista Julian Lage y el productor Joe Henry es, como la anterior, “Speak To Me” (2024), un perfecto cruce de intereses. El autor de álbumes espléndidos como “Scar” (2001) y “The Gospel According To Water” (2019) continúa explorando, aquí por delegación, los distintos requiebros del sonido americana, algo que a Lage, que ha tocado mucho con Bill Frisell, el maestro en estas lides, también le interesa ahondar. El acento jazz del guitarrista –el jazz es solo un punto de partida, a veces incluso una tapadera– y el más blues y folk del productor –que nunca ha renunciado a la electricidad y a cierta virulencia formal– encuentran el justo punto medio, aunque quien gobierna es Lage, su forma de tocar y de componer, siempre desde una cierta intimidad carente de melancolía.

A diferencia del anterior disco, en el que tocaban dos colaboradores de Henry, su hijo y saxofonista Levon Henry y el teclista Patrick Warren, y los dos que conforman el trío de Lage –el bajista Jorge Roeder y el batería Dave King–, más la pianista Kris Davis, en “Scenes From Above” solo se mantiene Roeder, y Warren aporta con cuentagotas cuerdas, el polifónico y recuperado chamberlin y el portátil y también añejo dulcitone, dos teclados más que analógicos. De la batería se encarga el versátil Kenny Wollesen, miembro del New Masada Quartet de John Zorn junto con Lage y Roeder, y otro habitual de las aventuras conjuntas de todos ellos, John Medeski, toca órgano y piano.

De los nueve temas, tres son con guitarra acústica; tanto por la forma de tañer las cuerdas como por la rítmica de la percusión, el jugueteo del contrabajo y la densidad líquida del Hammond B3, resultan los más cálidos y hasta efusivos. Lage digita con extrema precisión y nunca se acomoda. Esto no es ninguna noticia para quien siga su obra en solitario o en colaboración, pero en estos cortes, especialmente en el titulado “Havens”, alcanza una expresividad distinta, mercurial. “Ocala” es una indagación más fronteriza, de blues pausado y envolvente, algo soñador, en el que el órgano crea un espacio distinto y la acústica se muestra más perezosa. Y “Storyville” es más revoltosa, el piano le gana espacio al órgano y la guitarra acústica prefiere situarse de manera más sigilosa detrás del resto de instrumentos.

Las seis piezas con guitarra eléctrica también son precisas y preciosas. “Opal”, con el contrapunto de unas notas de piano espaciadas como un rumor, posee una melodía delicada y un sonido cristalino. “Red Elm” es la más jazzera, a rafagas intensa, a ratos espacial. En “Talking Drum” quien manda es Medeski, como solista o detrás de la guitarra, con esa capacidad para reinventar el sonido clásico del Hammond sin que parezca que lo esté haciendo. “Night Shade” es una delicia, lenta y penetrante, reposada y litúrgica, con el órgano encaminado hacia el soul y el góspel y las seis cuerdas reverberando con calma. “Solid Air” posee algo del jazz espiritual de los sesenta y “Something More” cierra el excelente disco con aires de despedida cariñosa y sincera. Escenas desde arriba, pero en realidad están contempladas a la altura de los ojos, con la mirada limpia y segura. ∎

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