Álbum

Margaret Glaspy

Echo The DiamondATO-[PIAS] Ibero América, 2023

Podría parecer que Margaret Glaspy se toma las cosas con tiempo, una rareza en nuestros días. Entre el folk-rock “Emotions And Math” (2016) y aquel “Devotion” (2020) de viraje a los beats programados, pasaron cuatro años. Y otros tres ha tardado en publicar este “Echo The Diamond”, producido por ella misma con su marido, el guitarrista prodigio Julian Lage. Disco producto, en realidad, de velocidades e intuiciones: Glaspy compuso los temas rápidamente y los grabó aún más rápidamente, en solo tres días, con músicos de la talla del batería Dave King (miembro fundador de The Bad Plus) y el bajista Chris Morrissey (Andrew Bird, Haley Bonar).

No cabe esperar aquí un número de funk robótico como “You’ve Got My Number”. Es una lástima (porque aquel tema era excelente), pero a cambio tenemos muestras exquisitas de Glaspy en su estado más crudo. En más de un sentido: a la predominancia de las guitarras se unen unas letras sin la ironía millennial de hace unos años y con alto nivel de honestidad y autocrítica. Quizá la mejor muestra en este sentido sea el estribillo de “Turn The Engine”, cuando canta sobre lo fácil que le resulta ser buena con todo el mundo… salvo consigo misma.

Pero ya en la inicial “Act Natural”, con tremendo riff blues en el centro, Glaspy se siente poca cosa al lado de alguien deslumbrante: “¿Eres un ave del paraíso?”. Justo después, en “Get Back”, se pregunta si la solución a esta constante sensación de insuficiencia no será volver mentalmente a quien eras de pequeño, a esa persona menos autoconsciente que sabía disfrutar de las cosas. Entre 2:41 y 2:55, su desesperación se traduce en un fantástico alarido. Suena natural e imaginado casi en el momento, como la segunda mitad de “Female Brain”, reflexión sobre las pequeñas indignidades a las que toda mujer ha de hacer frente en el día a día.

La tensión decae un poco, sin que lo haga el disco, en “Irish Goodbye”, medio tiempo sobre, así es, una despedida a la irlandesa. Aún más lenta y mejor es “Memories”, vals pop sobre los poderes aniquiladores de la pérdida. Según explicó en entrevista con ‘Paste’, a Glaspy le costó tanto cantarla, invadida por la emoción, que la toma que suena en el disco es la única completa que existe. “Te juro que estoy bien / Hasta que viajo atrás en el tiempo / A todos esos recuerdos”, canta con sentimiento imposible.

Puede que el mensaje de “My Eyes” sea manido (el clásico “todo va a ir bien”, cada vez menos creíble), pero otros temas de la recta final distan de ser relleno. Lo mejor que puede decirse de “Hammer And The Nail”, cocompuesta con Ryan Lerman, es que casi parece una versión de algún tema perdido de Fiona Apple (en otros discos, los aires conversacionales habían remitido más a Regina Spektor). Y en la final “People Who Talk”, Glaspy acierta al recordarnos que la gente que habla mucho puede decir poco. Por eso ella se contenta (y nos contenta) con treinta y cinco minutos de disco que se hacen bastante cortos. ∎

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