Álbum

Pedro The Lion

Santa CruzPolyvinyl, 2024

Desde que David Bazan resucitara en 2019 el nombre de Pedro The Lion con “Phoenix”, ha ido dibujando una serie de álbumes inspirados en los lugares donde ha vivido y en las historias de esos momentos de su vida. Esta serie, planeada en cinco discos, llega a su tercer episodio con “Santa Cruz”, siguiendo a “Hasavu” (2022). Después de descomprimir su infancia en los discos anteriores, ahora llega por fin a su adolescencia: la obra abarca el período desde que Bazan tenía 13 años hasta los 21, cuando se gestó “Whole” (1997), su primer EP.

Mientras que con algunas bandas tienes que sentarte pacientemente para escuchar su meticuloso sonido, con Pedro The Lion tienes que hacerlo para entender sus emociones y anhelos, una estela que Bazan ha sabido siempre delinear a la perfección, donde el arte de su música se convierte en la catarsis para su propia curación. El recorrido atraviesa varias ciudades del norte de California y el noroeste del Pacífico, con altos en el camino para la intimidad física, la frustración emocional y el dilema espiritual. Aunque su fe religiosa en el cristianismo evangélico se iba quebrando en el camino, sus esperanzas no.

A lo largo de estas once canciones, la inconfundible y sombría voz de Bazan y su estilo narrativo están en plena forma. A su característico indie rock sencillo –que algunas veces suena similar a Father John Misty con la voz de John Grant, y otras veces se acerca más a bandas como Elbow y The National– se incorpora una vibrante atmósfera impulsada por los sintetizadores.

Con la percusión abrasando a golpe de metrónomo y un órgano que se suma a mitad de canción, arranca “It All Work Out”, el primer tema, más dark ambient, pista que ahonda en la necesidad de mantener ciertos aspectos ocultos o privados por un tiempo para compartirlos en el futuro con un amigo. En “Santa Cruz”, que da nombre al álbum, el narrador busca la aceptación en una nueva ciudad mientras se debate entre su fe religiosa y la cultura predominante, reflejando su búsqueda de identidad propia: “So I’ll never be cool here / It’s under the surface / With skaters and surfers / crave an identity”. En “Little Help”, relata la primera vez que escuchó a The Beatles durmiendo en casa de un amigo: “Singing along to ‘The Fool On The Hill’”.

Las guitarras aparecen más claramente en “Spend Time”, donde relata cómo deja la universidad para perseguir su pasión por la música. Esta canción lo tiene todo para convertirse en un himno que celebra la independencia y es perfecta para cerrar todos sus conciertos. Bazan hace amigos y comienza a tocar en bandas en “Teacher’s Pet”, luchando con el difícil equilibrio entre la música y sus estudios; las guitarras magistrales nos recuerdan a veces al rock dosmilero de bandas como Beauty Pill, y las voces, a aquellas que solo Stephen Malkmus es capaz de poner para explicar sus peculiares historias.

La última pista, “Only Yesterday”, destaca como el culmen de la narrativa que se desarrolla a lo largo de las diez canciones previas. Arraigada en la soledad, la nostalgia y la búsqueda de conexión, sorprende al rematar con una serendipia absoluta y un cambio de perspectiva pasando de segunda a primera persona: A lighthouse and a satellite are making plans, holding hands, spinning wheels. I finally feel some sunlight on my face”.

David Bazan ha escrito algunos de los mejores temas de toda su carrera con este disco. En “Santa Cruz” es francamente demoledora la atractiva combinación de franqueza y realidad con el sonido casi espiritual que conceden las melodías synthpop. Su fórmula poética las convierte en alquimia dorada. ∎

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