Fue hace cuatro años cuando Meitei se dio a conocer a través de una de las trayectorias más necesarias de lo que llevamos de década. Imbuido de la introspección de las sensaciones ligadas a la ortodoxia del pop hipnagógico patentado por gurús de las sonoridades a nivel subconsciente, como Oneohtrix Point Never, James Ferraro y Moon Wiring Club, el nipón ofrece su particular versión de dicha metodología mediante una inmersión profunda en los significantes que pueblan el abecedario de la cultura tradicional japonesa. En este sentido, LPs anteriores como “Kwaidan” (2019) y “Kofū” (2020) ya fueron piedras de toque sobresalientes dentro de este cometido, marcado por una reconversión profundamente física de la materia ambient. En su caso, llevado al extremo por medio de una perspectiva que aboga por utilizar los elementos característicos de la musique concrète mediante una musicalización impresionista de la misma, plasmada en viñetas que dibujan escenas costumbristas de la tradición milenaria japonesa.
La forma de expresar su original cirugía artesanal de lo digital alcanza el sumun en “Kofū III”. El difuminado borroso que adquieren las sonoridades llega al punto de recordarnos a la forma con la que Leyland Kirby nos introduce en los años veinte y treinta del siglo pasado por medio de su alter ego como The Caretaker. Eso sí, a su manera, claro está. En su caso, por medio de sinfonías circulares de gran propensión paisajística. Escuchar piezas como “Reimei” o “Shishei” es como viajar al centro de la mente de su creador: casi se pueden palpar los lienzos que van componiendo su cuadro de sueños, siempre impulsados por alguna motivación temática de fondo. Casos significativos de este hecho son cortes como “Edogawa Ranpo”, cuyo título hace referencia al genial autor japonés de novelas detectivescas de misterio. Otro buen ejemplo de la psicografía cultural en torno al país del sol naciente es “Yume-jūya”, inspirada en un cuento del escritor Soseki Natsume.
Tal como sucede en estos dos temas, Meitei juega siempre con la interpretación libre que otorga la adaptación de un texto literario. En este caso llevado al límite, por medio de música instrumental profundamente anclada en la memoria de toda una cultura. Una que llega hasta esa obra de arte titulada “Shishei”, en la que Meitei nos hace partícipes de una recreación musical en la que nos empuja a imaginar a un hombre tatuando una araña en el cuerpo de una mujer. Esta canción parte de la influencia que Meitei ha recibido de los libros de cuentos de Junichirō Tanizaki.
Adentrarse en “Kofū III” no deja de ser una vibrante experiencia sensorial (incluso, didáctica) a través de la que somos partícipes de la propia odisea vital de un autor de emociones neblinosas, cuajadas en su particular travesía de la cosmópolis alocada de Tokio al karma rural de Onomichi, perteneciente a Hiroshima, a la que dedica el último capítulo de tan abrumadora demostración de genio. Meitei ha logrado, de nuevo, superarse a sí mismo y, por qué no decirlo, también a todos los demás que juegan en su misma liga. ∎