La tentación de ganar prestigio grabando temas propios con una orquesta sinfónica es habitual en el ámbito del rock, desde los tiempos en que los Beatles contrataron una orquesta de cuarenta músicos acústicos para grabar “A Day in The Life”, una de las canciones más famosas de su álbum más experimental, “Sgt. Pepper’s Lonely Hearst Club Band”, en 1967. Luego lo han adoptado hasta artistas insospechados como Metallica –“S&M”, con la Sinfónica de San Francisco, en 1999– o Kiss –“Alive IV”, con la Sinfónica de Melbourne, en 2003–, por no hablar de “Sinfónico”, el álbum grabado por Los Secretos en 2012 en el Teatro Real de Madrid con la Joven Orquesta de la Universidad de Valladolid.
Pero si hay una orquesta para la que acompañar a músicos de rock forma parte de su tradición es la Royal Philharmonic Orchestra, considerada la Orquesta Nacional de Gran Bretaña, con la que Deep Purple grabó su “Concerto For Group And Orchestra”, registrado en 1969 en el Royal Albert Hall londinense. Mismo escenario en el que el pasado 3 de septiembre St. Vincent –la compositora estadounidense Annie Clark– reinterpretó temas de (casi) todo su repertorio con el acompañamiento de una orquesta sinfónica dirigida por Jules Buckley, dentro de la programación de los prestigiosos Proms de la BBC. Y son precisamente acontecimientos como este los que hacen que los Proms sean tan especiales: llevar a un artista contemporáneo y situarlo en un entorno en el que no suele encontrarse, con toda la emoción de lo desconocido que ello conlleva.
Buckley es uno de los grandes jóvenes directores británicos de orquesta: ha dirigido grandes formaciones internacionales, pero también ha colaborado con artistas de rock o jazz tan variados como Florence Welch –Florence + The Machine–, Jamie Cullum, Massive Attack, Arctic Monkeys, John Cale o Paul Weller, por citar solo unos pocos.
A lo largo de los años, comisariando o produciendo conceptos orquestalmente modernos, Buckley ha ido desarrollando una especie de nicho, y St. Vincent era una artista con la que llevaba tiempo queriendo hacer algo. Hace unos cuatro años contactó con ella y su equipo para plantear si, llegado el momento adecuado, podría interesarles la propuesta que tuviera que hacerle. El año pasado, para darle un carácter especial a su vigésimo quinto concierto dirigido en los Proms, llegó el momento de darle un giro de tuerca especial al repertorio de la estadounidense. Aunque en muchas ocasiones St. Vincent actúa con el único acompañamiento de la teclista Rachel Eckroth, su banda incluye normalmente bajo, teclados, guitarra rítmica, su voz y su guitarra solista, además de sintetizadores y algunos extras. En el Royal Albert Hall, en cambio, había casi 90 personas en el escenario. La idea de Buckley y su equipo de colaboradores –en el que intervino la propia Rachel Eckroth, aportando arreglos en varias de las piezas– fue trabajar en todo el repertorio de la compositora, desde su álbum de debut, “Marry Me” (2007), que aquí está representado por tres piezas, hasta su último álbum, “All Born Screaming” (2024), con otras tres, pasando por “Actor” (2009) y “Masseduction” (2017) –de los que más composiciones se incluyen: nada menos que cinco y cuatro, respectivamente–. Hay hasta una canción, “The Nowhere Inn”, perteneciente al falso documental homónimo –estrenado en Prime Video con el título en castellano de “La identidad es una obra de arte”–, en el que se documenta, supuestamente, su vida sobre y fuera del escenario, pero ninguna de “Strange Mercy” (2011), que suele ser considerado uno de sus tres mejores discos.
El disco/concierto se abre con “We Put A Pearl In The Ground”, la breve y melancólica pieza instrumental de piano que aparecía en “Marry Me”, y que aquí refulge con unos impresionantes arreglos orquestales para dar paso a la voz de St. Vincent con “Hell Is Near”, la enigmática marcha incluida en “All Born Screaming”, en la que se sustituyen las guitarras y la electrónica por oleadas de densidad eléctrica en la orquestación, deleitándose en la fisicidad y la riqueza del conjunto.
Los arreglos de “Violent Times” –también de “All Born Screaming”– no hacen sino acentuar el aire a tema-principal-de-película-de-James-Bond del original, mientras que “The Strangers” (de “Actor”) se convierte casi en una pieza de musical de Kurt Weill. En “Marrow” (también de “Actor”) los arreglos orquestales casi celestiales dan paso a uno de los momentos más vigorosos y eléctricos del disco, con la batería y la guitarra eléctrica apoderándose del protagonismo. Otra canción de “Actor”, “The Bed”, cuenta con unos insospechados arreglos de marimba que le dan un aire exótico y sobrenatural, como de gamelán balinés.
Lo más sorprendente para el seguidor de la obra de St. Vincent puede ser la versión sobria y minimalista de “Los Ageless” (de “Masseduction”), en contraposición a su original, concebida como una pieza de electropop y rock bailable. Aquí se transforma en una composición oscura y sombría verdaderamente inquietante.
Al finalizar la escucha –que culmina con “Slow Disco” (de “Masseduction”), una de las más hermosas composiciones de la norteamericana, y que es la pieza menos modificada de las que aquí figuran, puesto que ya tenía unos impresionantes arreglos orquestales en su versión original– hemos comprobado que la orquesta no ha sido simplemente un telón de fondo instrumental para sus composiciones, sino que ha ofrecido una reinterpretación muy diferente a esas canciones, a las que dota de una personalidad insospechada y abrumadora. Sería insensato decir que el resultado es como si se descubriera la estatua que esconde el bloque de mármol –eso se podría considerar de “MassEducation” (2018), su reinterpretación minimalista, para piano y voz, de “Masseduction”–, porque aquí es todo lo contrario: en “Live In London! BBC Proms At The Royal Albert Hall” –disponible solo en digital– se ha vestido la estatua de alta costura. Habrá quien prefiera las versiones “desnudas” y quien podrá paladear la enorme riqueza de matices nuevos con que se han adornado las nada menos que 19 canciones de que consta el disco. Pero es preferible disfrutarlo como si se tratase de algo completamente nuevo, obviando todas las referencias anteriores. Y hay que agradecer, sobre todo, que Annie Clark sea tan culo inquieto. Por si le arreglo las vacaciones de verano a alguien: St. Vincent y Buckley repetirán el concierto con la Filarmónica de Nueva York el próximo 2 de julio… ∎