Reedición

Pata Negra

Blues de la fronteraVinilísssimo-Munster, 2011
La paciencia y el bolsillo del difunto Mario Pacheco permitieron que “Blues de la frontera” (1988) –séptimo mejor disco español del siglo XX según el Rockdelux 223– llegara a buen puerto. El jefe del sello Nuevos Medios, principal valedor editorial del nuevo flamenco, supo lidiar con una grabación fragmentaria que parecía eternizarse y puso a disposición de los hermanos Amador todo lo necesario. Cuesta creer que Rafaliyo y Raimundo facturaran este disco casi sin hablarse. Su relación, a la deriva en un mar de egos, se hundió durante la gestación del álbum y Raimundo terminó poniendo tierra de por medio.

Secundado por un plantel de músicos que era puro lujo ibérico –miembros de Ketama, Alameda, Dogo y Los Mercenarios o Smash en los créditos–, el fraternal dúo hispalense refinó todo lo apuntado en sus anteriores trabajos, estableciendo un fluido diálogo genérico en el que se imponían rock y flamenco, pero que tendía puentes entre la Plaza de Doña Elvira y Broadway –el estándar “How High The Moon”–, teñía de jazz las sevillanas “Pasa la vida” –originales de Romero Sanjuán, para quien Raimundo trabajaba tocando el bajo– o dirigía su proa hacia costas jamaicanas en “Lunático”.

Con Carlos Lencero frente al escritorio –inolvidables los textos de “Yo me quedo en Sevilla”, “Camarón” y “Calle Betis”– y el visionario Ricardo Pachón en la pecera –Raimundo asegura que su mayor acierto fue “dejar hacer”, aunque admite que “Camarón” entró a última hora por insistencia del productor–, Pata Negra firmaron esta obra maestra e inagotable que, ahora, gracias a la serie Vinilísssimo, vuelve a girar en nuestros platos. ∎

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