Álbum

Slayyyter

WOR$T GIRL IN AMERICAColumbia-Sony, 2026
En el actual ecosistema de Estados Unidos, donde la virtud se mide por la adhesión ciega a un puritanismo renovado y performativo, erigirse como la “WOR$T GIRL IN AMERICA” puede llegar a interpretarse como una forma perversa de integridad: el mal es simplemente una etiqueta para lo que no se alinea con la norma. Ser la rara del vecindario o la paria del mainstream no implica una carencia moral, y Slayyyter prefiere habitar la zona gris del exceso antes que la transparencia insípida de la buena chica institucional.

En su tercer álbum, la actitud de la artista se asemeja a esos momentos virales que tanto escandalizaron a la Norteamérica profunda: desde Ariana Grande lamiendo dónuts y despotricando contra su propio país hasta Miley Cyrus en la época de “Bangerz”. Sin embargo, lo que el sector más conservador interpreta como un ataque a los cimientos de la nación en ocasiones no es más que una niñatada de quince años. En este caso, “WOR$T GIRL IN AMERICA” es una niñatada ejecutada por alguien que tiene un doctorado en cultura pop.

La trayectoria de Catherine Garner se define por una transición pendular entre el underground digital y el refinamiento industrial. Tras irrumpir en la escena a finales de la década de 2010 a través de plataformas como SoundCloud y Tumblr, Slayyyter siempre tuvo la voluntad de llevar el indie sleaze y el pop al mal gusto deliberado y la exageración caricaturesca. Tras etapas de un electropop más pulido, “WOR$T GIRL IN AMERICA” reorganiza sus materiales en una forma más agresiva, feísta y sucia.

Así, “DANCE…” abre el disco con percusión seca, graves saturados y un bajo galopante, planteando el club como un entorno hostil. Esto estalla en “BEAT UP CHANEL$”, mucho más metálica y distorsionada, donde la letra enumera una acumulación de símbolos de estatus (“sex, money, drugs, chains on my chest, vintage Celine”) que, lejos de resultar aspiracionales, adquieren un tono áspero y descompuesto. La canción convierte esos elementos de lujo y exceso en algo incómodo, exponiendo al famoseo yanki en su dimensión más vacía y performativa.

Sin embargo, es en “CRANK” donde se entiende la inteligencia formal del álbum. El tema trabaja con una hipertrofia donde las capas se acumulan y las voces (ya desquiciadas sin ningún efecto) se deforman, se solapan y sirven de hi-hat. Hay rastros del trap, del rage, del hyperpop y de esa electrónica casi rockista, mezclada con un hip hop maximalista donde la insolencia verbal y la brutalidad van de la mano: con frases como “He wanna fuck Slayyyter, Richard, we should link later” te das cuenta de que Slayyyter es lo más parecido al rap goofy que tenemos en España ahora mismo, proviniendo de un contexto totalmente diferente y teniendo unas influencias diametralmente opuestas.

También hay vulnerabilidad en “GAS STATION” o “UNKNOWN LOVERZ”. “$T. LOSER” recupera el pulso industrial con una arrogancia agria: “I think I get the low bill, but I’m the fucking main event”, el reverso prepotente necesario en su main character album. En el tramo final del trabajo, Slayyyter abraza la convicción absoluta de que ella es el centro gravitacional de su propia narrativa, apoyada en la idea de que cualquier falta de validación externa es, en realidad, un síntoma de la atrofia estética de la sociedad. Sin embargo, este blindaje de autoconfianza se agrieta en “WHAT IS IT LIKE, TO BE LIKED?”, sobre su ansiedad por la validación externa. El cierre con “BRITTANY MURPHY.” es la síntesis perfecta, donde la referencia a la actriz invoca la fragilidad mediática y la iconografía trágica de ser una superestrella.

Así, lo que comenzó como una aparente rabieta caprichosa termina por desvelarse como un refugio ante el desgaste de la exposición pública y la precariedad en la era en la que todo es espectáculo. “WOR$T GIRL IN AMERICA” evita la trampa de la nostalgia superficial por la estética del cambio de milenio para proponer, en su lugar, una reactivación de sus elementos más abrasivos y tóxicos. Slayyyter utiliza los residuos de la cultura del iPod y el indie sleaze para construir un retrato fidedigno de la psique contemporánea, marcada por la saturación mediática y el deseo desesperado de trascendencia. Ser la peor chica de la nación es un estatus que requiere de unas competencias técnicas extraordinarias. ∎

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