“Nostalgia” es el primer álbum en solitario de Adrián Camáñez, uno de los dos multinstrumentistas –guitarras y teclados– del quinteto valenciano Gazella –la otra es Alba Raja–, con quienes ha sacado ya dos álbumes meritorios, “Gazella” (2023) y “Vías” (2025). Adrián también opera como Hiss junto con José de la Fuente. Ambos tienen un álbum titulado “Post” (2024). Puesto que de las tareas vocales en su conocida banda matriz se encarga Raquel Palomino, era previsible que “Nostalgia” fuese un disco básicamente instrumental. Aun así, podemos escuchar a Camáñez cantando ininteligiblemente unas letras de 413x en el primer corte del disco de Revendless, “Amanecer”, cuyo sonido se encontraría entre The Durutti Column, Fennesz y Beach House, por lo que no se puede empezar mejor. Otro tema con voces, las de Palomino, aquí acreditada como Nido, su proyecto paralelo, es “Todos esos días que decides ignorar”, título que remite a la letra de “All I Need”, de Radiohead, una referencia de cabecera para estos jóvenes músicos valentinos.
El álbum podría encuadrarse entre las bandas sonoras imaginarias, que en este caso sería la infancia del músico si atendemos a su portada. Hablamos de recuerdos y por tanto de la más que probable muerte de seres queridos, lo cual excluye “Nostalgia” de cualquier categorización abstracta salvo por la propia naturaleza de la música instrumental. En realidad predominan los desarrollos melódicos, un elemento imprescindible a la hora de transmitir afectos. “Némora”, su corte más largo, con casi seis minutos, a medio camino entre las guitarras tratadas de Manuel Göttsching (Ash Ra Temple), la electrónica carnal del chileno Ricardo Villalobos y, sobre todo, de los septentrionales Kiasmos, representa el pathos de este álbum vehemente más que contemplativo, diseñado como un tobogán de sentimientos que pasan de la destemplanza de “Caronte” –ya saben, el barquero del inframundo griego pero también el satélite más grande de Plutón– al valle de la tranquilidad de “Mis cortas miradas exploran el suelo”. Esta última pieza es verdad que remite musicalmente a las atmósferas de Brian y Roger Eno con Daniel Lanois, incorporando a la vez una huella poética: su título es un verso de la canción “Nocturnos de la ventana” (1923), de Federico García Lorca, que el granadino dedicó a su compañero de la Residencia de Estudiantes José de Ciria y Escalante, muerto de tifus a los 21 años. Sí, la muerte es la sombra de “Nostalgia”.
No es sencillo entregar diez temas de este cariz bajo premisas tan alejadas del pop sin resultar reiterativo, o directamente aburrido, y detenernos en las bondades de una producción brillante, algo que le viene ya casi de serie a Camáñez, parece insuficiente. Así que, para escapar de los peligros mortales de Orfeo, el joven compositor juega con la secuenciación de las piezas, combinando ritmos y cadencias, ambientes y texturas, alternando las aceleradas, como pasa con el drum’n’bass de “Superposición” o el jungle infernal de “Caronte”, con las ambientaciones más humanizadas de temas como “Ya no existe la muerte”, gracias a los lamentos de Camáñez y un piano Wurlitzer. Hacia el final, la voz de –suponemos– alguna persona muy querida, asoma en la ligeramente flamenca “Historia familiar”. A pesar de que reitera el esquema de la inaugural “Amanecer”, acaba por reforzar el sentido narrativo del conjunto, un alfa y un omega, por así decirlo, antes de rematar la jugada con la breve “Requiem”, un adagio downtempo que podría haber escrito Angelo Badalamenti para la cuarta temporada de “Twin Peaks”, que empieza como Wendy Carlos y termina dulcemente, menos mal, a lo Vangelis. ∎