Cuando Lucas Bun debutó en formato largo con “POR EMPEZAR” (2023), ya me pareció que lo más interesante eran los cortes que le produjo Pau Aymí. Pasados tres años, y con una participación de Lucas Bondia (nombre que figura en su DNI) en el Benidorm Fest 2025 de por medio (entre otras ocupaciones, claro), el rol del productor catalán también ha ido agrandándose en recientes trabajos de Amaia, Sila Lua, Maria Hein o hasta Jeanette (su dueto con el propio Lucas, “Como un cristal”), y adquiere una importante cota de refinamiento en su renovada alianza con un Bun que aquí apuesta por reformular el bolero desde una perspectiva rotundamente contemporánea. Si su debut traslucía dispersión estilística, aquí apuesta por jugárselo todo a una carta: darle un buen meneo a uno de los géneros más sentimentalmente descarnados, melancólicos y emotivos que ha dado la música popular en castellano. Porque Corcobado, Calamaro, Bunbury o Jorge Martínez (Ilegales), entre otros, ya demostraron sobradamente que no es necesario ser Moncho, Dyango, Martirio ni María Dolores Pradera para adueñarse de estas canciones hasta hacerlas propias. Y en el ADN de Lucas Bun, como intérprete propenso al melodrama pop que es, este puñado de doce clásicos, provenientes de autores cubanos, mexicanos y puertorriqueños de los años treinta a los ochenta del siglo XX, encastan con naturalidad. También porque encarnan certezas eternas.
El tacto es, cómo no, electrónico, pero lo suficientemente diverso como para no dejar de estimular los sentidos y lo suficientemente fluido y respetuoso con el espíritu de los originales como para no permitirse ahogar su torrente emocional. Las formas cambian, el fondo persiste. Y eso es lo mejor que puede decirse. Los aires de bolero sideral son explícitos desde la inaugural “Hola qué tal” (escrita por Gilberto Urquiza y Manuel Salinger en 1952; popularizada por Lorenzo González) hasta la inédita “Solo tú y yo” (de Pere Sánchez y Tania Mesa), la única creada para la ocasión. El ritmo entrecortado, pasando de cumbiera a ravera, de “Corazón loco” (Richard Dannenberg en 1968, popularizada por Antonio Machín), la eleva a otra dimensión. Nunca hubiéramos pensado que “Si tú me dices ven” (Alfredo Gil en 1976; popularizada por Los Panchos) podría sonar a synthpop tectónico. Ni que “Nosotros” (Pedro Junco Jr. en 1943; más tarde Los Panchos o Julio Iglesias) pudiera tomar forma de hyperpop, aquí con la voz invitada de Cristina Len.
El ecuador del disco se permite cierta relajación formal, un tono un poco más clásico: la sempiterna “Quizás, quizás, quizás” (Osvaldo Farrés, 1947) adquiere un tinte algo más lounge, con un contrabajo prominente, mientras “Mía” (Armando Manzanero, 1967) tan solo se asea con una guitarra acústica y unos coros en modo vocoder, ejerciendo como una suerte de interludio central. “Si te contara” (Félix Reina, 1958) emerge densa, oscura, hipnótica, en combinación con la voz de Niño de Elche y una cadencia muy trip hop. Y es que el ritmo ni se detiene ni se enquista en la misma fórmula: “Qué sabes tú” (Myrta Silva en 1980; popularizada por Olga Guillot) recuerda a la dinámica del 2-step y “Regálame esta noche” (Roberto Cantoral en 1958; popularizada por Javier Solís), con la voz de Dianka, a la microelectrónica de los primeros dos mil.
Más atemporales resultan “El ciego” (Armando Manzanero en 1967; popularizada por Pablo Milanés o José Feliciano), con su introducción de piano clásico y sus leves notas de sintetizador, y los arreglos orquestales de big band de “La gloria eres tú” (José Antonio Méndez en 1947, popularizada por Los Tres Diamantes), condimentando una revisión presidida en todo momento, cómo no, por la espléndida voz de Lucas. ∎