Sandré escribe “PACIENCIA INFINITA” con mayúsculas, para que suene alto y claro, en voz alta, vamos, porque sí o solo por ganas de molestar y divertirse. Es un juego tipográfico más descriptivo que metafórico considerando los decibelios que salen del tercer disco de la banda barcelonesa de “punk marciano” y nombre de cenicero –un retozo fonético esta vez– con cierto background ya a sus espaldas. En activo desde el año 2018, la siguen integrando Rosa Pagès (voz y gritos), Carles Pons (guitarra eléctrica, bajo eléctrico, voz y coros), Marc Torrent (batería, teclado, coros) y Dàlia Hamam (bajo eléctrico y coros, que sustituye a Stefania Lusini). Todos los temas pertenecen al grupo y están producidos con Borja Pérez del Pozo.
Sandré pertenece a la última generación del punk nacional en su vertiente catalana y suelen combinar canciones en ambos idiomas, a veces los dos a la vez, costumbre que repiten en su nuevo álbum bajo la convincente voz de Pagès. “PACIENCIA INFINITA” conserva la violencia sonora de la banda, confirmando que se puede ser punk, todavía en el siglo XXI, sin perder la clase ni la esencia en el intento, permitiéndose el lujo de evolucionar con inteligencia. Indicios que hacen pensar tal cosa es la propia duración de los temas. En “Gestiones fáciles” (2022), apenas superaban los dos minutos. La oscura “EL POU” ronda esta vez los cuatro, “PIJAMA DE FUSTA” los supera y “EXCEL DE NORMAS” alcanza la cima de los cinco con la colaboración de Chaqueta de Chándal. Pero que no teman los seguidores del grupo, Sandré no se han convertido todavía en una banda de rock progresivo.
Y mucho menos de pop a pesar de la incorporación en la susodicha “EXCEL DE NORMAS” de teclados con texturas de garage psicodélico, ritmo motorik y un sonido de trompeta en forma de extensión experimental para acabar retomando el pulso melódico con toques nihilistas –“Me quedo sin principios, no valen los finales”, creemos entender–. Es una de las piezas más prometedoras y sorprendentes de “PACIENCIA INFINITA”. Vemos también que no han perdido el sentido del humor, un factor importantísimo para evitar que el rigor de la tensión, las disonancias –muy bien organizadas en Sandré– y los ritmos obsesivos no conviertan el tono de arenga libertaria en monserga insoportable. La gasolina encendida de hiperactividad juvenil –“Es importante descansar, pero me pierdo lo que va a pasar si duermo”– con reivindicación de la amistad de “CABEÇA”, interpretada junto con Miguelito García –el Dandy Piranha de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba y CERVATANA–, tiene mucha gracia: “¡Me tiro de cabeça a lo que venga!”. “EMPATÍA NO” aboga por la paciencia infinita, una idea edificante y muy cristiana a pesar del antagonismo recalcitrante que transmite este tema de guitarras poliédricas y empellón punk. “DISCURSO MOTIVACIONAL” suena a Magazine en la turbomix con letras que destilan la ironía cruda de Devoto en Buzzcocks y se beneficia de los coros de Banani y Jaume Pagès –que también toca un sintetizador–.
“PIJAMA DE FUSTA” es otro ejemplo de la faceta sarcástica de Sandré, esta vez con lo cotidiano en el punto de mira, y de las variaciones musicales implementadas, un proceso en presente continuo para la banda. Esta vez, la guitarra de Pons recuerda en su tramo final los armónicos incendiarios de Bernard Albrecht con efectos industriales entreverados de los primeros Joy Division, mientras que identificamos “GÉMINIS MAL” como un math rock con aristas que solo parecen simplificar la intención musical para reírse de la astrología en un contexto de desamor y relaciones tóxicas –“compatibilidad perfecta, Géminis mal”–, o viceversa. El disco fue grabado en el verano de 2025, así que nos preguntamos qué habrá de nuevo en Sandré después de otro año de vida. Entretanto, se puede disfrutar de este disco desatado, punzante y desatascante de algo que es más, bastante más, que punk. ∎