Ponerse el mejor traje, darle cuerda al reloj heredado y sacarle brillo a los zapatos solo para imaginar una audiencia con Leonard Cohen: “If I could speak to Leonard / I’d don my finest suit / Wind my father’s pocket watch / And shine my shoes to boot”. Con esta estampa de reverencia, casi de peregrinación íntima, arranca “If I Could Speak To Leonard”, una de las serenas confesiones que esconde el recién editado “Then Again”, de Rodney Crowell. Las piezas encajan. Hace unos meses, charlando con él antes de su incursión en el Blues & Ritmes de Badalona, el tejano ya nos adelantó que su brújula apuntaba hacia el canadiense: anhelaba dejar “miguitas de pan para que supiéramos cómo morir con gracia y dignidad” y, de paso, demostrar que soltar pistas hacia el más allá “también puede ser divertido”.
Esa misma sensación de sabiduría serena vertebra esta nueva entrega, un disco que, al escucharlo, provoca la extraña y reconfortante certeza de haber estado siempre ahí, aguardando pacientemente en algún rincón de nuestra memoria. Para entender esa familiaridad hay que rebobinar veinte años, justo después de la santísima trinidad que formaron “The Houston Kid” (2001), “Fate’s Right Hand” (2003) y “The Outsider” (2005). Crowell regresó entonces a los Treasure Isle Studios de Nashville junto a Steuart Smith, arropado por las teclas plácidas de Benmont Tench, el bajo del añorado Michael Rhodes y una nómina de baterías en la que figuraba el también fallecido Greg Morrow. Todo estaba en su sitio, pero Crowell sintió que repetía los sonidos y procedimientos de sus trabajos anteriores y condenó el álbum a la oscuridad de un cajón. Han tenido que pasar dos décadas para que la distancia obrara el milagro: al recuperar los másteres, descubrió que, sencillamente, ya no estaba harto de sí mismo.
Y menos mal. Porque este rescate encierra momentos de enorme lucidez. Ahí asoma “Are You One Of Us?”, un blues-rock tenso y cortante que funciona como una dolorosa radiografía de las fracturas sociales y la exclusión comunitaria. Escuchar el áspero gruñido del añorado Guy Clark empujando el tema junto a los punteos de guitarra tiene algo especialmente emocionante. Cuando escupen versos como “They’ll fight ya, blight ya, black and white ya, grip ya, strip ya, ill-equip ya”, la amenaza se vuelve casi palpable. Un diálogo final entre dos gigantes de Texas que hoy suena trágicamente profético. Después de esa tensión eléctrica, el álbum se vuelve más íntimo en la bellísima “Sing Your Heart Out”, un folk de cámara donde las sutiles texturas de violonchelo aligeran su posible solemnidad y dejan espacio para que las dulces voces del dúo irlandés formado por Kieran Goss y Annie Kinsella nos inviten a desprendernos del dolor: “Sing your songs of truth and pain, all the things you can’t explain”. Es justo ahí donde Crowell apaga las luces, baja el pulso y permite que la canción se acerque mucho más.
El repertorio se abre después a otras texturas. Está el irresistible magnetismo pop sesentero de “Bring It On Home To Memphis” y la desarmante fragilidad acústica de “40 Winters”, una canción de amor atravesada por el paso del tiempo, la enfermedad y toda una vida compartida. Tampoco se puede ignorar la audacia de “Whatcha Gonna Do Now #2”, donde el tejano se lía la manta a la cabeza mezclando pedal steel con elementos electrónicos, arropado por las imponentes voces de Lyle Lovett y Chely Wright.
El cierre llega con “Go Light A Candle”, un reposado vals country. Secundado por las soberbias armonías de Lera Lynn y Emmylou Harris, Crowell dispara verdades incómodas sobre la fe humana: “There’s faith that we lean on like crutches / There’s faith without greed in its clutches”. La presencia de Harris junto a Crowell prolonga una complicidad artística de varias décadas y nos devuelve inevitablemente la memoria a aquel inolvidable concierto que ambos ofrecieron en el Huercasa Country Festival de 2015. ¿Cómo es posible que para una inmensa mayoría siga siendo ese gran desconocido? Poco importa ya: las canciones de Rodney Crowell llevan décadas encontrando a quien necesita escucharlas. El maestro continúa esparciendo sus miguitas de pan. “Then Again”, recuperado veinte años después, demuestra que algunas canciones simplemente tienen que esperar hasta que sepamos escucharlas. Keep on rockin’. ∎