Álbum

SQÜRL

Music For Man RaySacred Bones-Popstock!, 2024

SQÜRL, el dúo formado por Jim Jarmusch (guitarra y sintetizadores) y su socio desde hace tiempo también en tareas de producción cinematográfica, Carter Logan (sintetizadores y percusión), ha desarrollado su obra a partir de tres premisas: discos desligados de los filmes que rueda Jarmusch; bandas sonoras para algunas de estas películas y músicas para cintas ajenas. Este es el territorio menos explorado, pero de los más fértiles. Primero fue el score para “Living The Light: Robby Müller” (M. Claire Pijman, 2018), documental sobre Robby Müller (1940-2018), director de fotografía de Wim Wenders, Barbet Schroeder, William Friedkin, Raúl Ruiz, Lars von Trier y el propio Jarmusch. Ahora es un proyecto en el que SQÜRL pone música a cuatro películas de Man Ray (1890-1976) que definen por sí solas el cine de las vanguardias de los años veinte: la primeriza “Le retour à la raison” (1923), las más conocidas “Emak-bakia” (1926) y “L’étoile de mer” (1928) y la fantasmática y excitante “Les mystères du château du dé” (1929).

Las cuatro películas, agrupadas en una sola sesión con el título de “Return To Reason. Four Films By Man Ray”, y con la banda sonora de SQÜRL incorporada, fueron presentadas en el festival de Cannes de 2023. Tres meses antes, los días 13 y 15 de febrero, Jarmusch y Logan habían improvisado y grabado los cuatro temas en el centro Georges Pompidou, exactamente un siglo después de que Ray improvisara en París las imágenes de su primer trabajo cinematográfico, “Le retour à la raison”, que es el más breve, solo tres minutos, y aparece como un esbozo de “Emak-bakia”, con formas abstracta y experimentos fotográficos directamente sobre el cuerpo desnudo de Alice Prin, alias Kiki de Montparnasse, entonces amante de Ray. El programa está disponible en Filmin con el título de “Man Ray, el regreso a la razón”.

Cuatro texturas distintas a partir de similares principios ambientales y melódicos. Las piezas duran lo mismo que las películas: el sonido las acompaña durante todo su recorrido. Un ligero retoque en el título del disco (en doble vinilo y CD): “Music For Man Ray”. Música para sus filmes, pero también en homenaje al cineasta, pintor y fotógrafo. El álbum respeta el orden en el que han sido montadas las películas, que no es el cronológico de su realización: se impone una cadencia distinta. Abre el corte “Starfish”, correspondiente a las imágenes desenfocadas y crípticas de la historia de la estrella de mar conservada dentro de un frasco de cristal e inspirada en un poema de Robert Desnos. Le sigue “Leave Me Alone”, traducción al inglés del euskera con el que Ray título su “cine-poema”, “Emak-bakia”: déjame en paz. Son los dos temas que más dialogan entre sí, quizá por el hecho de ser las películas más carismáticas y conocidas del autor: guitarras que ondulan y ululan –Jarmusch se gusta con arpegios cadenciosos y expandidos, feedbacks controlados y tiempos muertos– con el añadido de efectos flotantes de sintetizador, fragmentos sonoros de cine fantástico vintage y, en el caso de la segunda, unas percusiones tan básicas como hipnóticas.

La brevedad de “Le retour à la raison” invita en el tema correspondiente, “The Return”, a ir al grano: sintetizadores geométricos sobre ritmos tribales en perfecta consonancia con las figuras sobre el cuerpo de Prim, como si fueran tatuajes hechos con el cinematógrafo. “Castle Of Dice” evoca la peripecia casi aventurera, de serial a lo Louis Feuillade, de la cuarta película, los misterios que acontecen en el Castillo de los Dados al que llegan dos hombres con el rostro enmascarado. Es un collage visual en el que Ray experimentó con la visión subjetiva, los encuadres inclinados, las imágenes en negativo, los espacios –una secuencia en una piscina que el director bautizó como piscinéma–, los planos vertiginosos filmados desde dentro de un automóvil a la carrera –la modernidad de la velocidad– y los juegos de azar: SQÜRL aporta 26 minutos de noise angosto, repetitivo y pesado –el sonido más característico del dúo– alternado con remansos orientalizados o con la guitarra lejana que ilustra la secuencia en la piscina.

El equilibrio resulta perfecto entre los sonidos que proponen el dúo y las imágenes disidentes, estricta y pura vanguardia, que concibió el artista. Jarmusch y Logan enriquecen a Ray –sin imponerse, sin molestar, compensando sus ritmos visuales con la métrica musical– del mismo modo que el cineasta los enriquece a ellos como compositores que improvisan, igual que aquel, libres de toda atadura. ∎

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